Los salvajes Gog y Magog

«Cuando se cumplan los mil años, Satanás será soltado de su prisión y saldrá para engañar a las naciones que están sobre los cuatro puntos cardinales de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de congregarlos para la batalla. El número de ellos es como la arena del mar»

Apocalipsis 20: 7-8.

En el libro de Ezequiel, en la Biblia, aparece la referencia a Gog y Magog. El segundo como un país y el primero como su gobernante, posiblemente como un conjunto de naciones al norte de Israel y que son el preludio de una invasión catastrófica. Por el contrario, en el Apocalipsis del Nuevo Testamento se alude a Gog y Magog como naciones “sobre los cuatro puntos cardinales de la tierra”, engañadas por Satanás y que participarán en la batalla final.

Gog y Magog, además de aparecer tanto en textos bíblicos y en el Corán, han pervivido en el imaginario cristiano medieval con un papel predominante en el Apocalipsis. Cuando el cristianismo se consolidó como religión oficial del imperio romano, llevó a su identificación con el enemigo invasor: los bárbaros fuera de las fronteras del imperio.

En la portada occidental de la catedral de Ávila aparecen representados, sobre las jambas, dos salvajes realizados en granito, de gran tosquedad pero con vigor muscular, rasgos fieros y deformes, y una vestimenta de hojas de árboles, con escudos en la mano izquierda (uno circular, otro ovalado) y una maza en la mano derecha, dándoles un aire perverso, incluso maligno. La representación de éstos salvajes supone «un hecho único, insólito y extraño», según Vicente Aparicio. En cuanto a la autoría de sendos bárbaros, hay todavía quien se le atribuye a Juan Guas, el encargado de trasladar la portada de los Apóstoles a la puerta norte, pero su tosquedad hace difícil hacerlos corresponder con la obra cuidada y detallista del maestro y escultor francés. Por tanto, su autoría resulta, a día de hoy, desconocida, aunque su colocación si sabemos que sucedió a finales del siglo XV o a comienzos del XVI.

Los dos “bárbaros” recibieron el nombre de Gog y Magog por Juan Grande Martín, director del Diario de Ávila y académico de la Real Academia de la Historia en su libro “Ávila, emoción de la ciudad” (1972). Los salvajes, de aspecto fiero, según Aparicio «realizan la función de guardar, proteger y custodiar el templo, lugar sagrado», aunque si bien considera que representan, simbólicamente, «una invitación a todos sus visitantes a desprenderse de la “corteza natural”, de la bestialidad, del instinto de destrucción; a dejar las actitudes de engaño, de brusquedad, de peleas y rapiña, cambiándolas por actitudes de respeto, tolerancia y cuidado antes de traspasar el umbral del templo», consideramos que la representación tan inusual de dos salvajes en la puerta occidental vendría a relacionarse con la corriente cristiana de identificación con el enemigo (bárbaros), y con la representación del tema del Apocalipsis en dicha portada, pues si originalmente la portada de Los Apóstoles —trasladada por Juan Guas en 1475 a la portada norte— trataba el tema del Juicio Final, se mantendría, de manera simbólica y original, el tema del Apocalipsis con dos salvajes quien podían ser, efectivamente, una representación de Gog y Magog.

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FUENTES

DE LA HERAS HERNÁNDEZ, Félix. La catedral de Ávila. Ávila, Gráficas Martín, 1981. 2ª ed.

GONZÁLEZ, Nicolás; SOBRINO, Tomás. La catedral de Ávila. León, Everest S.A., 1981.

VV.AA. Catedrales de Castilla y León. Madrid, El Mundo, 2005.

http://catedralavila.es/la-catedral/puerta-occidental/

https://viajarconelarte.blogspot.com.es/2014/03/la-catedral-de-avila.html

http://www.diariodeavila.es/noticia.cfm/Local/20100425/gog/magog/custodios/templo/30C87074-CFB1-9B39-174073822C36AE3F

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El primer avistamiento

Si por algo nos caracterizamos los abulenses, entre muchas cosas, es de pioneros. En muchas facetas siempre somos los primeros o, al menos, y modestamente, colaboramos discretamente a ello. Buscando en la hemeroteca, me ha llamado poderosamente la atención que uno de los primeros avistamientos ovnis de nuestro país se dio en nuestra provincia, concretamente en el lugar de Muñico, en el verano de 1938. La historia fue recogida por J.J. Benítez en su libro «La punta del iceberg», y la historia del “avistamiento” es la siguiente:

Una mañana del verano de 1938, mientras en España se desarrollaba la guerra civil, un niño de siete años, Mariano Melgar, se encontraba en el monte pastando con las vacas de unos parientes, a pocos kilómetros de Muñico, al lado de un manantial. Mientras descansaba en una sombra y controlaba desde allí a las vacas, comenzó a escuchar un zumbido ensordecedor que provenía de un aparato redondo que lanzaba destellos de color plata y que venía del cielo, destacando en el soleado día despejado.

El objeto bajó cerca de los árboles donde estaba Mariano y aterrizó en la tierra, a unos 30 metros de donde ese encontraba. El niño, asustado, se escondió tras el tronco de un árbol espiando, movido por la curiosidad, al extraño aparato que enmudeció en cuanto tocó tierra, haciéndose un silencio total.

El aparato era redondo, de color del aluminio, de unos 15 ó 20 metros de diámetro, con una pequeña cúpula en la parte superior y sostenido por 3 ó 4 patas, con luces de colores a su alrededor que se encendían y se apagaban continuamente. Una puerta de unos 2×2 metros se abrió, similar a la de un ascensor, y se extendió una rampa, que quedó a un palmo del suelo.

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De la puerta aparecieron tres “hombres”. Todos vestían igual, con una especie de escafandra o máscara, casi cuadrada, con una pequeña antena en lo alto de la cabeza. Sus trajes eran de una pieza y de color plateado, los pantalones quedaban recogidos dentro de unas botas que les llegaban a las espinillas, y unos guantes les cubrían las manos. En la cintura llevaban una especie de cinto más ancho de lo normal con una “hebilla” un tanto extraña. Mientras dos de ellos recogían algo sobre el terreno, arrodillándose incluso, otro, el de menor altura, se quedó en la puerta. Como la curiosidad mató al gato, el niño, movido por la curiosidad, salió de su escondite para acercarse al extraño aparato y a sus pasajeros. No recorrió cinco metros cuando el humanoide de la puerta lo vio y le lanzó un “destello” con algún tipo de aparato que llevaba en la mano o la muñeca derecha, impactando en él y casi lo tira de espaldas. Asustado, retrocedió de nuevo hasta su escondite, mientras los otros dos seguían a su faena, “recolectando”, hablando entre sí en un idioma que no comprendía. El destello volvió a repetirse, impactando en el niño, pero esta vez sí le hizo daño, en los ojos.

Después de 15 ó 20 minutos, los “humanoides” terminaron su tarea y despacio, caminando con dificultades, volvieron a su “nave”, no sin antes ¿despedirse? del niño haciendo una especie de saludo. Mariano, aterrorizado, pensó que querían matarlo. Pero una vez subidos al aparato, la rampa se recogió, se cerró la puerta, y ascendió 50-100 metros mientras giraba sobre sí misma junto a las muchas luces de colores, y se alejó en dirección a Barco de Ávila.

El niño, en tratar de dar una explicación “racional” a lo sucedido, lo asoció a algún aparato de la guerra civil, y cuando alcanzó la madurez reconoció que «hoy sé que aquello no tenía ninguna relación con nuestra guerra». Al volver días después al lugar donde sucedieron los hechos, observó como un círculo de hierba parecida como quemado, en el mismo sitio donde se había posado la extraña nave.

FUENTES

BENÍTEZ, J.J. La punta del iceberg. Barcelona, Planeta, 1989.

http://www.ovnispain.com/encuentro-con-humanoides-en-munico-avila-1938/

Juan Díaz Rengifo

El nombre de Juan Díaz Rengifo es un seudónimo utilizado por el jesuita Diego García Rengifo en su gran obra «Arte poética española con una fertilísima silva de consonantes comunes, propios, esdrújulos y reflejos». Diego García Rengifo fue natural de Ávila, por sus referencias en su Arte poética, cercano a los Condes de Monterrey, y perfecto conocedor de su colegio, al haber estudiado en él. Residió en Salamanca —al menos en 1592—, y conocemos que fue él el autor al conservarse el concierto de impresión de su Arte Poética, firmado por P. Diego García y el impresor Miguel Serrano de Vargas, hallado en el Archivo de Salamanca, y que confirma su autoría.

En 28 de febrero de 1592 años. Escritura de Obligación entre el padre Difego] G[arcía] y Miguel Serrano de Vargas. Sepan quantos esta pública escritura de obligación hieren como yo Miguel Serrano de Bargas, mercader de libros, vecino de esta ciudad de Salamanca, otorgo y conozco por esta presente carta que me obligo por mi persona y bienes de ymprimir e que ymprimire al padre Diego García de la Compañía de Xesús desta ciudad de Sal[aman]ca myll y seiscientos cuerpos del arte poético, el qual tengo de ymprimir en letra de letura y en su cursiba…K

Las razonas que le llevaron a utilizar seudónimo son variadas: quizá porque la iniciativa de publicar la obra vino por par de los propios miembros de la Compañía de Jesús, incluso de sus superiores, a modo de servir de libro de texto en sus colegios. O también porque para su publicación debía pasar una censura de tres especialistas, y podía verse perjudicado por acusaciones de heterodoxia ante el Santo Oficio. O por el contrario, porque su financiación no vino por parte de la Compañía de Jesús, si no de terceros, posiblemente Gaspar de Zúñiga y Acevedo, Conde de Monterrey, al que está dedicada la obra.

Su magna obra Arte poética incluye poesía, donde concede más importancia a la doctrina que al deleite, métrica y un pequeño diccionario de rimas, adelantando un tipo de poesía manierista ingeniosa y artificial, en el que se valoraba la dificultad, lo que llevó a tener cierta importancia en el Barroco. Fue un libro muy popular, con varias reimpresiones hasta mediados del siglo XVIII.

La obra de Rengifo fue tan popular por la incorporación de las silvas que permitían de manera fácil y habilidosa la construcción de rimas: algo tan sencillo como un tipo de diccionario inverso en el que importan, no la primera letra o la palabra o el significado, sino las silabas finales para localizar una rima que se acomode al ripio.

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Por su importancia y relevancia en el mundo de las letras fue considerado para incluirle en el Monumento a las Grandezas de Ávila, en el apartado de Escritores.

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Fuentes

DÍAZ RENGIFO, Juan. Arte poetica española con una fertilissima sylva de consonantes comunes, propios, esdruxulos, y reflexos, y un… (1759) 

FERRER, David. Ávila y la literatura del Barroco. Ávila, Monografías literarias, Institución Gran Duque de Alba, 2004.

PÉREZ PASCUAL, Ángel. Juan Díaz Rengifo y su Arte Poética Española.
Ávila: Institución Gran Duque de Alba, 2011

PÉREZ PASCUAL, Ángel.  El verdadero autor del arte poética española (Salamanca, 1592) de Juan Díaz Rengifo y el uso de seudónimos en los escritores jesuítas del Siglo de Oro.

https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_D%C3%ADaz_Rengifo

 

El Palacio de los Velada

Este palacio, situado junto y frente al de Valderrábanos, constituye un auténtico conjunto monumental convertido en la actualidad en el Hotel Palacio de los Velada. Su fábrica, de mampostería de granito, es muy heterogénea pudiendo datarse hacia finales del siglo XV o principios del XVI.

En el ángulo sureste del conjunto destaca notablemente sobre el resto su esbelto torreón, antaño almenado, decorado con bellos escudos esquinados sostenidos por cabezas de leones cuyos símbolos heráldicos corresponden a los Dávila, Toledo, Guzmán, infante don Manuel, Sánchez, Saavedra, Mendoza, Luna y Castilla y León. De cierto valor artístico son las rejas de forja que protegen las ventanas.

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En el seiscientos el acceso a este palacio se hacía por la calle del Tostado, cuya portada de estilo renancentista —siglo XVI—, consta de una puerta de arco de medio punto construida, al estilo de otras de su época de la ciudad, con grandes dovelas de granito, y sobre ésta una ventana de arco conopial. Todo el conjunto está enmarcado por un alfiz o arrabá con dos escudos en sus ángulos pertenecientes: El del lado izquierdo, con las armas de Blasco Jimeno en el primer y cuarto cuartel y las de los Toledo, en el segundo y cuarto, a don Gómez Dávila, primer Marqués de Velada; y el del lado derecho, con las armas de Castilla en el primer y cuarto cuartel, las del infante don Manuel, en el segundo y las de León en el tercero, a doña Teresa Carrillo, descendiente de los Reyes de Castilla y León, don Fernando I y doña Sancha.

En el interior, convertido en hotel, destaca su hermoso patio de tres galerías del que solo se conserva original la parte norte y multitud de blasones de las familias Dávila, Águila, Guzmán, Castilla y León, Saavedra, Luna, Mendoza, de la Vega, etc.

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Historia

Parte de las casa que hoy integran este palacio fueron vendidas por Loarte – su propietario en el año 1475— a Fernán Núñez Arnalte, tesorero de los Reyes Católicos y primer mecenas del Real Monasterio de Santo Tomás. Arnalte, casado con doña María Dávila, falleció sin descedencia en 1479, y la propiedad pasó a su mujer.

Doña María Dávila se casó, en segundas nupcias, con don Fernando de Acuña, Virrey de Sicilia, de quien tampoco tuvo sucesión. Al morir sin hijos, legó todos sus bienes, incluido este palacio, a la comunidad de franciscanas clarisas que ella fundó en Ávila, conocidas como “las Gordillas” estableciendo, en esta casa, una obra pía que dirigió personalmente hasta su muerte acaecida en el año 1515, entre cuyos fines se encontraba el de repartir 200 fanegas de trigo entre los pobres vergonzantes de Ávila.

Unos años después, las clarisas vendieron la casa, en estado ruinoso, a doña Teresa Carrillo, sobrina del Obispo de Ávila, comprando ésta al Cabildo más otra más, a cambio de una heredad que poseía en Hernán Sancho. Teresa Carrillo se casó don Gómez Dávila, señor de Velada y la Colilla, siendo nombrado en el año 1557, por Felipe II, Marqués de Velada, y su familia nombrada, desde antiguo, Mayordomos del Rey.

Desde entonces este palacio se le conoce como Palacio de Velada, y en tiempos de Gómez Dávila y Teresa Carillo, se alojó en él –de mayo a octubre del año 1531– la emperatriz Isabel de Portugal –mujer de Carlos I– y sus hijos los príncipes, María y Felipe II, quien sería vestido de corto –de mayor– en el Monasterio de Santa Ana de nuestra capital. Tres años más tarde –junio de 1534– el mismo Carlos I se hospedaría aquí durante su visita a la Ciudad, convirtiéndose la ciudad en Corte del reino.

La línea sucesoria de don Gómez Dávila, primer Marqués de Velada, viene de los señores de Cardiel y Navamorcuende, estirpe de quien fue cabeza Blasco Jimeno “El Retador” y del cuarto nieto de éste, también llamado Blasco Jimeno, a quien se atribuye la fundación de la famosa cuadrilla de San Juan, la del blasón de los seis roeles.

En estos años el Palacio de los Velada tuvo una vida social muy animada adquiriendo fama, sobre todo, los partidos de pelota a mano que se celebraban en la cancha que los marqueses construyeron siendo tal su notoriedad, que a la actual calle del Tostado se la conoció como “del juego de pelota”. Asiduos participantes a los partidos eran los curas de la catedral, a quienes el Presidente del Cabildo tuvo que llamar varias veces la atención por “jugar a la pelota en calzas”.

Don Gómez Dávila – primer Marqués de Velada – falleció en el año 1561 y doña Teresa Carillo al año siguiente, siendo ambos enterrados en la Capilla de San Antolín de la catedral, situada en el brazo norte del crucero.

El palacio, que fue pasando a los herederos de los Marqueses de Velada, quedó finalmente, como tantos otros, en estado ruinoso y de total abandono. Fue vendido a finales del siglo XIX por los Condes de Altamira, a don Enrique Aboín Coronel, distinguido gentil hombre de una de las familias más distinguidas de la ciudad de Ávila.

Finalmente, en el año 1995, tras realizarse en el edificio importantes reformas, fue destinado a la hostelería convertirse en un lujoso Hotel, Palacio de los Velada.

La torre del campanario de la catedral de Ávila

La visita a la torre de la catedral de Ávila supone toda una experiencia para poder deleitarnos desde las alturas con una visión distinta de la catedral y permite descubrir uno de los rincones más desconocidos de la seo abulense. Sin duda, una visita totalmente imprescindible que recomiendo a todos aquellos que tengan la oportunidad de realizarla.

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La visita es guiada-acompañada en grupos reducidos de hasta cuarenta personas. Quizá un número excesivo que puede restar valor por aglomeración, aunque en nuestra experiencia fue totalmente satisfactoria al componerse de nueve personas. El acceso a la torre sur —la inacabada— se hace a través de una escalera de caracol de 133 escalones en la que se pueden observar marcas de cantería no apreciables en otros lugares del templo y en la que se abren pequeñas ventanas abocinadas como saeteras.

Tras subir la escalera de caracol, se accede a una primera estancia donde se abren cuatro vanos apuntados al exterior, y una especie de “pasillo” con arco de medio punto cegado que comunicaría con el interior de la catedral. A modo de curiosidad, en este “pasillo”, la guía-acompañante constata que los restos de hollín que se observan en el arco de medio punto corresponden a las hogueras que realizaba el campanero cuando hacía la “matanza” del cerdo. Y es que en la catedral de Ávila, el campanero vivía allí, como veremos.

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A través de una pequeña puerta, accedemos a la pasarela que comunica una torre con la otra, y en la que se alcanza una vista privilegiada desde lo alto de la nave central de la catedral, distinguiéndose al fondo las vidrieras originales de la Capilla Mayor y más de cerca las vidrieras de la nave central —de 1967—; las bóvedas, el reloj con dos ángeles autómatas que tocan las horas y el Cristo crucificado, obra de Vasco de la Zarza, colocado encima de un arco sobre el trascoro. Una magnífica estampa por la que solo por eso merece la pena la visita. El punto negativo es que se tiene que volver sobre nuestros pasos —no se continúa para ascender en la otra torre, como si se hace, por ejemplo, en la visita Ieronimus de Salamanca— para continuar la visita.

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Continuando la ascensión por la misma escalera de caracol por la que hemos accedido, llegamos a la parte superior de las bóvedas, no sin antes haber disfrutado de las vistas a través pequeñas ventanas de la escalera, donde se vislumbran los arbotantes que contrarrestan el empuje de la nave central hacia el exterior. Nos encontramos justo encima de las bóvedas, en una imagen poco habitual y que nada hace sospechar la belleza de las bóvedas nervadas. Encima de ellas, nos encontramos la estructura de madera que sostiene una cubierta de madera sobre la que se asienta el tejado, y la curiosidad la hayamos en unas pequeñas “cajas” de madera que son un escape de las bóvedas para liberar la humedad concentrada en el templo.

La casa del campanero es, sin lugar a dudas, lo que más sorprende en la visita. En las alturas nos encontramos con una casa de estilo castellana que recrea cómo vivía el campanero y su familia en el desempeño de su oficio. La casa se conserva prácticamente igual de como la dejó el último campanero a mediados del siglo XX —el oficio pasaba de padres a hijos—, y completada mimo con muebles y otros elementos de la época por el anterior canónigo administrador de la catedral Vicente Aparicio. Así, descubrimos dos alcobas, la cocina con chimenea y multitud de utensilios, una sala de aseo y el espacio que haría las veces de letrina. En medio de la estancia sur se encuentra una polea mediante la cual se transportaban víveres y todo lo necesario para la vida en la torre. A día de hoy, la polea se sigue utilizando para mover los pasos de Semana Santa.

Después de ver la casa del campanero y recrearnos en cómo sería la vida en las alturas, subimos al cuerpo de campanas de la torre norte, es decir, al lugar de trabajo del campanero. Allí descubrimos las siete campanas de la catedral, con nombres tan abulenses como: Requeda, Gamarra, San Segundo, San Cristóbal, María Sonsoles, María Teresa y Platera, la cual recibe su nombre al estar compuesta por plata, y que tiene como función especial la de anunciar con su sonido la llegada a la ciudad de la imagen de Nuestra Señora de Sonsoles. Además de unas magníficas vistas de la ciudad, sorprende encontrarnos tres alquerques con los que seguro se entretenían el campanero, sus hijos y sus ayudantes esperando a dar los toques del día.

Para finalizar la visita, accedemos a lo más alto de la torre inacabada, donde iría el cuerpo de campanas que nunca llegó a construirse y que se cerró con ladrillo y tapial, donde nuevamente admiramos las vistas de la ciudad, esta vez hacia el sur, distinguiendo, además de toda la ciudad como punto más elevado, el valle Ambles, desde la ermita de Sonsoles hasta Villatoro.

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La visita, como hemos señalado a comienzo del artículo, es totalmente imprescindible. El proyecto, si bien se había rehabilitado la casa del campanero desde hace años con la exposición de Santa Teresa de Jesús, no se ha expuesto al turismo hasta ahora, y esperemos que la torre del campanario permanezca abierto a las visitas durante todo el año. De momento, solo lo estará en septiembre, periodo ampliado tras la buena aceptación que ha tenido durante el mes de agosto.

Sin duda, artiSplendore, la empresa que gestiona las visitas de la catedral, se ha valido de su experiencia en las alturas de las catedrales de Salamanca para abrir al público la de Ávila. Teniendo en cuenta el reducido espacio, es obligado el pase limitado y no el libre acceso, a no ser que se habilite el acceso por la escalera norte, organizando un recorrido por las alturas que, puestos a soñar —y a pedir— se podría completar con un acceso al cimorro de la catedral, encima de la girola.

El precio de 2€ por la visita a la torre del campanario está totalmente justificado, al ser un acceso “extra” de la visita de la catedral, y merecido. No así el precio también para los abulenses cuando tienen acceso gratuito a la catedral. ¿Cuántos abulenses van a visitar la catedral? Me atrevería a decir que pocos por iniciativa propia, y cuando lo hacen es para acompañar la visita de amigos y familiares para mostrarles —orgullosos— el patrimonio que tenemos. Por tanto, ¿por qué no también la visita a la torre? Pasada la novedad, pocos abulenses seremos los que subamos a la torre, una minoría entre los turistas que apenas repercutiría en la recaudación, a no ser que solamente se abriera dos meses al año, lo cual sería una gran oportunidad perdida para los turistas.

Por último, agradecer a la guía-acompañante, gran profesional que con sus explicaciones completaba y ponía voz a la visita. Desde @diocesisdeavila nos comentaban que se estaba estudiando la posibilidad de poner audioguia en la torre. Realizada la visita vemos totalmente prescindible su aplicación, pues con la labor del guía-acompañante queda suplida totalmente, con la posibilidad de preguntar para responder a dudas y otras cuestiones. Ahora bien, hemos hecho hincapié durante todo el artículo al “guía-acompañante”. No queremos ahondar en un largo e interminable debate sobre el guía y el guía-acompañante, pero sin haber diferencia entre lo que sería una visita “guiada” y una visita “acompañada” solo podemos reducirnos en el aspecto puramente económico de la diferencia entre una clase y otra.

Catedral de Ávila

Las portadas de la basílica de San Vicente

La basílica de San Vicente es una de las joyas del románico abulense. Pese a que la decoración románica es muy austera, se centra en capiteles y portadas, donde los escultores pueden desarrollar su talento dotando a la piedra de gran expresividad y detallismo.

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Portada meridional

La portada meridional se abre entre contrafuertes que determinan el espacio que sobresale de la portada. Con arcos de medio punto decrecientes, se apoyan sobre las jambas y columnas con capiteles historiados que representan figuras humanas, palomas y felinos afrontados, y un crismón corona la clave.

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Portada meridional. Imagen de Ángel M. Felicísimo

La portada ha sufrido varias modificaciones. La más importante fue la incorporación de figuras decorativas que representan la Virgen y un ángel —situados a la izquierda—, y a la derecha un rey y dos figuras: San Vicente y Sabina, que habían tenido una anterior ubicación dentro del templo. Inicialmente se sabe que había una tercera figura que representaba a Cristeta, pero no se conserva a día a hoy.

La portada norte, similar a la sur pero con decoración más sencilla, se conserva en peor estado al no estar cubierta por un pórtico y sufrir las inclemencias del tiempo.

Portada occidental

La portada principal se abre en el atrio formado entre las dos torres. Representa, al igual que otras portadas del románico, el Juicio Final, de ahí que la portada se sitúe al occidente. Tiene un gran tímpano que se subdivide en otros dos más pequeños, en los que se decora con relieves el ciclo de Lázaro y el rico Epulón. El espacio entre el tímpano y los dos más pequeños estaba decorado con una pintura de hoja de olivo, pero, tras una nefasta restauración a finales del siglo XIX, fue picado creyendo que habría algún relieve. En la primera escena podemos observar como el pobre Lázaro no es admitido en la cena de Epulón, y en la segunda se representa la muerte de ambos personajes y su distinto fin, con una clara finalidad catequética. El parteluz tiene un Cristo en majestad, y a ambos lados se representan los apóstoles, aunque solamente diez, quizá debido a que no se pudo terminar, aunque hay quien dice que también es por falta de espacio. Podemos identificar a San Pedro y San Pablo como las figuras más cercanas a Cristo, y a San Andrés en la antepenúltima columna de la derecha. Las esculturas se van alejando cuanto más alejadas están de las puertas, hasta estar casi exentas, y agrupadas de dos en dos, como si estuvieran conversando.

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Portada occidental. Imagen de Turol Jones, un artista de cojones

En las arquivoltas se decoran con ingenio representando desde una simple decoración con un baquetón de arquillos ciegos, hasta palmeta, con gran clasicismo y al naturalismo, sustituyendo  el círculo geométrico en el que se inscribían por uno formado por sus tallos. En la segunda arquivolta  se decoran hojas enroscadas, y en la rosca interna el escultor desarrolla toda su maestría con centauros, gallos, leones, sirenas, grifos… que parecen aprisionados entre palmetas e inscritos en círculos perlados.

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Detalle portada occidental. Imagen de Trevor Huxham

Un alero remata la portada, donde se representan 26 pequeñas figuras de hombres y mujeres, semivestidas con túnicas de muchos pliegues —según Vila da Vila—, en grupos de dos, que asoman sus cabezas en variadas actitudes.

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Antigua foto del tímpano. Imagen de Sira Gadea

Las vidrieras de la Catedral de Ávila

Las primeras vidrieras colocadas fueron en la Girola, hacia 1495. Algunas son obra de Juan de Valdivieso y Arnao de Flandes, vecinos de Burgos, quienes terminaron de colocarlas en el verano de 1525; posteriormente, también intervino Diego de Santillana en las vidrieras de la parte superior del crucero. La vidriera gótica más impresionante es la conservada en la capilla de la Nuestra Señora de Gracia, la central de la girola, y que representa a la Virgen con el Niño, en rojo y azul, con corona real y nimbo.

Al terminar las vidrieras de la catedral, Juan de Valdivieso continuó con las de la parte superior del brazo izquierdo de la cruz, en lo que hoy es la capilla de Nuestra Señora de la Caridad, ayudado de Arnao de Flandes primero, y Diego de Santillana después. Realizaron todo el crucero, incluidas las imágenes de las vírgenes: Santa Inés, Santa Águeda, Santa Marta y Santa Catalina en el hastial norte, de cuerpo entero, y Santa Bárbara y Santa Lucía de medio cuerpo, mientras que los escudos corresponden al obispo Carrillo (1499-1514) y al cabildo.  Continuaron con la vidriera del hastial sur. Las vidrieras situadas sobre el ingreso de la girola, con santos y profetas a ambos lados de la vidriera central, con San Pedro y San Pablo representados —la última con el escudo de cinco torres del obispo Francisco Ruiz, fallecido en 1537—, son renacentistas y atribuidas a Alberto de Holanda. A éste le sucede su hijo Nicolás de Holanda, que realiza la vidriera de la capilla mayor con los Apóstoles situados en el friso inferior de la misma capilla, en las paredes laterales del presbiterio.

En 1549 interviene Hernando de Labia, que continúa trabajando en la capilla mayor y posiblemente realizara las figuras del beato Orozco, San Pedro de Alcántara y Santa Micaela. Hacia 1592 continúa la labor José de Labia, quien realiza las vidrieras del muro derecho de la capilla mayor, en la que aparecen los santos canonizados en esos años: San Pedro*, mártir del Japón, la Anunciación y San Miguel. Le sucede Felipe Angulo en 1660, y en 1759 aparece el nombre de Juan García de la Peña como vidriero de la catedral.

De las intervenciones más recientes, se incorporan en 1929 las últimas vidrieras centrales del friso inferior de la capilla mayor, que representan a Santa Teresa y San Juan de la Cruz, realizada por Maumejean de Madrid. Dicho vidriero también realizaría otras vidrieras como la de San Celedonio, San Eugenio y San Ildefonso.

Con el terremoto de Lisboa de 1755, las vidrieras sufrieron desperfectos pero no así daños de gran consideración, como se ha creído, o incluso la creencia que los ventanales de la nave central fueron destruidos con el seísmo. Estos ventanales nunca tuvieron vidrieras ni estuvieron abiertos. La apertura de algunos de estos vanos se realizó hacia 1950 cuando la Dirección General de Monumentos se interesó por la catedral de Ávila, y en 1964 Gratiniano Nieto, director general de Bellas Artes, ordenó la apertura del resto de vanos, demoliendo los materiales que cegaban por el exterior los huecos y ocupaban una altura que cubría parte de los arbotantes de sostén de la nave central, aprovechando la ocasión para electrificar el cimbalillo. La obra de apertura de los ventanales quedó terminada en octubre de 1965, y las vidrieras de color, sin decoración artística, en septiembre del año siguiente.

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La última restauración de las vidrieras de la catedral de Ávila se produjo en 2014 con motivo del V Centenario de Santa Teresa de Jesús con fondos de la Junta de Castilla y León para contribuir a la puesta en valor del patrimonio cultural de la Comunidad.

Fuentes

DE LAS HERAS HERNÁNDEZ, Félix. La catedral de Ávila. Ávila, Gráficas Martín, 1981. 2ª ed.

GONZÁLEZ, Nicolás; SOBRINO, Tomás. La catedral de Ávila. León, Everest S.A., 1981.

VV.AA. Catedrales de Castilla y León. Madrid, El Mundo, 2005.

http://catedralavila.vocces.com/catedral-de-avila-pagina-oficial/las-vidrieras/

https://viajarconelarte.blogspot.com.es/2014/03/la-catedral-de-avila.html

*  El San Pedro mártir del Japón pudiera ser San Pedro Bautista, protomártir, patrono de San Esteban del Valle, donde se celebra el Vítor de su honor.