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El monasterio de Nuestra Señora de Gracia

El monasterio de Nuestra Señora de Gracia se debe a Doña María Mencía López, viuda de Jorge Nájera, platero de la ciudad, quien estableció la fundación junto con sus hijas Isabel y María, además de una sobrina, también llamada Isabel.

Serían estas cuatro monjas quienes establecieran este convento hacia 1509, dentro de la orden agustiniana, en unas humildes casas cercanas al monasterio de Santo Tomás. No obstante, el número de monjas se fue incrementando en pocos años: en 1520 ya eran 12 miembros, incluidas María de Briceño e Isabel de San Jerónimo, y 15 más en pocos años, incluidas cuatro nietas de la fundadora doña María Mencía.

Debido al aumento de integrantes de la congregación, pasan a un solar más amplio, donde estaba ubicada la ermita de los niños San Justo y Pastor, mártires de Alcalá de Henares, y comienzan a construir lentamente, debido a problemas económicos, con la característica peculiar de la no existencia de un claustro cuadrangular, rasgo distintivo de cualquier convento, aunque sin embargo se establece aquí un patio amplio que desde el comienzo las monjas llamaron “El Campito”. El edificio se compone de un largo pabellón de sillería, con dos plantas.

La iglesia del convento se construye sobre una ermita que sufrió muy pronto una ampliación. Tiene una nave central, muy esbelta, y la parte primitiva es la capilla mayor, la cual fue fundada por Pedro Dávila, contador de Carlos I y regidor de Ávila, que tenía gran devoción al tener a su madre sepultada allí. Estableció un fondo para dotar a jóvenes pobres para casarse o que profesaran monjas y se hizo cargo de la construcción de la capilla mayor, iniciada en 1531 y terminada en 1535, aunque  no será hasta 1551 cuando se dé el concierto y dotación.

Lo más valioso y bello de la iglesia es el retablo, obra de Lucas Giraldo y Juan Rodríguez, discípulos de Vasco de la Zarza, sobre el que se alinean cuatro altares laterales.

En este monasterio permaneció, de junio de 1531 a otoño de 1532, Teresa de Ahumada, a la edad de 16 años pues, en lo que era un conato de enamoramiento con un primo suyo, su padre le internó en el convento. Teresa, rebelde y con carácter, aún no tenía su vocación religiosa y sin duda le hubiera gustado presenciar las fiestas y juegos que se produjeron en la ciudad durante la visita de la emperatriz Isabel y se tuvo que contentar con escuchar las historias a través del locutorio del convento. Fue fundamental durante este periodo para Teresa la figura de su instructora María de Briceño, encargada de la educación de las muchachas seglares y de la que quedaría muy impresionada por su espiritualidad y que pondría la primera piedra del camino vocacional que empezaría a recorrer Teresa de Ahumada.


En la pasada edición de Las Edades del Hombre, “Teresa, Maestra de Oración” el monasterio de Nuestra Señora de Gracia fue una de las tres sedes abulenses y acogió el Capítulo Primero «Os conduje a la tierra del Carmelo», donde se desarrolló la exposición centrada en los orígenes de la Orden del Carmelo, a la que pertenecía Teresa de Jesús.

Iglesia de San Juan Bautista

Foto de avilas.es

Foto de avilas.es

La iglesia de San Juan fue, en un principio románica, y aunque había sufrido varias reformas, se decidió, hacia 1504, su ampliación, transformándose en un templo gótico. Esta parroquia ha sido muy importante en el acontecer de la ciudad, pues desde el siglo XIII se reunían bajo sus soportales  los regidores cuando no había de Ayuntamiento, y era la sede del llamado banco de San Juan, uno de los bandos en los que se organizaba el concejo de la ciudad y representado por el linaje de Esteban Domingo, es decir, los Dávila con trece roeles en su escudo.

La reforma del siglo XVI fue diseñada por Martín de Solórzano, el cual, pese a partir hacia Plasencia al poco de firmar los contratos de construcción, definió las trazas y líneas maestras del templo, comenzando en 1504 y continuándose a lo largo de todo el siglo, y continuando las obras Pedro Guelmes y Pedro de Gumiel. El templo se estructura con una nave central, con tres desiguales tramos que cubrieron con bóvedas, y con capillas irregulares en los laterales, aunque no se sabe hasta qué punto la estructura anterior del templo condicionó la planta del nuevo. Un poco por su planta, la traza de las bóvedas, los perfiles de los arcos y el juego bícromo de los materiales – la sillería gris granítica de los muros y las bóvedas con ocre arenisca románica reutilizada – recuerdan un poco al monasterio de Santo Tomás.

En 1537, el mismo maestro levantó frente a la puerta norte, una torre gótica que cegó una de las ventanas del templo, y que se llamó “torrejón”, constando de tres cuerpos de campanas y chapitel que se puede apreciar en la vista de Ávila de Wyngaerde (1570). El mismo torrejón fue sustituido por la actual torre hacia 1700. Además, en 1539 se instaló la campana llamada “zumbo”, traída desde Olmedo, que marcaba las horas y el ritmo de la vida de los abulenses, y que llevaba grabado el escudo de armas de la ciudad y dos cruces, junto con la leyenda “esta campana o reloj mandaron hacer justicia y regidores de esta ciudad a su costa y es suya. Hizose año de 1539”. Un año después se colocó el reloj de la torre, traído de Medina del Campo y comprado a Juan Jalón, pagando 100 ducados de oro por el artilugio.

Hacia mediados del siglo XVI se acometió una nueva reforma, esta vez de la cabecera para acoger la capilla funeraria de Sancho Dávila, el Rayo de la Guerra, entre 1559-1598. Pese a que su primera intención fue enterrarse en la catedral, su deseo no pudo verse cumplido, y también, pese a pertenecer al linaje de Blasco Jimeno, los Dávila de los seis roeles, por sus méritos y como reconocimiento a sus méritos, le fue concedido el privilegio de poder enterrarse en la sede del banco de San Juan, del linaje de los Dávila de los trece roeles.

En la capilla intervinieron Pedro Tolosa, Diego Martín de Vandadas y Francisco de Arellano, que en 1570 realizaron las capillas laterales con bóvedas de horno aveneradas, y a partir de 1585 serán Diego Martín de Vandadas, Cristóbal Jiménez y Francisco Martín quienes terminen el edificio. El resultado es una cabecera cubierta por una gran bóveda de cañón con motivos geométricos, que incorpora un altar elevado con dos hornacinas laterales de enterramiento en el que va incluida una gran cripta funeraria con bóveda de medio cañón fajeados y con lunetos de ajustada estereotomía.

Es considerada un ejemplo del último lenguaje renacentista cercano al purismo escurialense.

En esta misma iglesia fue bautizada, el 4 de abril de 1515, Teresa de Cepeda y Ahumada, en la misma pila bautista que se conserva en el templo y, curiosamente, el mismo día que se inauguraba el monasterio de la Encarnación, el mismo donde años después sería Teresa su priora.

En la edición de Las Edades del Hombre, “Teresa, Maestra de Oración” la iglesia de San Juan Bautista fue una de las tres sedes abulenses y acogió el Capítulo Cuarto “Maestra de Oración“, donde se desarrolló la exposición centrada en la meditación, la oración y la búsqueda de Cristo a través del Evangelio por parte de Teresa de Jesús.