El Jardín de San Segundo

En este mes de junio se ha realizado el proyecto “Si las paredes hablasen”, donde se mezcla la Historia, el Arte y el Teatro, con un resultado más que notable. A través de la Fundación de Casas Históricas y Singulares, la colaboración de Microteatro por Dinero y subvencionado por el MECD, hemos podido descubrir un rincón de Ávila desconocido para la mayoría y que recibe varios nombres: la finca Güell, Villa Winthuysen, Huerto de Santo Domingo o Jardín de San Segundo.

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Haciendo un recorrido por la historia del espacio, situado en el extremo noroeste del recinto amurallado, encontramos su origen en la compra de unos terrenos por parte de Eusebio de Güell y López, hijo del promotor del Parque Güell. En éstas huertas, con el plano firmado en 1922, el sevillano Javier Winthuysen, uno de los mejores paisajistas españoles, creó uno de sus mejores jardines como finca de recreo estival, compuesto de “canales de agua, gran alberca, estanques, distintos ambientes (patio, laberinto miniatura, rosaleda, bosquete…) que se van descubriendo durante el paseo que sigue los distintos niveles del suelo, delicadamente aterrazado”, de clara influencia hispanoárabe donde el agua, a lo largo de sus más de tres mil metros cuadrados, es el absoluto protagonista.

Tras la guerra civil, la finca pasó al II Marqués de Santo Domingo, Francisco Maroto y Pérez del Pulgar, quién adornó el jardín con diversos restos arquitectónicos y esculturas, como cinco verracos celtíberos, escudos (emblemas de la ciudad de Ávila y de los Guillamas, entre otros), restos de la antigua alhóndiga, lápidas, esculturas, capiteles y columnas, así como reforma de una de las dos casas de labranza que existen en la finca, con una portada renacentista procedente del derribo de un palacete, que dan un aspecto singular al jardín, quizá un tanto alejado de la concepción inicial de Winthuysen.

Marco excepcional alejado de las miradas de curiosos por un muro que esconde la belleza del jardín interior, durante décadas ha sido lugar de celebración de fiestas de la nobleza, y escenario de encuentros de personalidades de la cultura y la sociedad, como Jacqueline Kennedy o Mario Vargas Llosa. Actualmente, la finca pertenece al marqués de Pozoblanco, el médico y escritor Juan Martínez de las Rivas y Maroto, quién además de mantener el espacio está sujeto a celebración de eventos, alojamiento, visitas guiadas e incluso espacio de interés fotográfico y rodajes cinematográficos.

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Volviendo a la visita “Si las paredes hablarán”, tras una explicación por la historia de la Huerta de Santo Domingo y el Jardín Histórico, pudimos recorrer y contemplarlo, amenizado por dos pequeñas obras de teatro que habían sido creadas para la ocasión y para este espacio en cuestión. La primera, “Missing Teresa”, nos muestra una Teresa paseando junto a la muralla, pero su tranquilidad se verá trastocada por la visita de su ¿Dios? ¿Diablo?, quién tentará a la Santa. Con tintes de comedia, la obra deleitó al público amenizando el paseo.  La segunda obra, “Estoy esperando a mi amor”, combina microteatro con una danza histórica muy cuidada junto con unos trajes de época espectaculares.

Sin duda, se agradece la realización de actividades como “Si las paredes hablaran”, felicitando de manera sobresaliente a sus organizadores pues, además de combinar magníficamente Historia, Arte y Teatro, nos permite disfrutar, contemplar y admirar de un espacio tan espectacular como desconocido para los abulenses.

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FUENTES

http://www.fincaguellavila.com/

https://www.facebook.com/fincaguellavila/

http://elviajero.elpais.com/elviajero/2016/06/16/actualidad/1466089961_594727.html

http://viajacyl.blogspot.com.es/2013/05/jardin-de-san-segundo-avila.html

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La pobreza en Ávila a comienzos del siglo XX

La pobreza estaba extendida en la primera mitad del siglo XX en Ávila. Había barrios con viviendas realizadas al azar y construidas con humildad, sin ningún orden urbanístico, formando callejuelas tortuosas. Se podía considerar la pobreza como un mal endémico, y en la Ávila miserable de los pobres, muchos de ellos esperaban la llamada sopa boba, por parte de los frailes de Santo Tomás. Gutiérrez Solana hace muy buen relato de este acto social, como queda reflejado en la fotografía de la izquierda:

 

por fin, abren las puertas y entran en el patio del convento, con bancos de piedra y arbole seos. Bajo un cielo banco y frío, todos los pobres con sus escudillas y botes de latón, sonando una cuchara roñosa y negra dentro de su fondo; sus cabezas llenas de greñas, y las barbas enmarañadas y canosas, que destacan muy duras de sus caras curtidas y brillantes como moros; enseñando el pecho entre los rasgados de la camisa, con los pantalones y las mangas de sus americanas hechas jirones, por lo que asoman la carne y todas las vergüenzas, se colocan alrededor de un gran caldero que sacan del convento en un carrito de hierro con ruedas. Un hermano limosnero, con su capucha negra y hábitos blancos de fraile, su cabeza redonda, cortado el pelo al rape, con la frente saliente como un segador, que da la impresión de ser dura como la piedra, va llenando con un cazo las escudillas, botes y pucheros de las mujeres”.

En la imagen de la derecha, de un niño y un anciano mendigos comiendo a las puertas del convento de Santo Tomás, tomada por Redondo de Zúñiga, obtuvo la Medalla de Oro en el Concurso fotográfico Nacional de 1901.

Fotografías: avilas.es

Extracto de la conferencia: “Ávila en la primera mitad del siglo XX

Ávila en la primera mitad del siglo XX

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Se cumplen 100 años de la llegada del pintor Guido Caprotti a Ávila, el cual quedó atrapado en la ciudad amurallada en el invierno de 1916, tras una copiosa nevada. Desde aquella noche, Ávila sedujo el espíritu artístico del italiano durante cincuenta años, desarrollando en ella gran parte de su obra.

Desde el Ayuntamiento de Ávila se están desarrollando una serie de actos para conmemorar la llegada de Caprotti, entre los cuales señalo la conferencia «Ávila en la primera mitad del siglo XX», el próximo jueves 21, a las 19.00 h en el palacio de Superunda y que tengo el honor de impartir.

En ella realizaremos un recorrido por cómo era la ciudad de Ávila durante éste periodo: sus gentes, sus calles, sus comercios, sus monumentos… y algunos acontecimientos importantes para la sociedad abulense de este tiempo.

Quedáis invitados. No faltéis. Pongo falta.

Sergio Sánchez

P.D. Foto avilas.es

Torquemada no descansa en paz

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Auto de fe. Berruguete

La controvertida figura del dominico fray Tomás de Torquemada ha quedado ligada a la historia del Santo Oficio, institución de la que formó parte como Inquisidor General, dedicándose a la defensa de la fe católica, persiguiendo a herejes y conversos. También, fue fundador del monasterio de Santo Tomás de Ávila, donde se retiró en 1496, ya anciano y con los achaques de la edad, aprovechando sus últimos años para establecer el estatuto de limpieza de sangre que se mantendría en los siglos siguientes, y donde fallecería dos años después, el 20 de septiembre de 1498. Fue enterrado en el mismo monasterio de Santo Tomás, pero sus restos no encontrarían descanso eterno.

En 1572, sus restos fueron trasladados para acoger la tumba del obispo Francisco de Soto y Salazar. Con el devenir de los siglos, los restos del inquisidor Torquemada se han perdido. Se cree que estaría enterrado bajo un pequeño altar en la sacristía, pero en 1699 fue destruido por un gran incendio, el cual, al reconstruirse, se perdieron todas las referencias a la tumba del dominico. Según algunos historiadores, sus restos fueron profanados durante la invasión napoleónica, sin conocerse siquiera quienes serían los autores de semejante acto, cumpliendo, de esta manera, una supuesta venganza demorada en el tiempo.

Por el contrario, José Belmonte, en su obra Ávila Contemporánea, dice: “Y en otro momento -1836- se sacaron de su sepulcro, se arrastraron y aventaron en el “Brasero de la Dehesa” –patíbulo de llamas inquisitoriales- los restos del inquisidor Torquemada”. Esta localización, el llamado Brasero de la Dehesa, se corresponde con el lugar donde quemaban a los condenados de la Inquisición en Ávila, en algún punto próximo al monasterio de Sancti Spiritu, como los ajusticiados en el proceso del Santo Niño de la Guardia, en los inicios del Santo Oficio y cuando Torquemada era Inquisidor General.

Fuese como fuese, los restos de fray Tomás de Torquemada se han perdido. La leyenda negra ha empañado la vida del austero dominico que sentó las bases de una institución muy importante en la historia de España. No debemos caer en el error de juzgar el pasado con los ojos del presente, sino ponernos en el contexto la sociedad de la época, y no guardar, en ningún caso, odios y rencores de siglos pasados.

V Centenario de la muerte de Fernando el Católico

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Un año más, el Ayuntamiento de Ávila organiza el ciclo «100 años en 5 días» con la que pretenden acercar a los abulenses a diferentes efemérides que se celebran durante este año 2016 relacionadas con el mundo de la cultura.

Así, tendremos las siguientes charlas:

  • 22 de febrero. V Centenario de la muerte de Fernando el Católico. Sergio Sánchez, historiador.
  • 23 de febrero. Centenario de la muerte de Enrique Granados. Beatriz Arés y Beatriz del Pozo González, musicólogas y profesoras de la Escuela Municipal de Música de Ávila.
  • 24 de febrero. IV Centenario de la muerte de Miguel de Cervantes. José Emilio Díez Ferrer, profesor de Literatura del IES Vasco de la Zarza.
  • 25 de febrero. V Centenario de la muerte de El Bosco. José Antonio Piedrahita, pintor.
  • 26 de febrero. Bicentenario de la primera fotografía. Francisco Javier Calvo Martín, fotógrafo.

Todas las conferencias serán en el Episcopio a las 20.00 h

V Centenario de la muerte de Fernando II de Aragón

 

 

María Vela y Cueto

maria_vela (2)La Venerable María Vela es considerada la segunda mística de Ávila y quizá, por ello, pese a ser contemporánea de Santa Teresa de Jesús, ha pasado a un segundo plano y a ser prácticamente una desconocida para los abulenses. Sin embargo, su nombre se puede leer en el apartado de Santos del “Monumento a las Grandezas de Ávila”, situado en la plaza del Mercado Grande.


 

El 5 de abril de 1561, Sábado Santo, nació en el lugar de Cardeñosa María Vela y Cueto, la primogénita de Diego Álvarez de Cueto y Vela y Ana de Aguirre. El matrimonio, que gozaba de una posición elevada, estaba emparentados con varias casas nobles abulenses, como Blasco Núñez Vela, primer virrey de Perú, hermano de su abuela paterna, María Vela, de la cual adoptó su nombre. Tras el nacimiento de su hija María, la favorita de su madre, le seguirían cuatro hermanos: Diego, Jerónima, Isabel y Lorenzo, quienes, salvo Diego, dedicaron su vida al estamento eclesiástico.

María fue bautizada en la iglesia de Cardeñosa el 13 de abril de ese mismo año, y fue en este pueblo, situados a dos leguas de Ávila, donde residió gran parte de su infancia, al disponer su familia de gran parte de su mayorazgo allí, incluida una casa-palacio. En el hogar, y de mano de su madre, recibió educación, aprendiendo a leer y escribir, música, tecla y bordado, instruyéndola en la oración, e intuimos que la pequeña María ayudaría a su madre con sus hermanos, al quedar viuda en 1570.

Sería a la edad de 15 años cuando, postrada ante la imagen de Nuestra Señora de Sonsoles, le dio una repentina enfermedad, llegando a temer por su vida. Fue durante esta larga y penosa enfermedad cuando oyó la voz de Dios y se entregó a él sin reservas, dedicando, a partir de entonces, su vida a la oración. Entró en el convento de Santa Ana, en Ávila, junto a su hermana Jerónima, donde era religiosa su tía Isabel de Cueto, hermana de su padre. Tomaron el hábito del Císter el día de San Juan de mayo de 1576. María Vela tuvo un complicado noviciado, debido, en parte, a su frágil salud, y sería en 1580 cuando entrara en el convento su hermana menor, Isabel de Villalba, aunque fallecería ese mismo año. En el día de San Juan de mayo de 1582, las dos hermanas, María y Jerónima, profesaron como monjas confirmando sus votos. La mala fortuna quiso que Jerónima viviera solamente tres años más.

María Vela ejerció el oficio de cantora y organista durante el resto de su vida en el convento, y también el de maestra de novicias durante un largo tiempo. Tuvo una gran devoción a la Virgen María y ella fue la encargada, tras la muerte de su tía Isabel de Cueto, de adornar y cuidar el altarcito  de María Santísima con la advocación de Nuestra Señora de Sonsoles que hay en el convento. María, en sus escritos, no cesa de invocar a la Virgen con los títulos de María, Mater gratiae, Mater misericordiae.

La religiosa tuvo mucha fama por su santidad en su vida por las gracias o fenómenos extraordinarios que la acompañaban y no siempre fue comprendida,  incluso por su confesor y director espiritual, el Dr. Miguel González Baquero. La trataron de loca e incluso sus compañeras se burlaban de ella tratándola de ilusa, hipócrita y endemoniada, llegando a denunciarla al Tribunal de la Inquisición, quedando absuelta al no cometer pecado alguno. No obstante, debido a su sacrificio y espiritualidad, las dudas, persecuciones y escrúpulos de monjas y confesores se habían vuelto admiración y alabanzas hacia María Vela, una humilde monja a quien acabaron por venerarla como santa tanto dentro como fuera del convento.

El 17 de septiembre de 1582, año Jubileo decretado a toda la cristiandad por Paulo V, María Vela cayó enferma con un dolor en el costado, del cual no se recuperaría. Le trataron con esmero, aplicándole, entre otros remedios, sangrías, administrándole la Extremaunción. Su agonía se prolongaría hasta el domingo 24 de septiembre, cuando falleció después de repetir la invocación que Dios le había enseñado “Mi amado para mí y yo para mi amado”.

La monja fue no fue sepultada en el claustro común como era tradición, sino al pie del altar de la capilla de Nuestra Señora de Sonsoles del monasterio de Santa Ana, por orden del obispo Francisco de Gamarra quien, poco después, en 1619, dispusiera que se abrieran informaciones sobre la vida y virtudes de la Venerable María Vela y Cueto.

Fuentes

ESTEBAN MARTÍN, Francisco. La mujer fuerte, venerable sierva de Dios Doña María Vela y Cueto, Monja Bernarda del convento de Santa Ana de Ávila del s. XVI-XVII, Ávila, 1917.

GONZÁLEZ VAQUERO, Miguel. La mujer fuerte. Vida de Doña María Vela, Monja de San Bernardo en el convento de Santa Ana de Ávila. Madrid, 1618.

RESS, Margaret Ann. Doña María Vela y Cueto. Cistercian Mystic of Spain’s Golden Age, en Spanish Studies, vol. 27, 2004.

RESS, Margaret Ann. The Spiritual Diaries of doña María Vela y Cueto. Lewiston, Nueva York, Lampeter, Edwin Mellen Press, 2007.

Los Cuatro Postes

En la Edad Media era tradición, o costumbre, situar en la entrada de las ciudades pequeños humilladeros o cruces como una muestra de piedad por parte del pueblo y para su fomento entre los viajeros. En Ávila, ciudad medieval y castellana, todavía hoy podemos contemplar alguno de ellos, como el situado a las afueras de la misma, en la carretera de Salamanca, y que tiene una gran tradición y afluencia de turistas al tratarse del mirador por antonomasia de la ciudad, desde donde se puede contemplar una magnífica panorámica de la ciudad: los Cuatro Postes.

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Su construcción fue realizada por Francisco de Arellano, maestro de cantería, quien participara en la cabecera de la iglesia del monasterio de Santa Ana o la cabecera de la iglesia de San Juan, hacia 1566. La iniciativa para la edificación fue por parte del Consistorio abulense, representada por el corregidor Rodrigo Dávila.

La estructura del monumento es muy simple: levantado sobre un pódium, con cuatro columnas dóricas que soportan un entablamento recorrido por una inscripción, hoy casi borrada, relativa al año de su construcción. En el frente, una cartela muestra el escudo de la ciudad y, aunque el plano inicial se proyectó un tejadillo a cuatro aguas, quizá nunca se realizó. En el centro, la imagen de San Sebastián, santo al que estaba consagrado el humilladero pues, recordemos, la ermita de San Segundo, inicialmente, estaba consagrada a éste santo, pero el hallazgo de los restos del obispo cambiaron la advocación de la iglesia, trasladándose el culto a San Sebastián a este emplazamiento, aunque actualmente la figura del centro, sobre una peana, es una cruz.

Leyendas

Tradicionalmente, se ha relacionado este humilladero con dos hechos, difícilmente contrastables, que pueden denominarse, incluso, leyendas.

En 1157, para agradecer el fin de una epidemia de peste que asolaba Ávila, sus habitantes hicieron una romería a la ermita de Narrillos de San Leonardo, quedando la ciudad desguarecida, cosa que fue aprovechada por una hueste musulmana para asaltar la villa y huir con lo que pudieron robar. Al enterarse de lo sucedido, los regidores Nuño Rabia y Gómez Acedo organizan una partida para perseguir a los asaltantes, dividiendo las tropas en dos grupos. Tras alcanzar a los musulmanes y derrotarles, la partida al mando de los corregidores volvió a la ciudad, descubriendo, para su asombro, que la otra hueste de jinetes había retornado antes, cerrando sus puertas y haciéndose con el control de la misma. Les exigían una parte del botín incautado a los musulmanes para poder entrar en Ávila.

La magnitud del conflicto fue tal que hasta el propio rey, Sancho III de Castilla, tuvo que intervenir, presentándose ante los muros de la ciudad amurallada, expulsando a los “usurpadores”, sancionándolos a vivir extramuros y quitándolos cualquier privilegio que pudieran tener. El Concejo abulense acordó repetir la romería anualmente, siendo el humilladero de los Cuatro Postes descanso para las autoridades según unos, y monumento para conmemorar éste desagradable acontecimiento, según otros.

Y no podía faltar Santa Teresa en la historia de este monumento. Según se cuenta, fue en este lugar donde la pequeña Teresa de Cepeda y su hermano Rodrigo fueron encontrados por su tío cuando huían “a tierra de moros” para evangelizar y morir como mártires. Y años después, según cuenta la tradición, sería en este lugar donde Teresa de Jesús, mirando hacia Ávila y sacudiéndose las sandalias, se le atribuye la frase que, posiblemente, nunca pronunciara, y tan tristemente célebre: “De Ávila, ni el polvo”.

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Fuentes