Pedro de Alvarado, conquistador de Guatemala

Era de «muy buen cuerpo y bien proporcionado, y tenía el rostro y cara muy alegre, y en el mirar muy amoroso, y por ser tan agraciado le pusieron por nombre los indios mexicanos Tonatio, que quiere decir sol, era muy alto y buen jinete, y sobre todo ser franco y de buena conversación, en vestirse era muy pulido, y con ropas costosas y ricas…»[1]

Pedro de Alvarado era lugarteniente de Cortés, y como ya me referí antes acompañó a Grijalba y estuvo en la conquista del imperio mexica. Una vez conquistado éste, ya fuese por curiosidad de conocer nuevos pueblos, ilusión de encontrar minas y metales preciosos o ampliar sus dominios, Hernán Cortés decidió enviar dos expediciones al sur: una al mando de Cristóbal de Olid a Honduras, y otra al mando de Pedro de Alvarado hacia Guatemala. “le despaché desta cibdad a seis días del mes de deciembre del mill y quinientos y veintetrés años. Y llevó ciento y veinte de caballo, en que con las dobladuras que lleva ciento y sesenta caballos y trecientos peones, en que son los ciento y treinta ballesteros y escopeteros. Lleva cuatro tiros de artillería con mucha pólvora y munición, y lleva algunas personas principales ansí de los naturales desta cibdad como de otras cibdades desta comarca y con ellos alguna gente, aunque no mucha por ser el camino tan largo[2]. Entre la gente iban tres de los hermanos Alvarado y dos primos suyos, dos clérigos y unos mil indígenas tlaxcaltecas, mexicanos y cholutecas.

Se dirigieron hacia Tehuantepec, y a partir del 13 de febrero se pusieron en marcha avanzando hacia los dominios del reino quiché, llegando a Zapotitlán, donde se tuvieron que enfrentar a los indios y los derrotaron. A continuación libraron numerosos enfrentamientos contra los indios, saliendo victoriosos pasando grandes apuros, superándoles en tácticas militares, y con la gran suerte de caer en la batalla Tecum Umán, que lideraba las tropas quichés, y que contribuyó a la derrota, pudiendo los españoles descansar en Quetzaltenango (antigua Lahuh-Quieh), pero rápidamente atacaron otra vez los indígenas, que volvieron a ser derrotados. Según algunos relatos los señoríos quichés solicitaron la paz e invitaron a Alvarado a la capital, Utatlán, y una vez allí consiguió atraer a los dos caciques principales, que hizo prisioneros y el 7 de marzo de 1524 los mandó quemar, al igual que la ciudad. Esto produjo un levantamiento de los quichés.

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Como ya hicieran los españoles en la conquista del imperio mexica, también ahora aprovecharon la rivalidad de las tribus indígenas, y conocida la rivalidad entre quichés y cakchiqueles, Alvarado se dirigió a estos últimos solicitándoles ayuda, recibiendo 4.000 guerreros y destruyó poblados y labranzas, aniquilando a los rebeldes y haciendo esclavos a los prisioneros. Su fama devastadora que le precedía era un sistema eficaz a la hora de enfrentarse a los adversarios. Sometidos los quichés Alvarado y su hueste se dirigieron a la capital del reino cakchiquel, Iximché o Quahtemallan, llegando el 12 de abril de 1524 y recibidos en son de paz. Pese a las muestras de amistad de los cakchiqueles, Alvarado se mostró desconfiado.

Recabadas noticias de las tierras inmediatas, el comandante conoció la existencia del pueblo de Atitlán, enemigos de Iximché, y decidió someterlos partiendo el 17 de abril con 60 jinetes, 140 infantes y un destacamento de cakchiqueles. Tras un primer enfrentamiento donde vencieron fácilmente, llegaron a la capital, que estaba vacía, y consiguió la pacificación del territorio optando por la vía diplomática. En un espacio de tiempo relativamente corto, los 3 principales reinos de Guatemala habían quedado dominados, y otros pequeños cacicazgos se sometieron voluntariamente.

Alvarado siguió avanzando territorios y pronto tuvo contacto con pueblos de lenguas distintas a las conocidas, y allá donde iba era recibido en son de paz, pero a continuación los indios abandonaban los poblados y huían a los montes cercanos para organizar la resistencia, y los causaban bajas a los españoles, robándoles material y obligándoles a permanecer siempre en guardia. El 6 de junio de 1524 la hueste cruzaba el río Paz, y al cabo de unos días penetraron en Acajutla, donde los esperaba un ejército de 6.000 indígenas en formación de combate, librándose una lucha durísima donde el propio Alvarado quedó malherido en una pierna. Se encaminaron al norte pasando por Tacuzcalco, donde se organizaban los indios, y dividiendo el ejército hispano en tres secciones obtuvieron la victoria, y el 17 de junio estaban en Cuzcatlán, la capital, donde la población huyó y no regresó. La expedición se saldó con muchos mexicanos, tlaxcaltecas muertos, pérdida de caballos, no habían obtenido oro ni plata pero si una resistencia latente, y decidieron regresar a Iximché, donde llegaron el 21 de julio. Allí y sobre esa ciudad Alvarado decide fundar Santiago de los Caballeros de Guatemala (que sufriría varios traslados). Los indios mexicanos fueron autorizados a regresar a su tierra, de manera que solo quedaron en tierras guatemaltecas los soldados españoles y tlaxcaltecas.

Con escaso número de personas Alvarado cometió un error producto de su temperamento exaltado y belicoso, pues decepcionado por el escaso botín recaudado en su última expedición, decidió imponer a los cakchiqueles un tributo de oro excesivo y un duro castigo si no se recaudaba lo establecido, y los indios se sublevaron en todo el territorio, y se tardó varios años en pacificar la zona, hasta 1530, teniendo que abandonar Iximché y trasladarse a Olintepeque. Los indios capitularon el 8 de mayo de 1530 y Alvarado impuso graves penas y tributos excesivos, exigió la entrega de oro, obligó a trabajos forzados y esclavizó a un gran número de nativos.

Entre 1526 y 1527 Pedro de Alvarado viajó a España a entrevistarse con Carlos pues creía que merecía una recompensa por haber luchado por Dios, el Rey y la Patria. Allí se casó con Francisca de la Cueva que hizo que desaparecieran sus dificultades: recibió el hábito de Santiago en grado de Comendador; se le confirmaron los repartimientos de indios; y el 18 de diciembre de 1527 fue nombrado Gobernador y Capitán General de la provincia de Guatemala, y a los dos días se le designaba “Adelantado”, título proporcionado a un gobernador civil y militar.

Después volvió a América, y desde allí planeó una expedición a la Mar del Sur partiendo el 23 de enero de 1534 y allí anduvieron perdidos durante algunos meses, pero tuvo que desistir en la conquista del Perú por hallar enfrentamiento con otros capitanes españoles, entre ellos Francisco de Pizarro, Diego de Almagro y Sebastián de Benalcázar, y la hueste de Alvarado no estaba en condiciones de iniciar un combate; y tuvo que volver derrotado, humillado y con la pérdida de todo lo invertido. Después volvió a Honduras donde pacificó la región. Volvió de nuevo a España donde obtuvo una capitulación para descubrir y conquistar las islas del Mar del Sur, y ante el fallecimiento de su mujer contrae de nuevo nupcias, esta vez con Beatriz de la Cueva, hermana de la difunta.

No dudó en volver a ponerse en marcha, y esta vez planeó ir hacia las islas de las especias. En septiembre de 1540 partió rumbo norte, pero llegó a la región de Nueva Galicia en un momento en el que los indígenas se encontraban sublevados, y no dudó en prestarse a pacificar la región militarmente. El 24 de junio de 1541 los españoles ponían cerco a Nochistlán, Alvarado fue arrollado por el caballo de un compañero inexperto que huía del contraataque de los indios chichimecas, y murió el 4 de julio de 1541.

 Carlos Cañas Dinarte

 Bibliografía

[1] DIAZ DEL CASTILLO, Bernal. Historia verdadera de la conquista de la Nueva  España. Madrid, Alianza Editorial, 1989

[2] CORTÉS, HERNÁN. Cartas de Relación.. Madrid, Edit. Castalia, 1993, pg. 475

BENNASSAR, Bartolomé. Hernán Cortés. El conquistador de lo imposible. Madrid, Temas de Hoy, 2002

DIAZ DEL CASTILLO, Bernal. Historia verdadera de la conquista de la Nueva  España. Madrid, Alianza Editorial, 1989

CORTÉS, Hernán. Cartas de relación. Edición de Ángel Delgado Gómez. Madrid, Edit. Castalia, 1993

GUTIÉRREZ ESCUDERO, Antonio.  Pedro de Alvarado, el conquistador del país de los quetzales. Madrid, Anaya, 1989.

LOPEZ DE GOMARA, Francisco. La conquista de México, Madrid, Dastin, 2000

LUCENA SALMORAL, Manuel (Coor). Historia de Iberoamérica. T. II. Madrid, Sociedad Quinto Centenario [etc.], D.L., 1992.

MIRALLES, Juan. Hernán Cortés. Inventor de México. Barcelona, Tusquets Editores, 2002.

MENA GARCÍA, Mª. Carmen. Pedrarias Dávila o la Ira de Dios, una historia olvidada. Universidad de Sevilla, 1992.

THOMAS, Hugh. La conquista de México, Barcelona, Planeta, 1995.

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