La torre de Eiffel

Si nos acercamos a la localidad de las Navas del Marqués, quizá sorprenda encontrarse, en la urbanización de Ciudad Ducal, con una atalaya de hierro fundido con una doble funcionalidad: mirador de un maravilloso paisaje, y como torre de vigilancia de incendios. Pero lo que más sorprende descubrir es que tal monumento es una construcción diseñada en el estudio del renombrado arquitecto francés Gustave Eiffel en 1873, logrando un extraordinario sincretismo entre lo lujoso y lo práctico.

El mercado medieval

Una de las tradiciones más arraigadas de los abulenses es el Mercado Medieval. Durante un fin de semana de septiembre, cuando el verano y las fiestas de las pueblos tocan a su fin, evocamos a nuestros antepasados celebrando unas jornadas lúdico-festivas que si bien no tienen ningún parecido con la realidad de lo que fue el medievo, el objetivo es hacer de nuestras calles el orgullo que no sentimos durante el resto del año. Para ello hemos creado un modelo de jornadas-mercado-circo-carnaval que hemos exportado a cualquier villa, ciudad y pueblo de Castilla y parte del extranjero. No por algo llevamos dos décadas haciendo lo mismo.

El abulense no se disfraza de medieval, se viste, y cualquiera que insinúe lo contrario conllevara batirse en duelo para defender su honor a capa y espada. Y pese a ser una ciudad de caballeros, preferimos vestirnos de campesinos porque, además de pobres, somos humildes.

Ávila es un hervidero de gente que abarrota sus calles, pues tal festividad, además de hacer salir a la calle los autóctonos con nuestras mejores galas, hace retornar a los paisanos que viven en la capital y provincias adyacentes, por no hablar de los turistas que vienen atraídos con falsas promesas de encontrarse a unos incivilizados guerreando con espadas, palos, arcos y flechas, los olores de aromáticos inciensos y el sonido de gaitillas y tambores, además de chuletones, costillares y morcillas asándose en cada esquina.

¿Cómo reconocer a los abulenses entre tanta muchedumbre? Muy sencillo, solemos agruparnos en pequeños corros en medio de las calles, saludando a conocidos de los cuales no habíamos tenido noticias, salvo por whatsapp, desde el pasado mercado medieval, interrumpiendo el paso y molestándonos si alguien nos recrimina el no avanzar y paralizar la marcha en ambos sentidos. Incluso escaramuzas a cuchillo se han llegado a dar por este motivo.

Y en las tabernas. Los abulenses tenemos un sexto sentido para saber dónde están situados todos los bares del mercado, recorrerlos y disfrutar de suculentos pinchos medievales con hidromiel, vino, zumo de cebada, licores, mojitos y daiquiris, dependiendo de la hora.

Por otra parte, a la hora del buen yantar sabemos cuidarnos, pues aparte de carnes a la brasa, caldereta de cabrito y pulpo – exclusivo para guiris, reyes y sibaritas a precios prohibitivos– nos aficionamos, por costumbre o tradición, a la comida rápida medieval como kebabs y crêpes, los cuales se tarda menos en consumirlos que en conseguirlos. Y de postre, podemos deleitarnos con chocolates y dulces artesanales o relajarnos con un té moruno.

Por si fuera poco, en los propios puestos del Mercado podemos comprar todo tipo de productos medievales imprescindibles, como embutidos, hierbas milagrosas, jabones, espadas y cuchillos made in taiwan, artesanía de cuero, vino, platería, libros, ovejas, monedas, amuletos contra el mal de ojo y trastos viejos del pueblo como trillos y llaves oxidadas que se revalorizan a día de hoy gracias al estilo retro última moda.

No suelen faltar a la cita medieval algunos puestos típicos como el campamento de nobles arqueros en San Vicente, el herrero y su fragua que causa gran atracción entre las huestes urbanas que creían que las espadas crecían en los árboles, el campamento medieval en el Mercado Grande, el tiovivo, la judería en la calle de aquellos que los expulsaron, la morería y los puestos de la Cruz Roja y protección civil, además de la cetrería, que aglomera a multitud de curiosos que miran a unas asustadas rapaces a la espera de que hablen o les cuenten un chiste, y hacen una exhibición donde siempre – ya sea por tradición o por abundancia de palomas y tordos – se extravía algún águila, copando titulares al día siguiente.

Por último, señalar que durante las jornadas medievales nuestras calles se llenan de personajes de lo más variopinto, donde lo medieval se funde con lo perroflauta pasando por lo hippy. Así, de esta manera, podemos encontrar con caballeros de rancio abolengo, princesas, moros con chilaba, saltimbanquis haciendo acrobacias o espectáculos de fuego y malabares, sarracenos armados, monjes en actitud pecadora , judíos, celtas y tontones, la comitiva de la Inquisición, vikingos extraviados, bailarinas árabes moviendo la panza, templarios, gente con mallas o leotardos, brujas, hobbits, elfos, hadas, druidas haciendo queimadas, romanos, músicos, piratas del Caribe, bufones, hombres vestidos con harapos hablando un lenguaje que nadie entiende, Conan luciendo músculo, arqueros, Águila Roja, personajes de Juego de Tronos descontextualizados intentando sobrevivir y hasta algún concejal disfrazado para la ocasión desfilando como en una procesión.

Ya saben, lo normal en un día cualquiera en la Ávila profunda medieval.

El relato anterior forma parte del libro “El mundo según los abulenses” (2015), éxito superventas en la Feria del Libro abulense y que nos sirve para presentar el éxito que ha supuesto este año su segunda parte “El mundo según los abulenses Vol. 2” (2016) en el cual se sigue la temática abulense en tono de humor compuesto por relatos de los miembros de la Asociación Cultural de Novelistas La Sombra del Ciprés.

La sierpe

Cualquier persona que visite el Jardín de San Antonio, sin duda, quedará maravillado por su belleza, pero sobretodo anonadado por su fuente ornamental de la Sierpe. Representa a un ser monstruoso y mítico encargado por el regidor Alonso del Cárcamo y Haro al maestro entallador Andrés López, el mismo que dos después realizaría los sepulcros de los fundadores de la capilla de Mosén Rubí (6 de agosto de 1581). Al escultor se le encargó la parte escultórica y de los trabajos técnicos, tanto el encañonamiento como la traída de las aguas, por un importe total de 800 reales.

La fuente, realizada en un bloque de granito que se barrenó, se rodeó de un estanque y en su estructura interna se le instalaron tuberías por las que entraba el agua para salir por la boca, ojos y oídos de la monstruosa Sierpe, y además fue pintada al óleo con colores, causando gran espanto y asombro para su época, aunque la policromía se fue perdiendo y nada de ella nos ha llegado.

Esta fuente monumental representa una muestra de los ingenios hidráulicos utilizados en el jardín, en este caso uno de las primeras manifestaciones de este tipo de ser monstruoso y mítico en España y que eran comunes en los jardines italianos renacentistas. Dicha fuente era tan impactante que mereció la atención – y la admiración – del rey Felipe II y Margarita de Austria, en su visita a la capital abulense en el año 1600.

A día de hoy podemos seguir disfrutando de esta magnífica fuente ornamental, en su mismo sitio, tras algunas reparaciones y restauraciones, no todas ellas acertadas.

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Fotografía de Ana LLadó

El Pote de Ávila

«Ávila señorea los graneros, las eras y los mercados de toda Castilla; tiene el privilegio de la medida de los granos; por el “marco de Ávila” se han de regir mercantes y libradores»

Azorín

 

El privilegio de la medida de los granos al que se refiere Azorín, es lo que se ha denominado durante siglos “el pote de Ávila”. El recipiente es cuestión tiene forma de caldero, redondo y de hierro fundido, con tres pies y dos asas, y que fue adoptado por el rey Juan II de Castilla como patrón de medida para todos los Concejos del Reino, en las Cortes de Madrid de 1435 y de Toledo en 1436:

“Item, que la medida para vino, así de arrobas como de cántaras y azumbres y meidas azaumbres y medias azumbres y quartillos, que sean en la medida toledana… Item, que todo el pan que se hobiere de vender y comprar, que se venda y compre por la medida de la ciudad de Ávila“.

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Pote de Ávila

El Pote de Ávila, “que facedoce celemines” o media fanega, equivalía a cincuenta y cinco litros y medio, conformaba la medida legal para el grano (áridos) junto con la vara de Burgos (longitud) y la cántara de Toledo (líquido). El carácter obligatorio de la medida hizo que se extendiera, con los siglos, a todo el territorio de la península Ibérica, e incluso América, según señala Mayoral, con el nombre de almud (de origen árabe). La medida del pote de Ávila se mantuvo en uso hasta la adopción del sistema métrico decimal en 1880.

El pote original se guardaba en la alhóndiga, situada en el Mercado Grande frente a la muralla, lugar donde se controlaba el mercado de cereales. De hecho, en uno de los relieves del edificio que se conservan se puede apreciar la medición del grano en un celemín. Posteriormente, fue custodiado en una de las salas de la Casa de las Carnicerías para después ser cedido por el Ayuntamiento de Ávila al Museo Provincial de la Ciudad, donde puede contemplarse a día de hoy.

La fabricación de todos los potes debían de elaborarse según el troquelado del pote abulense para que todos tuvieran las mismas características, y aquellos que no usaban potes no verificados eran sancionados por las autoridades. De hecho, la verificación de los potes era una ceremonia importante que se realizaba en la plaza junto a la Casa Consistorial, participando en ella, además de un fiel municipal que ejecutaba las mediciones, un secretario que expedía un documento oficial, y las autoridades civiles y eclesiásticas, con sus ornamentos y mejores galas.

Y de esta curiosa “ceremonia” donde se quiere dar más importancia a un hecho que quizá no lo mereciera, deriva la expresión “darse pote, bombo, boato y postín”.

Fuentes

Medir sin metro

http://www.unaventanadesdemadrid.com/avila-i.html

http://avilared.com/not/14232/el-pote-de-avila-pieza-del-mes-en-el-museo

http://www.tribunaavila.com/noticias/el-pote-de-avila-es-la-pieza-del-mes-de-abril-y-mayo-del-museo-de-avila

http://www.lasyernas.com/historia.htm

http://www.1de3.es/tag/medida/

 

P.D. El Pote de Ávila es tan importante que ha merecido la distinción de dar nombre a una pequeña calle en el sur de la ciudad abulense.

La ermita de San Segundo

La iglesia de San segundo es la más occidental de los templos abulenses, y también situada a menor altitud al situarse a orillas del río Adaja. Tenía advocación a San Sebastián y Santa Lucía, pero en 1519, tras el descubrimiento de una sepultura con restos humanos en la que se podía leer “Santus Secundus”, hizo que se creyera que pertenecería a los restos del apóstol Segundo, el cual, además de ser quien fundara la ciudad de Ávila, sería el primer obispo de la ciudad. El traslado de los restos de San Segundo desde la ermita a la catedral se celebró a finales del siglo XVI, con gran júbilo entre los abulenses. Desde entonces, la ermita pasó a llamarse de San Segundo, y el culto a San Sebastián se trasladó a un pequeño humilladero a la salida de la ciudad en la carretera de Salamanca, y que hoy conocemos como los Cuatro Postes. Con la nueva advocación a San Segundo se pasó a tener un vínculo sentimental de la ciudad con la iglesia, aunque durante los siglos de la modernidad hubo una pérdida de actividad y olvido hasta 1923, con la declaración de Monumento Nacional, que hizo que se volviera a conmemorar y celebrar el patronazgo del Santo sobre la ciudad de Ávila.

La construcción del templo se estima que sería entre el 1130 y 1160, al ser coetánea de San Andrés y a la que tradicionalmente se le relaciona. Tiene planta de tres naves y una cabecera tripartita desviada, lo que se en alguna ocasión se ha justificado al relacionarlo con la inclinación de la cabeza de Cristo en la cruz, aunque no parece plausible esta explicación, señalando como causa más probable que se debiera a alguna irregularidad del terreno, a un fallo de los constructores o incluso a la existencia de alguna estructura de un culto anterior. De estilo románico solamente se conserva la cabecera triabsidal, la portada meridional y los muros de carga aunque la cabecera ha sido muy transformada al abrirse comunicación entre las tres capillas a través de arcos.

El templo se alza sobre un zócalo de sillares de granito, sobre las cuales se levantan hiladas de granito ocre de piedra caleña. La cabecera, rematada con canecillos de nacela, no tiene vanos y en su parte norte se han añadido algunas edificaciones posteriores adosadas, mientras que en el interior se cubre con bóveda de cañón y horno.

Mientras que la puerta oeste es del siglo XVII, con un gran arco carpanel y un óculo sobre ella, es de estilo barroco y permanece cegada, la puerta del mediodía, si es de estilo románico, abocinada y de medio punto, está decorada con arquivoltas de rosetas y de baquetón sobre jambas y columnas lisas, grifos, hojas similares a las de San Andrés e incluso un ave con las alas extendidas que decoran los capiteles. Se estima que intervinieron dos talleres escultóricos en la fábrica de San Segundo, uno que trabajaría la cabecera, y otro la portada, hacia el segundo tercio del siglo XII.

Con el devenir de los siglos la iglesia de San Segundo ha sufrido grandes transformaciones, como la construcción de una pequeña sacristía, o los grandes arcos de separación de las naves y que soportan la armadura y cubiertas de madera. Y también, la curiosa construcción adosada a su pared norte, hoy en ruinas y de la cual solo permanecen en pie los muros exteriores, que pertenece a la primera casa que tuvieran los carmelitas calzadas al establecerse en Ávila, allá por el 1600.

Las últimas obras de restauración de la ermita se han centrado en las cubiertas, a cargo de construcción y restauración Stoa. Aquí se puede consultar, además del antes y el después, el proceso de restauración del mismo.

FUENTES

FERRER GARCÍA, Félix A., La Invención de la Iglesia de San Segundo. Cofrades y frailes abulenses en los siglos XVI y XVII, Excma. Diputación Provincial de Ávila. Institución “Gran Duque de Alba”, 2006.

http://www.romanicodigital.com/detalle-Pdf.aspx?archivo=%C3%81VILA&localidad=%C3%81VILA

http://www.avilaturismo.com/es/que-ver/item/41-san-segundo

http://www.arquivoltas.com/24-Avila/02-AvilaSSegundo.htm

https://es.wikipedia.org/wiki/Ermita_de_San_Segundo_del_R%C3%ADo_Adaja

 

San Isidoro de Ávila

retiro-parque-madrid-blog12La ermita de San Isidoro o de San Isidro estaba situada extramuros de Ávila, frente a la puerta de la Malaventura, y tras su desamortización sus restos, tras diversos traslados, se ubican actualmente en el parque del Retiro en Madrid. En un comienzo, la ermita se denominaba San Pelayo en honor al mártir cordobés en el año 1000. Posteriormente, su nombre fue cambiado a San Isidoro por el hecho, quién sabe si real o ficticio, de haber acogido los restos de San Isidoro en su traslado desde Sevilla a León, por parte del rey Fernando I, al mismo tiempo que ordena el traslado de los santos Vicente, Sabina y Cristeta a un lugar más seguro (monasterio de San Pedro de Arlanza, en Burgos) por la inseguridad  ante incursiones musulmanas y la impresión negativa que le produjo la ciudad de Ávila.

La construcción del templo debemos situarla hacia mediados del siglo XII realizada en piedra caleña de la Colilla y a pesar de su práctica desaparición conocemos de cómo era a través de los dibujos de Wyngaerde, Repullés y Vargas, las estampas de los Monumentos Arquitectónicos de España, y a través de diversa documentación del Archivo Municipal y de un libro de la Cofradía de San Isidoro conservado en la sacristía de la iglesia de San Nicolás.

El templo es de planta única, con una cubierta de madera, al igual que otras iglesias románicas de Ávila, con una cabecera profunda y dos puertas, una hacia el mediodía y otra a los pies. El ábside tiene un tramo curvo y otro recto, dividido en dos, con arquerías murales, las bóvedas que lo cubrían son de cuarto de esfera y de medio cañón con arco fajón, apreciándose ciertas similitudes con las cabeceras de San Vicente, San Andrés y San Pedro. El paño estaba dividido en tres calles por dos semicolumnas adosadas, y centrando cada espacio una ventana con fuerte derrame al interior. Lamentablemente, tanto la cubierta de las naves y la cabecera, se han perdido. Por su parte, la portada guarda semejantes con los modelos realizados en San Andrés y San Vicente, aunque con algunas discrepancias como la ausencia de la alternancia entre rosetas y baquetones.

Su agónica existencia hizo que llegara al siglo XIX muy deteriorada y prácticamente en ruinas, lo que hizo que fuera derruida y sus restos vendidos a particulares y los elementos arquitectónicos a Emilio Rotondo Nicolau, los cuales, tras varias ubicaciones, están emplazados actualmente en el parque del Retiro en Madrid. Como dice J.L. Gutiérrez Robledo, se trató de una restauración que no fue, sino un vergonzoso traslado y una reconstrucción imposible.

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Fuentes

http://www.romanicodigital.com/detalle-Pdf.aspx?archivo=%C3%81VILA&localidad=%C3%81VILA

http://viajacyl.blogspot.com.es/2012/11/san-isidro-de-avila.html

https://es.wikipedia.org/wiki/Ermita_de_San_Pelayo_y_San_Isidoro

http://www.abc.es/hemeroteca/historico-27-09-2004/abc/Madrid/avila-reclama-los-restos-de-una-iglesia-romanica-enclavada-en-el-retiro_9623861624466.html

http://listarojapatrimonio.org/ficha/iglesia-de-san-isidoro-de-avila/

http://cvc.cervantes.es/elrinconete/anteriores/abril_16/27042016_01.htm

http://www.viendomadrid.com/2010/03/ruinas-de-la-ermita-de-san-isidoro.html#axzz4Ea3Xz9Q3

http://www.amigosdelromanico.org/opinion/opi_san_isidoro.html

http://muralladeavila.com/es/una-muralla-fotografiada/como-era-y-como-es/item/68-atrio-de-san-isidro

http://ruescas.blogspot.com.es/2014/10/en-proceso-ruinas-de-san-isidoro-de.html

El Jardín de San Segundo

En este mes de junio se ha realizado el proyecto “Si las paredes hablasen”, donde se mezcla la Historia, el Arte y el Teatro, con un resultado más que notable. A través de la Fundación de Casas Históricas y Singulares, la colaboración de Microteatro por Dinero y subvencionado por el MECD, hemos podido descubrir un rincón de Ávila desconocido para la mayoría y que recibe varios nombres: la finca Güell, Villa Winthuysen, Huerto de Santo Domingo o Jardín de San Segundo.

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Haciendo un recorrido por la historia del espacio, situado en el extremo noroeste del recinto amurallado, encontramos su origen en la compra de unos terrenos por parte de Eusebio de Güell y López, hijo del promotor del Parque Güell. En éstas huertas, con el plano firmado en 1922, el sevillano Javier Winthuysen, uno de los mejores paisajistas españoles, creó uno de sus mejores jardines como finca de recreo estival, compuesto de “canales de agua, gran alberca, estanques, distintos ambientes (patio, laberinto miniatura, rosaleda, bosquete…) que se van descubriendo durante el paseo que sigue los distintos niveles del suelo, delicadamente aterrazado”, de clara influencia hispanoárabe donde el agua, a lo largo de sus más de tres mil metros cuadrados, es el absoluto protagonista.

Tras la guerra civil, la finca pasó al II Marqués de Santo Domingo, Francisco Maroto y Pérez del Pulgar, quién adornó el jardín con diversos restos arquitectónicos y esculturas, como cinco verracos celtíberos, escudos (emblemas de la ciudad de Ávila y de los Guillamas, entre otros), restos de la antigua alhóndiga, lápidas, esculturas, capiteles y columnas, así como reforma de una de las dos casas de labranza que existen en la finca, con una portada renacentista procedente del derribo de un palacete, que dan un aspecto singular al jardín, quizá un tanto alejado de la concepción inicial de Winthuysen.

Marco excepcional alejado de las miradas de curiosos por un muro que esconde la belleza del jardín interior, durante décadas ha sido lugar de celebración de fiestas de la nobleza, y escenario de encuentros de personalidades de la cultura y la sociedad, como Jacqueline Kennedy o Mario Vargas Llosa. Actualmente, la finca pertenece al marqués de Pozoblanco, el médico y escritor Juan Martínez de las Rivas y Maroto, quién además de mantener el espacio está sujeto a celebración de eventos, alojamiento, visitas guiadas e incluso espacio de interés fotográfico y rodajes cinematográficos.

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Volviendo a la visita “Si las paredes hablarán”, tras una explicación por la historia de la Huerta de Santo Domingo y el Jardín Histórico, pudimos recorrer y contemplarlo, amenizado por dos pequeñas obras de teatro que habían sido creadas para la ocasión y para este espacio en cuestión. La primera, “Missing Teresa”, nos muestra una Teresa paseando junto a la muralla, pero su tranquilidad se verá trastocada por la visita de su ¿Dios? ¿Diablo?, quién tentará a la Santa. Con tintes de comedia, la obra deleitó al público amenizando el paseo.  La segunda obra, “Estoy esperando a mi amor”, combina microteatro con una danza histórica muy cuidada junto con unos trajes de época espectaculares.

Sin duda, se agradece la realización de actividades como “Si las paredes hablaran”, felicitando de manera sobresaliente a sus organizadores pues, además de combinar magníficamente Historia, Arte y Teatro, nos permite disfrutar, contemplar y admirar de un espacio tan espectacular como desconocido para los abulenses.

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FUENTES

http://www.fincaguellavila.com/

https://www.facebook.com/fincaguellavila/

http://elviajero.elpais.com/elviajero/2016/06/16/actualidad/1466089961_594727.html

http://viajacyl.blogspot.com.es/2013/05/jardin-de-san-segundo-avila.html

La pobreza en Ávila a comienzos del siglo XX

La pobreza estaba extendida en la primera mitad del siglo XX en Ávila. Había barrios con viviendas realizadas al azar y construidas con humildad, sin ningún orden urbanístico, formando callejuelas tortuosas. Se podía considerar la pobreza como un mal endémico, y en la Ávila miserable de los pobres, muchos de ellos esperaban la llamada sopa boba, por parte de los frailes de Santo Tomás. Gutiérrez Solana hace muy buen relato de este acto social, como queda reflejado en la fotografía de la izquierda:

 

por fin, abren las puertas y entran en el patio del convento, con bancos de piedra y arbole seos. Bajo un cielo banco y frío, todos los pobres con sus escudillas y botes de latón, sonando una cuchara roñosa y negra dentro de su fondo; sus cabezas llenas de greñas, y las barbas enmarañadas y canosas, que destacan muy duras de sus caras curtidas y brillantes como moros; enseñando el pecho entre los rasgados de la camisa, con los pantalones y las mangas de sus americanas hechas jirones, por lo que asoman la carne y todas las vergüenzas, se colocan alrededor de un gran caldero que sacan del convento en un carrito de hierro con ruedas. Un hermano limosnero, con su capucha negra y hábitos blancos de fraile, su cabeza redonda, cortado el pelo al rape, con la frente saliente como un segador, que da la impresión de ser dura como la piedra, va llenando con un cazo las escudillas, botes y pucheros de las mujeres”.

En la imagen de la derecha, de un niño y un anciano mendigos comiendo a las puertas del convento de Santo Tomás, tomada por Redondo de Zúñiga, obtuvo la Medalla de Oro en el Concurso fotográfico Nacional de 1901.

Fotografías: avilas.es

Extracto de la conferencia: “Ávila en la primera mitad del siglo XX

Famosos de Ávila

Todos y cada uno de los abulenses somos famosos, aunque sea en nuestra casa. Algunos tenemos afán de protagonismo y destacamos incluso fuera de nuestras fronteras, mientras que los más modestos intentamos pasar desapercibidos. Tanto, que ni saludamos por la calle. Pero eso es otra historia.  En Ávila gozamos de todo tipo de personalidades famosos, celebres y populares, ya sea por nacimiento, adopción o veraneo, pues si por algo nos caracterizamos los abulenses es por cabezones y marcarnos metas muy altas, consiguiendo todo aquello que nos proponemos, como don Adolfo Suárez, quien dijo aquello de “puedo prometer y prometo que seré presidente del Gobierno”. Y contra todo pronóstico, lo consiguió.

Ávila, cuna de reyes, cantos y santos, que Isabel la Católica fuese a nacer en Madrigal de las Altas Torres no es casual pues, visto desde nuestro perspectiva, no hay mejor sitio donde nacer, al igual que Santa Teresa de Jesús, nuestra santa patrona de la cual estamos nos mostramos tan orgullosos que hasta le perdonamos aquello “de Ávila, ni el polvo”. Generalmente, a los abulenses de prestigio que ya no están entre nosotros los conocemos, por ejemplo, en forma de colegios, como Juan de Yepes o Arturo Duperier; institutos, como el José Luis L. Aranguren o Jorge Santayana, o poniendo su nombre a alguna calle como reconocimiento y exaltación a su figura que con frecuencia llega demasiado tarde. En el monumento que hay en medio del Mercado Grande dedicado a las Grandezas de Ávila – sí, estoy hablando de la Palomilla – se enumeran a aquellos que destacaron en otro tiempo, y desde aquí propongo que cada abulense piense en cuáles son sus tres abulenses preferidos y que aún conservan la vida, para crear un nuevo monumento para encomiarlos, y posteriormente ser colocado en alguna rotonda, aunque poco a poco vamos aprendiendo  a reconocerlos en vida, poniendo su nombre a nuevas calles y construcciones como el edificio de Moneo o el  Centro de Alzheimer Miguel Ángel García Nieto.

Y es que somos gente famosa pero humilde, como Iker Casillas, pues a pesar de que el chaval es abulense de Navalacruz, por modestia dice que es de Móstoles. Ver para creer. Y siguiendo con deportistas, Ávila es una cuna extraordinaria, como El Chava, que tantas etapas nos hizo sufrir y disfrutar; Mancebo, siempre mostrando su perfil bueno; Carlos Sastre, poseedor de siete Tours más que Lance Armstrong; Julio Jiménez, quienes los jóvenes le recordamos todos los fines de semana haciendo pelotón nocturno en la cuesta que lleva su nombre esperando a entrar en la discoteca de moda; y Carlos Soria, quien con total seguridad es el abulense que más alto ha llegado y a una edad en la que cualquiera de nosotros estaríamos contando batallitas antes que subiendo ochomiles.

No todos los abulenses somos buenos deportistas, otros somos de naturaleza sedentaria y destacamos en otras facetas, como la política, aunque alguno sea plusmarquista nacional de pluriempleo político; en las artes, aceptando como hijos adoptivos a grandes maestros como López Mezquita o Guido Caprotti – ellos también querían ser de Ávila –; en las letras – sirva este libro como evidencia de avezadas y afiladas plumas, o José Jiménez Lozano, premio Cervantes de literatura–; en la magia y el ilusionismo, como el mago Montty, el Tamariz abulense, o el polifacético mago More, el cual tan pronto hace un truco de magia, un monólogo o un café bien cargado; y en la música, donde seguro que no tardando mucho Marazu o Teresa Martín ganarán Eurovisión, aunque la gala nunca será lo mismo sin la voz del maestro Uribarri.

Dicen que uno no es un abulense famoso sino tiene, al menos, una nominación a los premios Galardones la Alcazaba, pero somos tantos y tan distribuidos por el mundo que no hay suficientes premios para nosotros, y ahora, con la concesión del título de hijo adoptivo a todos los alumnos que hayan pasado por la Escuela de Policía – como premio por velar por nuestra seguridad y rescatar a las náufragas de nuestras playas – el porcentaje de famosos aumenta exponencialmente y se extiende a toda la geografía peninsular e insular, pero si tenemos que destacar a alguien del CNP ese es nuestro eterno Comisario, Tito Valverde, al cual según las leyendas se le puede ver paseando y comiendo pipas Calvo en el Mercado Grande algunas tardes de domingo.

No entran en este espacio todos los famosos que debieran, aunque la definición de celebridad es difícil de cuantificar, depende de la percepción de cada uno y de la sociedad, porque para mí famoso es Teto, lugar de cambio de cromos por antonomasia, esos bares con camareros de toda la vida: Goyo en la Mezquita, Piru y Dani en el Moro – ¡Dime joven! –, Félix en la Mina, los gemelos de El Rincón…; tenderos y comercios de toda la vida: Casa Quirós, Nicanor, Peralta, Bazar Pardo… y otros tantos personajes de nuestro día a día como el afilador en bicicleta, el “caminante” que recorre nuestras calles, los mozos de las vacas,  el ayudante del obispo que va vestido de blanco – y en bici –, Julito Panin, , PPT, el que toca la flauta con un perro bajo el arco del Grande, Valentín el portero, el que vende sellos y monedas los domingos en el Grande, Pacorro… y muchos, muchos más. Ávila, al igual que el Springfield de los Simpsons, lo formamos personajes maravillosos, peculiares e imprescindibles sin los cuales nuestra ciudad no sería la misma.

Espacio patrocinado por Woody Events.

El relato anterior forma parte del libro “El mundo según los abulenses” (2015), éxito superventas en la Feria del Libro abulense y que nos sirve para presentar el éxito que ha supuesto este año su segunda parte “El mundo según los abulenses Vol. 2” (2016) en el cual se sigue la temática abulense en tono de humor compuesto por relatos de los miembros de la Asociación Cultural de Novelistas La Sombra del Ciprés.

Para comprender un poco más de la visión extragavante que tienen los abulenses del mundo, os dejo, además, un par de relatos de la primera parte y, por supuesto, mucho mejores que el relato anterior: “El Tontódromo“, del siempre genial Cristóbal Medina; y “Pensamientos circulares” del inclasificable Pablo Garcinuño.

¿Aún queréis más? ¡Comprad el libro, insensatos! Mientras, os dejo este loco monólogo del incombustible Carlos Fernández-Alameda como aperitivo a “El mundo según los abulenses Vol. 2″…

Ávila en la primera mitad del siglo XX

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Se cumplen 100 años de la llegada del pintor Guido Caprotti a Ávila, el cual quedó atrapado en la ciudad amurallada en el invierno de 1916, tras una copiosa nevada. Desde aquella noche, Ávila sedujo el espíritu artístico del italiano durante cincuenta años, desarrollando en ella gran parte de su obra.

Desde el Ayuntamiento de Ávila se están desarrollando una serie de actos para conmemorar la llegada de Caprotti, entre los cuales señalo la conferencia «Ávila en la primera mitad del siglo XX», el próximo jueves 21, a las 19.00 h en el palacio de Superunda y que tengo el honor de impartir.

En ella realizaremos un recorrido por cómo era la ciudad de Ávila durante éste periodo: sus gentes, sus calles, sus comercios, sus monumentos… y algunos acontecimientos importantes para la sociedad abulense de este tiempo.

Quedáis invitados. No faltéis. Pongo falta.

Sergio Sánchez

P.D. Foto avilas.es