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El rey pasmado

La película «El rey pasmado» (Imanol Uribe, 1991), ganadora de ocho Goyas, incluyendo mejor película y mejor director, está basada en el libro «Crónica del rey pasmado» de Gonzalo Torrente Ballester. Ambientada en la corte del rey Felipe IV, donde un increíble Gabino Diego encarna al rey español que, tras irse de picos pardos con el conde de la Peña Andrada (Eusebio Poncela), queda «pasmado» tras contemplar el cuerpo desnudo y con medias rojas de la mejor prostituta de la villa. Entonces el rey quiere ver desnuda a su mujer, la reina Isabel de Borbón (Anne Roussel), tejiéndose una trama en tono parodesco que refleja, hasta límites absurdos, las preocupaciones, miedos, tópicos y costumbres de la Corte española del siglo XVII. Destacan en el reparto el conde-duque de Olivares (Javier Guruchaga), el fraile Villaescusa (Juan Diego) y el Gran Inquisidor (Fernando Fernán Gómez).

La película, además de ser una buena adaptación cinematográfica y tener una magnífica ambientación histórica y artística, se rodó en varias localizaciones como el palacio renacentista del Marqués de Santa Cruz en Viso del Marqués (Ciudad Real), hoy Archivo de la Armada y cerrado si nadie lo remedia, el Alcázar y Museo de Santa Cruz de Toledo, la Sala de Batallas de El Escorial, el castillo de Guimaraes (Portugal), las calles de Salamanca pero también el Real Monasterio de Santo Tomás de Ávila, mostrándose en varios planos el claustro de los Reyes, el Lavado de las Abluciones y el claustro del Silencio, así como el Aula Magna de la Universidad, antes de su restauración.

El Real Monasterio de Santo Tomás: los claustros

La fundación del monasterio de Santo Tomás de Ávila nace de la voluntad de Hernán Núñez de Arnalte, tesorero de los Reyes Católicos, en 1478, labor que continuaría su mujer, María Dávila, quizás la verdadera fundadora, tras su fallecimiento el 27 de marzo de 1480. Dispuso que sus restos descansaran en San Martín de Ocaña – de donde era originario y tenía capilla funeraria su familia – pero por disposición de su mujer fue enterrado, primero, en San Juan de los Reyes, y una vez construida la iglesia de Santo Tomás, será enterrada en ella, pero un acontecimiento variaron las disposiciones testamentarias, pues la muerte del príncipe don Juan, primogénito de los Reyes Católicos en 1497, y la decisión de enterrarle en la capilla principal de la iglesia conventual hizo que el mausoleo de Núñez Arnalte, fuese desplazado a una capilla lateral en 1501.

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En la fundación de Santo Tomás, junto con Hernán Núñez de Arnalte y su mujer María Dávila, jugó un papel muy importante fray Tomás de Torquemada, donde residió entre 1496 y 1498. Sería el dominico quien comprara los terrenos para la edificación del convento y los propios Reyes Católicos, Isabel y Fernando, quienes patrocinarán y financiarán las obras que se lleven a cabo en el monasterio, ligado a la cesión de bienes de judíos y al enterramiento del príncipe Juan. En 1493 se terminaron las obras que permitían la entrada en la comunidad, pero no la fábrica completa.

Tradicionalmente se ha relacionado el Real Monasterio de Santo Tomás con la Inquisición, y son tres elementos los que relacionan éste monasterio con el Tribunal del Santo Oficio: la cesión de terrenos de los herejes, el caso del Santo Niño de la Guardia y la exposición en la iglesia de los sambenitos de los condenados. Pero además también se puede incluir la prohibición de incorporación a la comunidad de algún “castellano nuevo”, el marco iconográfico de propaganda de la Inquisición en el retablo, ideado por Pedro de Berruguete y fray Tomás de Torquemada, incluso en la sillería de coro como analiza Schölz-Hansel, y por encima de todo, que el  Inquisidor General, el propio Torquemada, se instalara en el convento. Incluso se ha llegado a argumentar que el monasterio fue la propia sede de la Inquisición, descartándose por falta de evidencias.

También se ha cuestionado que el Claustro de los Reyes fuera utilizado por los Reyes Católicos como palacio de verano, cuando su construcción es posterior a 1497, cuando fue enterrado allí el príncipe Juan y los Reyes no volvieron allí jamás debido al dolor que les causaba la muerte de su hijo. Se pone en duda la existencia de un palacio en fechas previas a ese acontecimiento, pues en las fuentes se alude siempre al monasterio y no al palacio, e incluso cuando los Católicos visitaron Ávila, se alojaron en unas casas intramuros de la ciudad, no siendo plausible que financiasen unos aposentos reales que no llegasen a ser utilizados.

El conjunto arquitectónico

El monasterio dominico, como podemos observar en el plano, conforma un rectángulo formado por tres claustros más o menos proporcionados, de mayor a menor en dirección este-oeste, destacando la iglesia al norte del claustro central. El conjunto queda completado por un patio al oeste y un amplio atrio ante la fachada principal del edificio, y construido utilizando mampostería, excepto en la iglesia y las arquerías, de sillería.

La entrada al monasterio se realiza por el atrio, a través de una triple arquería culminada en un arco escarzano de sillería, sostenida por pilares octogonales que da paso a un atrio enlosado de piedra berroqueña. A la izquierda de la portada de la iglesia, se accede la visita a través de la portería.

El Claustro del Noviciado

Este claustro sería el foco inicial del convento, realizado en estilo toscano y anterior al resto del conjunto arquitectónico: con veinte arcos rebajados de medio punto en el inferior y escarzanos en el superior – todos sobre columnas de fuste octogonal – y con un antepecho de piedra granítica que recorre la galería. En el ala oriental del mismo se encontraba la iglesia primitiva y en los otros lados las dependencias conventuales. Su funcionalidad ha sido diversa a lo largo de su historia, siendo utilizada en un principio como patio de la primitiva comunidad, y posteriormente se acondicionó como enfermería, noviciado y área auxiliar. Al encontrarnos grandes similitudes con el monasterio de Santa Cruz de Segovia, el arquitecto de esa zona pudo ser Juan Guas.

Claustro del Silencio

Recibe este nombre por ser el lugar de lectura, meditación y oración de los dominicos, también llamado Claustro de los Difuntos, pues fue el lugar de enterramiento conventual en la Sala Capitular, distinguiéndose del claustro anterior por el predominio del gótico “de los Reyes Católicos” o hispanoflamenco, comprendiendo el Claustro del Silencio, el Refectorio, la Sala “De Profundis”, la Sacristía y la Iglesia. El claustro se caracteriza por las bóvedas de terceletes y las ménsulas de la naves interiores y por los estribos exteriores.

La mayor concentración decorativa se condensa en la galería superior como contraste frente a la austeridad de la galería inferior, formada por simples arcos de medio punto entre recios contrafuertes. En la planta superior se encuentran bolas, granadas y escudos de los Reyes Católicos y de la orden de los dominicos, rodeando ramos de azucenas, símbolo de pureza de la Virgen María.

En el ángulo suroriental aparece el Lavabo de las abluciones previas a la comida, con un calado flamígero. Siguiendo, a la derecha, se ve la puerta del Refectorio gótico. Esta zona se debe a la traza y dirección del arquitecto Martín de Solórzano. Pasando por la nave sur del claustro inferior del Silencio se cruza la Sala “De Profundis”, llamada erróneamente Tribunal de la Inquisición, donde se conserva un buen artesonado, y se pasa al gigantesco Claustro de los Reyes.

Claustro de los Reyes

Situado al este del conjunto del convento, se crea en una cronología posterior pero cercana a la totalidad del edificio y su construcción, pese a ser considerada como ámbito palatino de los Reyes Católicos, responde a la creación del Colegio de Estudios de la Orden, convertido posteriormente en Universidad.

El claustro inferior se eleva sobre un basamento, en el que se levantan las columnas y arcos rebajados con perlas y molduras. En el superior, los fustes son lisos, octogonales, y los arcos escarzanos y polilobulados, también moldurados. El conjunto del claustro impresiona tanto por su grandeza como por su sobriedad.

En la panda norte, identificada con el ámbito del palacio, destaca el llamado “Salón del Trono” en el piso superior, articulado en tres estancias y dos más pequeñas a ambos lados. El salón central tiene un artesonado de madera, decorado en sus tabicas con distintos motivos heráldicos (de los Reyes Católicos y de la orden dominica principalmente), y en el área inferior varias estancias enfiladas entre sí, siendo dedicadas actualmente al Museo de Arte Oriental con objetos artísticos procedentes de China, Japón, Filipinas y Vietnam, zonas evangelizadas por los misioneros dominicos desde finales del siglo XVI.

La panda sur está vinculada a la actividad universitaria, desde la creación del Estudio General de la Orden en 1504 hasta la desaparición de la Universidad en 1824. Sobre el primer piso se disponen tres pisos de celdas y en el piso inferior también hay aulas donde se accede por una puerta monumental en la que destaca un gran escudo pintado con las armas de Portugal (1580-1640) sobre el que se accede al Aula Magna, recientemente restaurada, y donde se pueden observar distintos frescos en los laterales.

En la panda este se abren dos salas en las que se ha ubicado actualmente el Museo de Ciencias Naturales donde se pueden contemplar ejemplares de especies disecadas, desde zorros, peces, aves, un leopardo o un mono.

FUENTES

CAMPERÁ GUTIÉRREZ, Beatriz I. Santo Tomás de Ávila: historia de un proceso crono-constructivo. Ávila, Institución Gran Duque de Alba, 2006.