El cardenal Diego de Espinosa Arévalo

Diego de Espìnosa nació en septiembre de 1513, en el lugar de Martín Muñoz de las Posadas (Segovia), aunque por aquel entonces pertenecía al obispado de Ávila. Sus padres, de familia noble y pudiente, eran Diego González de Espinosa y Catalina de Arévalo. Estudió en la Universidad de Salamanca licenciándose en Derecho civil y canónigo. Emprendió una carrera profesional que le llevó a ser nombrado como Juez de Apelación en la Curia Arzobispal de Zaragoza, y a través del obispo de Sigüenza Fernando Niño de Guevara fue nombrado Provisor de la diócesis de Sigüenza. Por mediación de este obispo, el rey Felipe II le nombró Oidor en la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid y después Oidor en la Casa de Contratación de Sevilla. Persona válida y capaz, se ganó el favor del rey, quien le designaría como Regente en el Consejo Real de Navarra, y el 3 de mayo de 1562 pasó al Consejo Supremo y Real de Castilla, designado presidente el 10 de agosto de 1565 tras la muerte de su antecesor. Seguir leyendo “El cardenal Diego de Espinosa Arévalo”

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Juan Díaz Rengifo

El nombre de Juan Díaz Rengifo es un seudónimo utilizado por el jesuita Diego García Rengifo en su gran obra «Arte poética española con una fertilísima silva de consonantes comunes, propios, esdrújulos y reflejos». Diego García Rengifo fue natural de Ávila, por sus referencias en su Arte poética, cercano a los Condes de Monterrey, y perfecto conocedor de su colegio, al haber estudiado en él. Residió en Salamanca —al menos en 1592—, y conocemos que fue él el autor al conservarse el concierto de impresión de su Arte Poética, firmado por P. Diego García y el impresor Miguel Serrano de Vargas, hallado en el Archivo de Salamanca, y que confirma su autoría.

En 28 de febrero de 1592 años. Escritura de Obligación entre el padre Difego] G[arcía] y Miguel Serrano de Vargas. Sepan quantos esta pública escritura de obligación hieren como yo Miguel Serrano de Bargas, mercader de libros, vecino de esta ciudad de Salamanca, otorgo y conozco por esta presente carta que me obligo por mi persona y bienes de ymprimir e que ymprimire al padre Diego García de la Compañía de Xesús desta ciudad de Sal[aman]ca myll y seiscientos cuerpos del arte poético, el qual tengo de ymprimir en letra de letura y en su cursiba…K

Las razonas que le llevaron a utilizar seudónimo son variadas: quizá porque la iniciativa de publicar la obra vino por par de los propios miembros de la Compañía de Jesús, incluso de sus superiores, a modo de servir de libro de texto en sus colegios. O también porque para su publicación debía pasar una censura de tres especialistas, y podía verse perjudicado por acusaciones de heterodoxia ante el Santo Oficio. O por el contrario, porque su financiación no vino por parte de la Compañía de Jesús, si no de terceros, posiblemente Gaspar de Zúñiga y Acevedo, Conde de Monterrey, al que está dedicada la obra.

Su magna obra Arte poética incluye poesía, donde concede más importancia a la doctrina que al deleite, métrica y un pequeño diccionario de rimas, adelantando un tipo de poesía manierista ingeniosa y artificial, en el que se valoraba la dificultad, lo que llevó a tener cierta importancia en el Barroco. Fue un libro muy popular, con varias reimpresiones hasta mediados del siglo XVIII.

La obra de Rengifo fue tan popular por la incorporación de las silvas que permitían de manera fácil y habilidosa la construcción de rimas: algo tan sencillo como un tipo de diccionario inverso en el que importan, no la primera letra o la palabra o el significado, sino las silabas finales para localizar una rima que se acomode al ripio.

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Por su importancia y relevancia en el mundo de las letras fue considerado para incluirle en el Monumento a las Grandezas de Ávila, en el apartado de Escritores.

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Fuentes

DÍAZ RENGIFO, Juan. Arte poetica española con una fertilissima sylva de consonantes comunes, propios, esdruxulos, y reflexos, y un… (1759) 

FERRER, David. Ávila y la literatura del Barroco. Ávila, Monografías literarias, Institución Gran Duque de Alba, 2004.

PÉREZ PASCUAL, Ángel. Juan Díaz Rengifo y su Arte Poética Española.
Ávila: Institución Gran Duque de Alba, 2011

PÉREZ PASCUAL, Ángel.  El verdadero autor del arte poética española (Salamanca, 1592) de Juan Díaz Rengifo y el uso de seudónimos en los escritores jesuítas del Siglo de Oro.

https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_D%C3%ADaz_Rengifo

 

Diego Mexía Felípez Velásquez Guzmán, el valido del valido

La historia tiende a olvidar a aquellos que merecen ser recordados, ya sea por sus descubrimientos, actos, obras o hazañas, y que por diversas circunstancias han caído en el olvido, sin que apenas se les recuerde. Uno de estos personajes es Diego Mexía de Guzmán, militar y político del siglo XVII, mano derecha del conde duque de Olivarsles que, caído en desgracia, apenas se le recuerda, a pesar de su largo expediente al servicio de la Corona española.

Sin embargo, su nombre se recuerda en el Monumento a las Grandezas de Ávila, como hombre ilustre abulense. A pesar de ser descendiente de abulenses —su padre lo fue—, nada hace sospechar una vinculación con la noble villa de Ávila, salvo llevar a la espalda el honor del apellido Dávila. Quiso la suerte, el azar o la casualidad de querer verse rescatado del olvido en este insigne monumento, pese a que pocos le conozcan.

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Diego Mexía Velásquez nació alrededor de 1580, sin que se pueda confirmar ni la fecha ni el lugar de nacimiento. Hijo de Diego Velásquez Dávila Messía de Ovando, primer conde de Uceda y Marqués de Loriana, de una rama menor de los Dávila; y de Leonor de Guzmán y Rivera, de una rama segunda de los Guzmán, tía del conde duque de Olivares. Fue educado como era menester, y en 1614 ingresó en la Orden de Santiago, llegando a ser caballero de hábito Trece, una de las dignidades mayores de la orden, reservada para las notorias familias, y Comendador Mayor de León. Debido a las buenas relaciones con su familia, ascendería rápidamente, lo cual le granjería críticas durante toda su vida. Diego es descrito como “una persona afable, de notable inteligencia, una cierta habilidad para los negocios, poseía cualidades administrativas y militares y de buen gusto para el arte, siendo uno de los mecenas más destacados de aquellos tiempos”.

Diego Mexía emprendería una carrera militar donde sumaría grandes éxitos y restaría grandes fracasos, al igual que la monarquía hispánica en una España llena de luces y sombras. Comenzó su andaza militar combatiendo en Flandes desde 1600, donde ejerció como Menino de la archiduquesa Isabel, y tuvo la suerte de salvar la vida al Archiduque Alberto de Austria en la batalla de las Dunas, lo que le valió que fuese nombrado por el archiduque como gentilhombre de su cámara y desde entonces desempeñó puestos relevantes en las batallas contra los holandeses, como la campaña del Palatinado (1620) o la batalla de Juliers (1622), como capitán de caballos y Maestre de Campo junto a Ambrosio de Spínola, quien estableció una relación de padrinazgo con el joven Diego y que posteriormente se convertiría en su yerno. Cuando el Archiduque Alberto de Austria falleció volvió a Madrid gracias al apoyo de su primo el conde duque, valido del rey, convirtiéndose en hombre influyente y acaudalado.

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La Rendición de Juliers por Jusepe Leonardo

Ya en Castilla, Diego Mexía fue nombrado gentilhombre de la Cámara de Felipe IV en julio de 1624, nombrado Maestre de Campo General del ejército de Castilla al año siguiente, cooperando en el ataque inglés sobre Cádiz, y acompañaría al rey y a Olivares en su viaje a la Corona de Aragón, nombrándole «tratador» en las Cortes de Aragón de 1626. A todo ello, sumaría el título de Capitán general de la Caballería de Flandes, aunque no se encargaría nunca de ésta función; y después de la Artillería de España.

Por sus servicios, fue recompensado nombrándole miembro del consejo de Estado, y en 1627 se le otorgó el marquesado de Leganés. Fue entonces cuando cambió su nombre por el de Diego Felípez de Guzmán, al igual que Olivares, añadiendo el “Felípez” en honor al rey, para ganarse el favor del soberano y conseguir títulos y rentas.

 

En 1627 se casó con una dama de honor de la reina Isabel de Borgón, Políxena Spínola, hija de Ambrosio Spínola, con una fastuosa dote de doscientos mil ducados, y le fue encargada la titánica tarea de la aceptación de la Unión de Armas por las provincias de Flandes fieles a la monarquía de Felipe IV. Consiguió, con relativa facilidad, la aceptación del proyecto, demostrando sus buenas dotes como político y valedor de otras tareas de mayor envergadura. Fue recompensado con su nombramiento como presidente del Real y Supremo Consejo de Flandes y Borgoña, al considerarle un gran experto en los Países Bajos.

            En febrero de 1630 fue enviado, junto con el marqués de Mirabel, como ayudante del marqués de Aytona, embajador extraordinario en Bruselas ante la infanta Isabel Clara Eugenia, gobernadora de los Países Bajos, sirviendo Diego Mexía como enlace entre Olivares y la infanta. En julio fue nombrado Maestre de Campo General, compartiendo las responsabilidades militares del ejército de Flandes y en septiembre participó en la incursión que se realizó sobre Alemania desde Flandes. En 1634 llegaría a desempeñar el cargo de Gobernador de armas del ejército de Alsacia, con la misión de garantizar el paso del cardenal-infante Fernando a los Países Bajos para que tomara posesión como gobernador, y recuperar las plazas alsacianas, en poder de los protestantes.

      En 1635 fue nombrado gobernador y capitán general del Estado de Milán, teniendo que hacer frente a alianza de los duques de Parma, Mantua y Saboya, apoyados por la Francia del cardenal Richelieu. Pese a solicitar ser relevado de su cargo en Milán, debido a la muerte de su esposa y aduciendo razones de salud, Olivares se lo deniega alegando la falta de buenos hombres. Tras varias vitorias en Italia en 1639, a partir de 1640 fracasó en la toma de la fortaleza de Casale, terminando con una retirada de miles de hombres en el campo de batalla y un gran botín en manos francesas. La derrota fue tan dura que el propio Olivares se vio obligado a retirarse del gobierno de Milán en 1641.

El Marqués de Leganés llegó a la Corte de Felipe IV en septiembre de 1641, y en noviembre le pusieron al mando del ejército de Cataluña para luchar contra los insurrectos catalanes, apoyados por Francia, y pese a algunos éxitos iniciales en Tarragona, la importante derrota en la batalla de Lérida (1642) le hicieron caer en desgracia hasta ser relevado de su cargo en 1643, a la caída de sus protector Olivares.

Pese a la caída de su gran protector, su gran valía hizo que en 1645 fuese puesto al mando del ejército de Extremadura, liderando una ofensiva contra los portugueses, y después fuese nombrado virrey nominal de Cataluña, donde defendió con éxito Lérida (1646), permaneciendo en el cargo hasta 1648.

Con la muerte del heredero al trono español, el propio rey Felipe le escribe informándole del suceso y resaltando la importancia de la misión que tenía encomendada: el sitio de Fraga, realizando la retirada con gran orden y salvando gran parte de sus efectivos en Balaguer. A su vuelta a Madrid, Diego Mexía recibió el título de teniente de Campo del Rey de los ejércitos de España, un gran privilegio al alcance de muy pocos: representar la persona del rey en todo lo relacionado con la guerra, autorizándole a poder ordenar y nombrar cargos y oficios de guerra en nombre del rey.

Nuevamente, fue enviado a la frontera con Portugal, donde sufriría otro fracaso en su nuevo intento de reconquistar Olivenza en 1648. Las campañas de finales de la década de los cuarenta fueron para Leganés de suerte incierta y padeció todas las penurias de la crisis en la cual había entrado la monarquía desde 1640, dirigiendo un ejército de Extremadura cada vez menos abastecido.

En los últimos años de su vida, cambió la Presidencia del Consejo de Flandes por el Consejo de Italia, cargo de mayor prestigio social y político con el que puso fin a su actividad pública, hasta su muerte en febrero de 1655.

 

Fuentes

ARROYO MARTÍN, Francisco. El marqués de Leganés, apuntes biográficos. Espacio, tiempo y forma. Serie IV, Historia Moderna, nº 15, 2002, pgs. 145-186

https://es.wikipedia.org/wiki/Diego_Mexía_Felípez_de_Guzmán

http://ancienhistories.blogspot.com.es/2015/12/la-caballeria-de-flandes-y-sus.html

http://www.historiadeiberiavieja.com/secciones/historia-moderna/ascenso-caida-del-marques-leganes

 

 

Alfonso de Montalvo (Alonso Díaz de Montalvo)

Entre 1444 y 14445, el infante Enrique de Aragón, maestre de la orden de Santiago, realizó una expedición militar por Andalucía en beneficio de la causa fraterna de los infantes de Aragón, penetrando hasta Murcia, ciudad que pretendió ocupar esperando rendir la plaza fácilmente, cosa que no sucedería, gracias, en parte, a la defensa valerosa del Corregidor de Murcia, el doctor Alonso Díaz de Montalvo. ¿Quién fue este valeroso personaje?

Alonso Díaz de Montalvo nació en la villa abulense de Arévalo hacia 1405, descendiente del linaje de los Montalvos. Posiblemente, estudió Derecho en Salamanca, donde se licenció, y posteriormente desempeñó el puesto de profesor de Cánones. Contrajo matrimonio en  tres ocasiones, y todas con importantes damas conquenses: su primera mujer fue Elvira Ortiz (1439), con quien tuvo sus únicos hijos, Teresa y Martín. Tras el fallecimiento de ésta, contrajo segundas nupcias con María Vélez de Guevara y tras quedar viudo por tercera vez, contrajo su último matrimonio con María de León.

Durante su dilatada trayectoria desempeñó muchos cargos de magistratura como Corregidor de Murcia y de Madrid (reinando Juan II); Asistente de la ciudad de Toledo (1461); Gobernador y Alcalde mayor de la orden militar de Santiago de Castilla; Oidor de la Chancillería de Valladolid; Oidor de la Audiencia del Rey y su Refrendario, cargo similar a los secretarios del rey con ejercicio de decretos; y Consejero real en los tres reinados de Juan II, Enrique IV y los Reyes Católicos.

Como hombre de letras, realizó numerosas obras jurídicas, como una edición glosada del Fuero real de España y de Las Siete partidas, pero destaca por encima de ellas su obra cumbre, un encargo de los Reyes Católicos tras las Cortes de Toledo de 1480 para recopilar y ordenar todas las leyes castellanas, las “Ordenanzas Reales de Castilla”, finalizada en 1484 y recogía clasificadas las 1163 leyes de su obra en ocho libros y 115 títulos.

Con 91 años de edad, el 4 de mayo de 1496, Alonso Díaz de Montalvo otorgó testamento ante el escribano Álvaro González del Castillo, falleciendo en Huete tres años después, en 1499, lleno de achaques y casi ciego.

Fue enterrado en la capilla con enterramiento en la iglesia de San Francisco de Huete, que había fundado. Las tres piezas de mármol labradas que cubrieron su sepulcro se encuentran en el Museo de la Academia de Historia. Aparece en ellas el difunto apoyada la cabeza sobre dos almohadones, vestido con toga sobre hábito de San Francisco, con borla y anillo de Doctor, birrete de Consejero y un libro tachonado con cinco clavos sobre el pecho, que sostiene la mano izquierda y parece representar las Ordenanzas Reales. Con la mano derecha coge la toga para levantarla y poder caminar.

La memoria de tan ilustre caballero, sin duda importante y relevante en nuestra historia, apenas es recordada en su lugar de nacimiento, Arévalo, y en Ávila, donde al menos una calle lleva su nombre, y es una de las “Grandezas de Ávila” que aparecen reseñadas en el monumento, en el apartado de Escritores y Artistas.

Fuentes

Caballero, Fermín. Elogio del doctor Alonso Díaz de Montalvo (1870)

López Hernández, Francisco. Personajes Abulenses (I). Ávila, Obra Social Caja de Ávila, 2004.

Montalvo, Juan José. De la historia de Arévalo y sus sexmos. Valladolid, 1928. Vol. I pp. 319-320.