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El arqueólogo que dejó huella

Anoche recibía la terrible noticia del fallecimiento de una gran persona, Jesús Liz Guiral. En breve, mi teléfono y las redes sociales se llenaban de mensajes de amigos, compañeros, alumnos que lamentaban la pérdida de Jesús. No es para menos. Bonachón, brillante, cercano, arqueólogo, ilustrado, con un sentido del humor tan peculiar como negro y maño, fue mi profesor en la facultad y fue de aquellos que dejó huella. Con él aprendimos a mirar el mundo con otros ojos, tanto en el aula como fuera de ella.

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En nuestra primera clase de Arqueología nos hiciste escribir en un papel qué era para nosotros la Arqueología, dudando de si era una ciencia, disciplina o rama de la Historia. Hoy todos tus pupilos lo sabemos sin dudar: Arqueología eras tú. Contigo aprendimos de datación, fotografía aérea y estratigrafía, quien era Binford y Renfrew, de arqueología submarina, Canfranc, las malditas matrices de Harris, de villas romanas… y más, mucho más de aquellas clases que amenizabas con sutiles comentarios con tu humor que pocos comprendíamos entonces.

Y fuera del aula aprendí de ti a vivir y a soñar. Contigo, Jesús, aprendí lo que de verdad era una excavación, a coger bien el pico, a no mezclar el vino, a comprender a esos locos romanos, a conocer Lancia, la importancia del sombrero de paja, a descubrir yacimientos con tus explicaciones, el rock de los setenta, a defender mis ideales, a ser firme en lo que creo, a creer que algo es posible, a rectificar cuando me equivoco e infinidad de pequeñas cosas salpicadas de anécdotas que quedarán siempre en el recuerdo.

Hasta siempre, Jesús. Arqueólogo, profesor, padre, amigo. No te olvidaremos porque dejaste huella en nosotros, siempre habrá algo que nos recuerde la gran persona que siempre fuiste. STTL

El Gran Cazador Blanco, como me llamabas

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El Pozo de la Nieve

En el lienzo norte de la muralla de Ávila, concretamente adosado al cubo 38, existió, desde principios del siglo XVI hasta la segunda mitad del siglo XX, un pequeño edificio, de propiedad municipal, que sirvió de nevera para la ciudad: el Pozo de la Nieve.

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Debido a su situación al norte permanecía la mayor parte del día a la sombra, convirtiéndose en un sitio ideal para este menester. El procedimiento era sencillo: en invierno se guardaba la nieve en el pozo, se amasaba y se cubría posteriormente con pieles, manteniéndose el lugar fresco para que aguantara la nieve durante todo el año y se iba sacando según fuera la demanda. E incluso en los años 50 del siglo XX, como señala Serafín de Tapia, el Café Pepillo ofrecía en julio horchata helada gracias a esta nieve.

La muralla de Ávila, pese a tener una buena colección de fotografías desde el siglo XIX, apenas ha quedado constancia del citado pozo de la nieve salvo en media docena de estampas, hoy recogidas en avilas.es. La llegada del frigorífico llevó al desuso del inmueble, y añadido al mal estado en el que encontrarían las instalaciones llevó a su demolición. El único testigo que queda del Pozo de la nieve es la señal que dejó el tejado de la casa en la muralla y que estuvo a punto de desaparecer como consecuencia de la última restauración de la muralla el año pasado.

Como se puede ver en la imagen de 2011, se puede ver la marca más o menos uniforme, con un tono blanquecino similar al color de la argamasa de la propia muralla, mientras que en la foto de 2014, posterior a la restauración, la línea de la antigua casa se ha exagerado en exceso para que resalte, y el color es muy distinto al de la argamasa, y distinto del que tenía hace unos años.

Para continuar con el juego de las semejanzas y las diferencias, también encontramos adosados al cubo 38 dos principio de arcos, pues según creí leer en algún sitio, tenía estructurada abovedada (aunque no he podido confirmarlo). Con la restauración se ha extraído la argamasa y sustituida por una nueva, limpiando las impurezas y dejando ver bien la alineación de las piedras que componen los muros, dando una apariencia de muro prácticamente nuevo y que muy posiblemente no lo haya tenido nunca, dando la impresión de una falsa realidad.

La novedad y aprovechando la restauración, se procedió a la excavación de la casa del Pozo de la Nieve, a cargo de la empresa de arqueología Castellum Coop., pues si bien se demolió, sólo se hizo superficialmente, y se han podido constatar la estructura de los cimientos, formados por muros de piedra y ladrillo. Se ha procedido a la reconstrucción parcial de los muros para dejarlos al aire libre y que los restos sean visibles y visitables. Para ello se ha procedido a poner una valla alrededor de la antigua estructura donde en un futuro (espero que cercano), se instale un panel informativo que expliquen el Pozo de la Nieve, pues seguro que más de uno desconoce su existencia. La única pena es que al estar en una zona de difícil acceso turístico quede relegado a un segundo plano, aunque si se podrá contemplar desde una perspectiva elevada desde lo alto de la muralla por los visitantes y abulenses.

 

 

 

 

El derribo del Alcázar de Ávila

Ávila tuvo Alcázar. No fue ni tan inmenso como el de Toledo ni tan majestuoso como el de Segovia, pero al igual que otras ciudades castellanas, Ávila contó con una fortificación, anexa a la muralla en su parte más débil, que hizo las veces de guarnición y campamento militar.

Situado en el espacio donde se enclava la actual plaza Adolfo Suárez, se asentaba compartiendo los muros de la muralla y el torreón del homenaje. Su origen puede remontarse al siglo XII-XIII, aunque solamente hay constancia a partir del siglo XV. Pese a lo inmenso del edificio, siempre necesitó reparaciones, llegando al siglo XVIII en un estado casi de ruina, siguió necesitando grandes reformas o saneamiento que no siempre llegaban, y su agonía se prolongó unos siglos más, hasta el siglo XX.

Manuel Gómez-Moreno lo recogió en su Catálogo Monumental y Artístico de Ávila (1901) y durante el primer cuarto del siglo XX sirvió como estudio a artistas como López Mezquita, Caprotti, Chicharro o Alberti. Sin embargo, su estado de “ruina” y abandono, sirvió para el Consistorio, con el alcalde Salvador Represa a la cabeza, llama a derribar el Alcázar, como vemos en el artículo no firmado siguiente:

“Tiene un enorme interés el pleito promovido en torno al derribo del famoso paredón de Ávila, objeto de tantas y tantas controversias…
…El pleito se ha ido prolongando y revistió ya en estos últimos meses caracteres agudos. Ávila quería que el paredón se tirase, (SIC) por estimar que así lo exigía la modernización” y por estimar también que el muro no guardaba ningún mérito artístico ni histórico,
El propio Ministro de Instrucción Pública giró una visita a la ciudad acompañado de las autoridades abulenses y, al parecer, , quedó de acuerdo con estos en que estaba indicado el derribo. Esta fue al , la creencia de Ávila, que esperaba ávidamente la resolución del asunto.
Hace unos días apareció la Real Orden del Ministro de Instrucción. Y esta disposición contrarió total y vivamente los deseos de la ciudad…
El alcalde de Ávila, cabeza visible y entusiasta de este movimiento a favor del derribo del paredón envió un enérgico telegrama de protesta al presidente del Consejo…Convocó Don Salvador Represa una reunión de las personalidades y representantes más destacados de la ciudad, se convocó el domingo día 10…el pueblo invadió las salas del Ayuntamiento, siempre el Alcalde a la cabeza de los manifestantes-…tras visitar el gobierno civil la muchedumbre se encaminó al paredón iniciando, dirigida por las personalidades citadas, el derribo de este con picos y palas en contra de la disposición ministerial. Al día siguiente, por la tarde, tras aquel primer derribo simbólico de la jornada anterior, el Ayuntamiento organizó formalmente las obras de derribo, dirigidas por el arquitecto municipal don Carlos Camuñas.
Aparte del interés local, del interés que para Ávila pueda tener este asunto del derribo del paredón, hay también en él una extraordinaria importancia que a nadie se ocultará” (*)

Dicho y hecho, el Alcázar, o mejor dicho, lo que quedaba de él, fue derribado y convertido en la plaza que nos ha llegado hasta hoy. De nada sirvió que clamaran en contra de su derribo y se abogara en su conservación en virtud del patrimonio de la ciudad. Un total atropello con total impunidad y que contó con el apoyo del pueblo.

Paradójicamente, ochenta años después de su derribo, en 2010, se procedió a una intervención arqueológica para realizar una cronología precisa de la estructura y la distribución del inmueble, en los que se hallaron los cimientos y muros del ya desaparecido alcázar.

  • La información del artículo está extraída, al igual que las fotografías, de la página www.avilas.es proyecto de José Luis Pajares, en donde pueden encontrar más fotografías del desaparecido Alcázar, así como también otras fotografías de la historia de Ávila.