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El arqueólogo que dejó huella

Anoche recibía la terrible noticia del fallecimiento de una gran persona, Jesús Liz Guiral. En breve, mi teléfono y las redes sociales se llenaban de mensajes de amigos, compañeros, alumnos que lamentaban la pérdida de Jesús. No es para menos. Bonachón, brillante, cercano, arqueólogo, ilustrado, con un sentido del humor tan peculiar como negro y maño, fue mi profesor en la facultad y fue de aquellos que dejó huella. Con él aprendimos a mirar el mundo con otros ojos, tanto en el aula como fuera de ella.

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En nuestra primera clase de Arqueología nos hiciste escribir en un papel qué era para nosotros la Arqueología, dudando de si era una ciencia, disciplina o rama de la Historia. Hoy todos tus pupilos lo sabemos sin dudar: Arqueología eras tú. Contigo aprendimos de datación, fotografía aérea y estratigrafía, quien era Binford y Renfrew, de arqueología submarina, Canfranc, las malditas matrices de Harris, de villas romanas… y más, mucho más de aquellas clases que amenizabas con sutiles comentarios con tu humor que pocos comprendíamos entonces.

Y fuera del aula aprendí de ti a vivir y a soñar. Contigo, Jesús, aprendí lo que de verdad era una excavación, a coger bien el pico, a no mezclar el vino, a comprender a esos locos romanos, a conocer Lancia, la importancia del sombrero de paja, a descubrir yacimientos con tus explicaciones, el rock de los setenta, a defender mis ideales, a ser firme en lo que creo, a creer que algo es posible, a rectificar cuando me equivoco e infinidad de pequeñas cosas salpicadas de anécdotas que quedarán siempre en el recuerdo.

Hasta siempre, Jesús. Arqueólogo, profesor, padre, amigo. No te olvidaremos porque dejaste huella en nosotros, siempre habrá algo que nos recuerde la gran persona que siempre fuiste. STTL

El Gran Cazador Blanco, como me llamabas

Hotel Continental

En la plaza de la catedral de Ávila se disponen una serie de palacios que destacan por su majestuosidad: Velada, Valderrábanos… pero también, justo enfrente de la portada principal de la catedral, se encuentra un edificio del siglo XIX en estado total de abandono, testigo mudo de nuestra historia y de un pasado en el que seguramente albergó a viajeros, celebridades y personas anónimas que durante algún tiempo se alojaron entre sus muros. En su fachada aún se pueden ver las enormes letras “Hotel Continental”.

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Este emblemático edificio fue construido por un extranjero, concretamente inglés, John Schmit, en la época en que se inauguró el ferrocarril en la capital abulense y que trajo un despegue y desarrollo sin precedentes hasta entonces. De hecho, el mismo Schmit fue uno de los ingenieros que diseñó la línea de ferrocarril Madrid-Ávila, y pese a ganarse la vida como ingeniero, finalizado este proyecto, acabó construyendo este edificio en 1862, al percatarse de que la ciudad no contaba con ningún hotel donde alojar a los nuevos viajeros plácidamente. De esta manera, creó el primer hotel de prestigio en Ávila, recibiendo el nombre de “Fonda del Inglés”, pasando posteriormente a manos de José Tomé. Tras la guerra civil se cambió el nombre al establecimiento por Hotel Continental, debido a que a que los ingleses no eran bien vistos en España al no ser aliados. La vida del establecimiento continuó hasta ser abandonado, y termina presentando la decrepitud que presenta hoy día.

 

La rehabilitación del edificio parecía un hecho constatable e inminente hacia 2008, cuando había un proyecto de construcción de ocho viviendas, nueve apartamentos y un local comercial del grupo Inditex (Zara), con las restricciones de patrimonio de mantener la volumetría de la estructura de la cubierta del patio, además de los forjados y la estructura cubierta. De hecho, las obras comenzaron y el edifico fue vaciado, se practicaron las catas arqueológicas de rigor y aparecieron además de los muros de una casona del siglo XVI… ¡sorpresa! unos mosaicos romanos que ya los quisiera yo en mi casa, siendo los primeros que se descubren dentro del casco urbano de la ciudad, fechados entre el siglo II-IV d.C.

Los restos de los mosaicos se conservan en perfecto estado, y barajaron las opciones que había para su conservación:

  1. Extracción de los mosaicos y que se exponen en las dependencias del Museo Provincial
  2. Acondicionar la zona para que los restos puedan ser visitables.

 

Las excavaciones arqueológicas concluyeron y no se llegó a ningún acuerdo, pues la propia rehabilitación del edificio se paralizó. Al parecer, los restos aparecidos no condicionan una buena musealización. Por tanto, la opción más viable, a mi entender, sería trasladar los restos al museo, pero ni una ni otra cosa se ha realizado hasta el día de hoy. Me pregunto si no será en virtud del inmovilismo en pos de conservación del pasado a costa de dejar las cosas como están y no tocar nada.

Sea como fuere, el edificio del Hotel Continental sigue ahí, solo, vacío y decrépito, dando una mala imagen en pleno corazón de la ciudad, sin que se complete la restauración de ese edificio del siglo XIX, tan glorioso en otra época, y ante la pasibilidad del patrimonio, las autoridades y los ciudadanos. Fue construido como un hotel majestuoso pionero en Ávila y casi un palacete, pero solo es un recuerdo de lo fue. Aunque ya se sabe, las cosas de palacio van despacio.

Y van más de cinco años esperando.

Y los que quedan.

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Ernest Descals. Vestíbulo Hotel Continental