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La basílica de San Vicente

La basílica de San Vicente tiene planta isidoriana y alzado compostelano, es decir, planta de cruz latina con tres naves y ábsides semicirculares con un transepto alargado. Debido a la orografía, se hubo de salvar un acusado desnivel con la edificación de la cripta en la cabecera, proporcionando esbeltez a los ábsides.

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San Vicente de Avila. Imagen Juan de la Puente

  • 1ª fase: Entre 1120-1130 y 1150. Se realiza la construcción de la parte principal de la basílica: cabecera, crucero y naves laterales, con fuerte influencia de San Isidoro de León. Un taller de escultores realiza las figuras de la cabecera y otro realiza las cornisas del ábside, crucero, la nave de la Epístola y las dos laterales, creando escuela en Ávila, donde ejercerán su influencia en la ciudad y en los obispados adyacentes.
  • 2ª fase: Entre 1150-1160 y 1180, recibiendo influencia borgoñona y del románico tardío, primordialmente Santiago de Compostela. Durante este periodo se prolongan las naves y se levantan las torres, el nártex y la portada occidental, incluyendo las tribunas y las bóvedas de la nave mayor, siendo contemporáneo a la construcción de la catedral y recibiendo influencia directa del maestro Fruchel.
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Cabecera de San Vicente. Imagen Vicente Camarasa

Los tres ábsides de la cabecera están elevados en batería, decorados con impostas y semicolumnas, donde se encuadran las capillas y la cripta de la Soterraña. Los vanos de la cripta son de medio punto abocinados abiertos en el siglo XVIII tras una restauración, mientras que los de la capilla mayor son arcos de medio punto decreciente. Las impostas son rosetas de cuatro pétalos en círculos, similares a las existentes en otros templos románicos abulenses y el alero decorado con canecillos de motivos vegetales, geométricos y animales. La decoración en el interior de la cabecera es igual que la del interior, resaltando una arquería ciega y las bóvedas que la cubren son de cañón y de horno.

El crucero, sobrio, de grandes dimensiones sin puertas, se decora con contrafuertes en las esquinas y alero con canecillos decorados. La cripta de la Soterraña, el crucero tan saliente y la disposición del Cenotafio de los Santos Mártires, bajo el arco formero al sur del crucero, mantiene relación con la roca martirial del ábside norte de la cripta, manteniendo una vínculo visual entre el cenotafio y el Altar mayor. El crucero se completa con el enterramiento del judío que enterró a los mártires y el sepulcro y altar de San Pedro del Barco (1610).

Se puede apreciar un gran cambio arquitectónico en la escultura y en la disposición de los vanos, además de las bóvedas, además de la construcción de las dos torres, la monumental fachada occidental y el nártex, con bóveda octopartita que hay que poner en relación con la catedral de Ávila y Vezelay.

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Interior San Vicente. Imagen Trevor Huxham

La tribuna tardorrománica cambió su estructura reduciéndose sus dimensiones convirtiéndola casi en un triforio gótico para el contrarresto de las nuevas bóvedas nervadas, concibiéndose la tribuna como un arbotante para situar un tejado sobre ella, sin carácter visible, a diferencia de la cantoría, situada sobre la portada occidental.

La principal decoración escultórica de la basílica son sus capiteles historiados, presentando gran variedad de temas, como grifos, arpías, centauros, felinos, quimeras, sirenas… y otros no tan comunes como uno que representa un castillo, otro con un elefante que aguanta un castillo, y otro con dos felinos con la cabeza entre las patas.

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Bóveda del cimborrio. Imagen Carlos Morales

El proceso constructivo culminará en el siglo XIII con la ejecución de la bóveda ochavada del cimborrio y el pórtico meridional de granito, con cubierta de madera y enlosado, cuyos capiteles se hermanan con las obras de la catedral, principalmente con los capiteles de la cabecera. Posteriormente se realizarán otros añadidos, como el último cuerpo de la torre, la sacristía y refuerzos.

La basílica finaliza en la transición del románico al gótico, pero a comienzos del siglo XIX y XX se realizaran una serie de restauraciones (Hernández Callejo, Repullés y Vargas…) que transformarán sustancialmente la morfología del templo.

Declarado Monumento Nacional en 1882.

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La Virgen de la Soterraña

 

Según cuentan las crónicas*, la Virgen de la Soterraña, patrona de la ciudad de Ávilaapareció” en basílica de San Vicente el día 7 de septiembre del año de 843, cuando los clérigos estaban celebrando los santos oficios oyeron un estruendo y bajaron a las “soterrañas” del edificio, donde hallaron la imagen de la virgen en un nicho, siendo venerada in situ desde entonces. El discutido hallazgo milagroso, de carácter legendario y puesto en entredicho en más de una ocasión, principalmente por corresponderse con la talla románica del siglo XII (quizá la hipótesis más plausible es que fuera trasladada por el rey Fernando I junto con otras reliquias) no resta importancia al lugar de su hallazgo, pues no es, ni mucho menos, casual: al igual que otros “hallazgos de imágenes” coetáneas, la Virgen de la Soterraña aparece junto a un pozo-manantial, instando a poner en contacto esto con la consideración de un lugar sacro desde tiempos inmemoriales. Además, a estas aguas se les ha dotado en muchas ocasiones de una función curativa, lo que ha permitido “sacralizar” todo el espacio subterráneo de la cripta, lugar santo sobre el que se levantará la basílica**.

Por otra parte, el rey Fernando III el Santo fue muy devoto de la Virgen de la Soterraña, mandando reparar el templo en 1252, y concediendo grandes privilegios al tiempo que confirmó sus franquezas y libertades.

Según una crónica de 1570 conservada en el archivo parroquial, la descripción de la imagen “Es una Theotocos, tallada en madera de nogal, y aparece sentada en un trono con respaldo; sobre su rodilla izquierda tiene al Niño, sentado y apoyado sobre el brazo izquierdo y muestra el pomo odorífico en la mano derecha. El rostro de la imagen es sereno; la mirada, penetrante y grave, ofrece un hálito de ternura y confianza; aparece tocada con un velo, que le cae por detrás de la espalda; el cuerpo se esconde bajo una túnica escotada, que cae plegada en relieves paralelos hasta los pies, señalada la cintura con una incisión horizontal; los bordes superiores de la túnica están pintados con encajes y el sillón está igualmente decorado con pinturas”.

 

La imagen fue mutilada para que pudiera ser presentada a los fieles con vestiduras y aderezos. La restauración de 1987 ha transformado radicalmente la imagen, despojándola de sus vestiduras para restituirla a su estado primitivo, distando mucho de ofrecernos el colorido original. El cambio entre la imagen restaurada y la talla original es tan brutal que a priori cuesta creer que sean la misma imagen, por tanto, nos vemos obligados a hacernos la pregunta.

¿Nos encontramos ante la misma talla de la Virgen de la Soterraña?

Si comparamos las dos imágenes, aparentemente podemos pensar que nos encontramos frente a dos tallas totalmente distintas. Ya no sólo el colorido, si no en la mutilación de los brazos en la talla de la izquierda es suplido con el añadido de la mano y el niño sobre el costado izquierdo, el cual se sabe que tenía la imagen y que se ha añadido en la figura de la derecha. Además, se advierte demasiada rigidez en la figura del niño que no presenta, ni de lejos, la misma calidad técnica y que sin duda es un añadido posterior.

No obstante, las similitudes las advertimos en el pedestal, que presenta la misma altura, y en los pliegues inferiores, por debajo de la cintura, resultando muy similares, al igual que los del cuello. Además, la postura forzada de la figura se mantiene en ambas. El rostro, en líneas generales, parece el mismo, con la ceja izquierda arqueada que resulta muy característica.

Por tanto, nos hallamos, pese a no poder estudiarla in situ, ante la misma imagen, pero ha sufrido un proceso de transformación brutal en la restauración. ¿Es lícito realizar tal restauración?

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¿Restauración o reconstrucción?

Con el propósito de devolver a la talla todo su esplendor, y basado en las descripciones que nos han llegado de la figura, con la restauración de 1987 se ha realizado la reconstrucción de las extremidades y del niño, repintado de las vestiduras y añadido de corona y velo, desvirtuando la imagen que se había conservado y a la que cuesta encontrar similitud con la actual.

No consideramos procedente la actuación realizada en la Virgen de la Soterraña, la cual después de ser mutilada, vestida y despojada de aderezos, se ha tratado de recuperar su aspecto original, sacrificando y reconstruyendo elementos que bien nos hacen pensar que mejor hubiera sido la creación de una imagen nueva, colocada para el culto en la cripta, y conservar la original y primitiva que nos había llegado.

Fuentes

* HERAS HERNÁNDEZ, Félix de las. La Iglesia de San Vicente de Ávila… : ampliada con un estudio sobre la Capilla de San Segundo. Ávila, Fundación Sánchez Albornoz, 1991.

** FERRER GARCÍA, Félix A. Rupturas y continuidades históricas: el ejemplo de la Basílica de San Vicente de Ávila, siglos XII-XVII. Ávila, Institución Gran Duque de Alba, 2009 pg. 137