Hernán Cortés, el conquistador del Imperio mexica

Era Cortés de «buena estatura y cuerpo bien proporcionado… y la color de la cara tiraba algo a cenienta, y no muy alegre…, los ojos algo amorosos y suaves… diestro de todas lar armas… en todo daba señales de gran señor… de afable condición con todos…platicaba con muy retórica… limonesnero… en las batallas entraba juntamente con nosotros… con demasía dado a las mujeres»[1].

La expedición de Hernán Cortés partió el 18 de febrero de 1519 de Cuba con destino a las costas mexicanas, anticipando la salida por temor a que el gobernador Velázquez lo relevara por querer actuar en beneficio propio. A pesar de no tener experiencia en incursiones al continente, Cortés se impuso como verdadero jefe. La expedición consistía en arribar en la isla de Cozumel, donde se incorporó Jerónimo de Aguilar, uno de los supervivientes de la expedición de Grijalva que había aprendido la lengua maya. En San Juan de Ulúa empezaron a escasear los víveres, y la expedición ya había perdido 35 hombres en diferentes enfrentamientos con los indios; y el 19 de julio funda la ciudad de Veracruz acogiéndose al Código de las Siete Partidas, aunque no tenía poder legal para establecerse. No obstante, Cortés siempre demostró una gran habilidad “para justificar y legitimar su muy difícil posición tras la ruptura con el gobierno de Cuba” y tras nombrar cargos en el gobierno de la ciudad es elegido “capitán y justicia mayor[2].

Con 508 soldados de a pie (más un centenar de marineros), 16 jinetes, 32 ballesteros, 13 escopeteros/arcabuceros; algunas piezas de artillería, 4 falconetes de hierro y 12 pequeños cañones de bronca, Hernán Cortés inició la penetración del continente, de donde tenía noticias de un gran imperio gobernado por Moctezuma, y fue la inteligencia de los conquistadores y el sentido político de su jefe las claves de su éxito, pero no adelantaremos acontecimientos.

Hernan Cortes burning the ships

Después de establecerse en Veracruz, liberaron a las poblaciones indígenas de la costa (totonacas) que estaban bajo dominación mexica consiguiendo que el cacique de Cempoala le diera 200 porteadores y 50 indios de guerra El 8 de agosto 60 hombres (más los marineros) se quedan en Veracruz y Cortés y su hueste penetran hacia el interior con intención de dirigirse hacia el territorio de los tlaxcaltecas, que según le habían informado los cempoaltecas éstos eran enemigos mortales de los mexicas, y cierto era esto aunque eran de la misma raza y lengua náhuatl, pero los habían ido cercando territorialmente. Los tlaxcaltecas estaban constituidos por 4 parcialidades, y rechazaron la oferta de paz. Del 2 al 5 de septiembre se sucederían terribles batallas contra la hueste de Cortés en proporción de 1 contra 20 ó 30, pero los españoles resultan victoriosos por su buena organización táctica, a la artillería y a la caballería. Tuvieron muchos heridos y pocos muertos, pero aún así habían perdido 155 hombres. Tlaxcala firma la paz y Cortés entra en la ciudad el 23 de septiembre de 1519.

En Tlaxcala los españoles curaron sus heridas, los caciques entregaron en matrimonio a varias de sus hijas que Cortés repartió entre sus capitanes; y además ofrecieron millares de indios de guerra para la conquista de México. El 12 de octubre los españoles continuarían su avance hacia México-Tenochtitlán, la capital del imperio mexica, y debido a los consejos de Moctezuma (a través de sus emisarios) pasan por Cholula, centro religioso muy importante donde los indígenas preveían una emboscada para exterminar a los españoles; pero éstos se adelantaron y cometieron una auténtica matanza, masacrando a unos 3000 indígenas en dos horas, según Cortés en defensa propia. Después de esto Moctezuma aceptó recibir a los españoles en la capital, donde entraron el 8 de noviembre de 1519. No se trató de una conquista, sino que fueron recibidos por una fastuosa recepción, instalándose en la capital mexica.

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Representación idealizada del encuentro de Cortés con Moctezuma

Los españoles pasan un tiempo en Tenochtitlán y parece ser que Moctezuma vio en los españoles a dioses, y en Cortés una reencarnación del dios Quetzalcóatl. Los hispanos quedaron asombrados por la ciudad-isla. A los 6 días de su llegada hicieron prisionero a Moctezuma, así garantizarían su seguridad, dando la excusa de que un ataque indígena en Veracruz habían asesinado al lugarteniente Juan de Escalante y 6 soldados. No obstante, la situación se hacía cada vez más tensa y se rumoreaba que Cacamatzin,  señor de Tezcoco y sobrino de Moctezuma preparaba una rebelión.

A comienzos del mes de mayo Cortés se entera de un importante ejército al mando de Pánfilo de Narváez ha desembarcado en San Juan de Ulúa (de 800 a 1400 hombres, 80-90 caballos, de 100 a 150 ballesteros y escopeteros, 12 artilleros), y el 10 de ese mes Cortés deja una importante guarnición al mando de Pedro de Alvarado y parte con 70 hombres al encuentro del ejército de Narváez (uniéndosele en el camino otros destacamentos, en total unos 300 hombres). El 27 de mayo, bajo la lluvia, la hueste de Cortés logra apoderarse de Narváez y consigue incorporar su ejército, y hace desarmar los barcos. Pero unos mensajeros le llevan a Cortés una noticia fatal: Alvarado y sus hombres están sitiados en el Templo Mayor porque ha estallado una gran rebelión, pues estando los indígenas en la celebración de Toxcatl, apareció Alvarado con sus soldados procediendo a una matanza horrible en la que perecieron gran parte de la nobleza y caciques mexicas que se encontraban desarmados.

De la Noche Triste a la Conquista de México

Hernán Cortés y su ejército vuelve a Tlaxcala rápidamente el 20 de junio, donde pasa revista a sus tropas: 1300 soldados, 96 caballeros, 80 escopeteros y ballesteros, 2000 indios de guerra tlaxcaltecas. El 24 de junio está de nuevo en Tenochtitlán. La situación en la capital mexica era desastrosa, agravada por la muerte de Moctezuma que murió víctima de una piedra lanzada por los indios cuando se asomó al balcón a pedir paz al pueblo. Los mexicas están dirigidos por Cuitláhuac, el nuevo tlatoani, y muchos españoles mueren o son heridos. Cortés comprende que la única solución es retirarse.

El 30 de junio es la llamada Noche Triste, cuando los españoles deciden abandonar la capital en secreto. Pero un gran destacamento como el español no podía pasar desapercibido, y dada la alerta son atacados por los mexicas en la calzada de Tlacopan, rompiéndose la retaguardia con Pedro de Alvarado y Velázquez de León (salvándose el primero gracias a un legendario salto). Las pérdidas fueron minimizadas por Cortés en sus Cartas de Relación, y exageradas por Bernal Díaz del Castillo, quizá fueran de 400 a 600 españoles y unos 4000 indios (la mayoría tlaxcaltecas). Durante la batalla y la huída se perdió gran parte del tesoro que llevaban, tragado hacia las profundidades de la laguna, acompañado de cientos de restos humanos que tiñeron durante meses de rojo sus aguas, y según dicen jamás volvieron a verse peces en la laguna. Cortés y sus tropas fueron hostigados durante la persecución, pero se replegaron, y con gran fuerza e inteligencia táctica consiguieron infligir una dura derrota a los indios en Otumba el 1 de julio de 1520.

Desde julio de 1520 al 28 de abril de 1521 los españoles permanecieron en Tlaxcala, que permaneció fiel a su alianza, y fue esta la que salvó a los españoles. Allí Cortés planeó la reconquista de la capital mexica en dos direcciones: diplomáticamente negociando con pueblos colindantes para privar a los mexicas de aliados; y militarmente, pues dobló el número de tropas por refuerzos llegados de las islas y entrenando a indios tlaxcaltecas aprendiendo principios tácticos. Según algunos autores parece que Cortés intentó entrevistarse con Cuauhtémoc, el sucesor de Cuitláhuac, para negociar la paz, pero no hay evidencias.

Durante el Pentecostés de 1521 Cortés pasó revista a sus tropas, destacando unos 25.000 indios, de los cuales al menos 16.000 eran tlaxcaltecas, 16 bergantines que mandó construir para el asalto a la ciudad. Parece que la suerte estuvo del lado de los españoles, pues un brote de viruela, posiblemente introducido por uno de los hombres de Narváez, hizo estragos en la población de Tenochtitlán. El 30 de mayo comenzó la batalla por México-Tenochtitlán, dividiendo el ejército en varias patrullas: Cortés al mando de la fuerza naval, con 300 soldados y artilleros; y 3 destacamentos de número  de soldados similar confiados a Pedro de Alvarado, Cristóbal de Olid y Gonzalo de Saldoval, cada uno apoyado por unos 8000 indios de guerra. Toda la disposición les permite tener una inmediata ventaja, pero los indios se defienden, casa por casa y enfrentándose cuerpo a cuerpo, viéndose obligados los españoles a quemar las casas ocupadas para evitar ser sitiados. No obstante, sufren un fracaso humillante en el primer ataque a la plaza del mercado y pierden terreno.

Los asediados carecen de todo, incluso de agua potable, pero rechazan en repetidas ocasiones las ofertas de paz. El 13 de agosto Cuauhtémoc se rinde y la guerra termina. Cortés enviará pequeños destacamentos a las regiones vecinas que no estaban sometidas a los mexicas, y tuvieron éxito.

Hernán Cortes entrando en Tenochtitlán

Parece imposible calcular el número de bajas que se dieron durante el sitio de Tenochtitlán, y quizá se podría decir acertadamente que al día siguiente los vencedores no son sino “supervivientes”. Cortés hizo una llamada a los españoles de las islas para poblar lo que el denominó Nueva España, y casi las despuebla. Se iba configurando un México mestizo, y no solo producto de violaciones como se ha querido demostrar, sino por consentimiento, destinado a hacer una generación de hijos de los conquistadores; y con las uniones de Tlaxcala nos encontramos con los orígenes de una nobleza-mexicana y los matrimonios auténticos, contraídos por los conquistadores con indias, no fueron excepcionales, extendiendo el mestizaje. Puede afirmarse que fueron los indios los que hicieron la conquista de México bajo la dirección de Cortés, es  por lo que pudo en los siguientes años consolidar su victoria y poner, en medio del dolor, los cimientos de una nueva nación.

Por otra parte, refiriéndome al gobierno de la recién adquirida Nueva España, Carlos V no tenía intención de dar a Cortés el gobierno, pero mediante la Real Cédula Imperial expedida en Valladolid el 15 de octubre de 1522 se le otorgó el título de gobernador y capitán general de la Nueva España, título y poder absoluto que ostentó hasta su partida a Honduras el 10 de octubre de 1524, a lo que más tarde me referiré.

Hernán Cortés hizo una distribución de encomiendas como venía siendo habitual, y durante este tiempo extendió una actividad incansable desplegando su talento político, sus dotes de organizador y dinamismo creativo. Estableció cabildos en las nuevas ciudades; además, relanzó la exploración de minas de oro, pues era una necesidad política, y también se ocupó del desarrollo económico de México.

Cortés no quiso destruir México-Tenochtitlán, y se propuso reconstruirla ante la negativa de sus compañeros. El trazado de la nueva ciudad fue en damero, clásico del urbanismo español en América, abriendo una gran plaza central. Los españoles se reservaron el centro de la ciudad y a los indios la periferia distribuida en cuatro barrios. Se utilizó gran mano de obra indígena con gran coste humano. El resultado fue una ciudad híbrida donde convivieron los supervivientes de una sociedad rota y unos extranjeros con ansias de enriquecerse.

De la expedición a las Hibuelas y su regreso a México

Cortés en sus cartas al emperador convertía las adhesiones a su persona en declaraciones de su misión a un rey lejano del que los indios ignoraban todo. La conquista hacia el Sur del territorio comprendido entre Oaxaca y el istmo de Tehuantepec fue rápida y fácil. Quisieron continuar hacia el sur para encontrar un estrecho que permitiera pasar del Atlántico a la Mar del Sur, y el 13 de noviembre de 1523 envió a Pedro de Alvarado con un destacamento a conquistar la región de Guatemala; también confió el mando de un ejército a Cristóbal de Olid, que había jugado un papel importante en México para conquistar las Hibuelas (Honduras) y partió con 5 navíos y 400 españoles pasando primero por la Habana, donde el gobernador Diego de Velázquez lo tentó y convenció para que tomara posesión de Honduras en nombre del rey, pues no era Nueva España (actuando de la misma manera que había actuado Cortés con Velázquez en Veracruz).

Cuando Cortés fue informado montó en cólera, escribió al emperador y mandó una expedición al mando de Francisco las Casas, pero las naves cayeron en manos de Olid; y decidió ponerse al frente de un ejército para castigar al rebelde. Fue precipitado y se enfrentó a lo desconocido, fue una epopeya triste donde solo se demostró la aptitud para el sufrimiento de los conquistadores sin justificación alguna. Además, dos caciques alertaron a Cortés de una conspiración de Cuauhtémoc que pretendía rebelarse y eliminar a los españoles de la expedición, y fue juzgado, condenado y ahorcado, pero no hubo una revuelta de los indios de guerra, demasiado preocupados en sobrevivir.

Tras vagabundear por la selva encontraron a cuatro españoles que les relataron los acontecimientos que allí se habían vivido, pues al final Francisco las Casas había conseguido imponerse y Cristóbal de Olid resultó procesado y ejecutado. Llegaron hasta el puerto de Trujillo donde Cortés tuvo violentos ataques de fiebre y parecía que iba a morir. Así acababa un viaje insensato que solo valió para conocer mejor la geografía.

La expedición volvió a México el 19 de junio de 1526, siendo recibido con entusiasmo, pero en su ausencia había habido torturas, persecuciones y asesinatos, estallando una sublevación indígena, pues los indios solo respetaban a Cortés, a sus más fieles amigos y a los religiosos franciscanos. Nueva España era un barco sin rumbo que parecía estar en manos de un borracho. Llegó también Luis Ponce de León, que moriría al poco tiempo, encargado de someter a Cortés a un juicio de residencia dadas las acusaciones sobre Cortés que llegaban a la Corte, y la gobernación estaba al mando de Alonso de Estrada que lo hizo salir de México desterrándole a Coyoacán.

Últimos días del conquistador

En 1527 se decidió establecer en Nueva España el gobierno de una Real Audiencia presidida por Nuño de Guzmán (con la intención de neutralizar y superar a Cortés), y el capitán general se trasladó a España para defenderse de las acusaciones y fue recibido por el emperador el 6 de julio de 1529, y lo nombró “marqués del valle de Oaxaca” y nombramiento como capitán general, pero sin darle la gobernación.  Posteriormente, Cortés realizaría otras expediciones hacia el norte, descubriendo California (que él creyó una isla) y tuvo una nueva estancia en España, llegando a participar en la batalla de Argel (1541). Se ocupó de la gestión de sus intereses comerciales y de sus posesiones, pues resultó endeudado.

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Hernán Cortés moría viernes 2 de diciembre del año 1547 en Castilleja de la Cuesta, tras haber ganado con su espada otro mundo, tras haber dado a España triunfos y laureles, al Rey tierras infinitas y a Dios, una infinidad de guerras.

Bibliografía

[1] DIAZ DEL CASTILLO, Bernal. Historia verdadera de la conquista de Nueva España. Madrid, Alianza Editorial, 1989.

[2] ELLIOTT, John H. “The Mental World of Hernán Cortés”, en Spain and its World, 1500-1700, New Haven y Londres, Yale University Press, New Haven y Londres, 1989, pp 27-41.

BENNASSAR, Bartolomé. Hernán Cortés. El conquistador de lo imposible. Madrid, Temas de Hoy, 2002

DIAZ DEL CASTILLO, Bernal. Historia verdadera de la conquista de la Nueva  España. Madrid, Alianza Editorial, 1989

CORTÉS, Hernán. Cartas de relación. Edición de Ángel Delgado Gómez. Madrid, Edit. Castalia, 1993

GUTIÉRREZ ESCUDERO, Antonio.  Pedro de Alvarado, el conquistador del país de los quetzales. Madrid, Anaya, 1989.

LOPEZ DE GOMARA, Francisco. La conquista de México, Madrid, Dastin, 2000

LUCENA SALMORAL, Manuel (Coor). Historia de Iberoamérica. T. II. Madrid, Sociedad Quinto Centenario [etc.], D.L., 1992.

MIRALLES, Juan. Hernán Cortés. Inventor de México. Barcelona, Tusquets Editores, 2002.

MENA GARCÍA, Mª. Carmen. Pedrarias Dávila o la Ira de Dios, una historia olvidada. Universidad de Sevilla, 1992.

THOMAS, Hugh. La conquista de México, Barcelona, Planeta, 1995.

 

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