Diego Mexía Felípez Velásquez Guzmán, el valido del valido

La historia tiende a olvidar a aquellos que merecen ser recordados, ya sea por sus descubrimientos, actos, obras o hazañas, y que por diversas circunstancias han caído en el olvido, sin que apenas se les recuerde. Uno de estos personajes es Diego Mexía de Guzmán, militar y político del siglo XVII, mano derecha del conde duque de Olivarsles que, caído en desgracia, apenas se le recuerda, a pesar de su largo expediente al servicio de la Corona española.

Sin embargo, su nombre se recuerda en el Monumento a las Grandezas de Ávila, como hombre ilustre abulense. A pesar de ser descendiente de abulenses —su padre lo fue—, nada hace sospechar una vinculación con la noble villa de Ávila, salvo llevar a la espalda el honor del apellido Dávila. Quiso la suerte, el azar o la casualidad de querer verse rescatado del olvido en este insigne monumento, pese a que pocos le conozcan.

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Diego Mexía Velásquez nació alrededor de 1580, sin que se pueda confirmar ni la fecha ni el lugar de nacimiento. Hijo de Diego Velásquez Dávila Messía de Ovando, primer conde de Uceda y Marqués de Loriana, de una rama menor de los Dávila; y de Leonor de Guzmán y Rivera, de una rama segunda de los Guzmán, tía del conde duque de Olivares. Fue educado como era menester, y en 1614 ingresó en la Orden de Santiago, llegando a ser caballero de hábito Trece, una de las dignidades mayores de la orden, reservada para las notorias familias, y Comendador Mayor de León. Debido a las buenas relaciones con su familia, ascendería rápidamente, lo cual le granjería críticas durante toda su vida. Diego es descrito como “una persona afable, de notable inteligencia, una cierta habilidad para los negocios, poseía cualidades administrativas y militares y de buen gusto para el arte, siendo uno de los mecenas más destacados de aquellos tiempos”.

Diego Mexía emprendería una carrera militar donde sumaría grandes éxitos y restaría grandes fracasos, al igual que la monarquía hispánica en una España llena de luces y sombras. Comenzó su andaza militar combatiendo en Flandes desde 1600, donde ejerció como Menino de la archiduquesa Isabel, y tuvo la suerte de salvar la vida al Archiduque Alberto de Austria en la batalla de las Dunas, lo que le valió que fuese nombrado por el archiduque como gentilhombre de su cámara y desde entonces desempeñó puestos relevantes en las batallas contra los holandeses, como la campaña del Palatinado (1620) o la batalla de Juliers (1622), como capitán de caballos y Maestre de Campo junto a Ambrosio de Spínola, quien estableció una relación de padrinazgo con el joven Diego y que posteriormente se convertiría en su yerno. Cuando el Archiduque Alberto de Austria falleció volvió a Madrid gracias al apoyo de su primo el conde duque, valido del rey, convirtiéndose en hombre influyente y acaudalado.

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La Rendición de Juliers por Jusepe Leonardo

Ya en Castilla, Diego Mexía fue nombrado gentilhombre de la Cámara de Felipe IV en julio de 1624, nombrado Maestre de Campo General del ejército de Castilla al año siguiente, cooperando en el ataque inglés sobre Cádiz, y acompañaría al rey y a Olivares en su viaje a la Corona de Aragón, nombrándole «tratador» en las Cortes de Aragón de 1626. A todo ello, sumaría el título de Capitán general de la Caballería de Flandes, aunque no se encargaría nunca de ésta función; y después de la Artillería de España.

Por sus servicios, fue recompensado nombrándole miembro del consejo de Estado, y en 1627 se le otorgó el marquesado de Leganés. Fue entonces cuando cambió su nombre por el de Diego Felípez de Guzmán, al igual que Olivares, añadiendo el “Felípez” en honor al rey, para ganarse el favor del soberano y conseguir títulos y rentas.

 

En 1627 se casó con una dama de honor de la reina Isabel de Borgón, Políxena Spínola, hija de Ambrosio Spínola, con una fastuosa dote de doscientos mil ducados, y le fue encargada la titánica tarea de la aceptación de la Unión de Armas por las provincias de Flandes fieles a la monarquía de Felipe IV. Consiguió, con relativa facilidad, la aceptación del proyecto, demostrando sus buenas dotes como político y valedor de otras tareas de mayor envergadura. Fue recompensado con su nombramiento como presidente del Real y Supremo Consejo de Flandes y Borgoña, al considerarle un gran experto en los Países Bajos.

            En febrero de 1630 fue enviado, junto con el marqués de Mirabel, como ayudante del marqués de Aytona, embajador extraordinario en Bruselas ante la infanta Isabel Clara Eugenia, gobernadora de los Países Bajos, sirviendo Diego Mexía como enlace entre Olivares y la infanta. En julio fue nombrado Maestre de Campo General, compartiendo las responsabilidades militares del ejército de Flandes y en septiembre participó en la incursión que se realizó sobre Alemania desde Flandes. En 1634 llegaría a desempeñar el cargo de Gobernador de armas del ejército de Alsacia, con la misión de garantizar el paso del cardenal-infante Fernando a los Países Bajos para que tomara posesión como gobernador, y recuperar las plazas alsacianas, en poder de los protestantes.

      En 1635 fue nombrado gobernador y capitán general del Estado de Milán, teniendo que hacer frente a alianza de los duques de Parma, Mantua y Saboya, apoyados por la Francia del cardenal Richelieu. Pese a solicitar ser relevado de su cargo en Milán, debido a la muerte de su esposa y aduciendo razones de salud, Olivares se lo deniega alegando la falta de buenos hombres. Tras varias vitorias en Italia en 1639, a partir de 1640 fracasó en la toma de la fortaleza de Casale, terminando con una retirada de miles de hombres en el campo de batalla y un gran botín en manos francesas. La derrota fue tan dura que el propio Olivares se vio obligado a retirarse del gobierno de Milán en 1641.

El Marqués de Leganés llegó a la Corte de Felipe IV en septiembre de 1641, y en noviembre le pusieron al mando del ejército de Cataluña para luchar contra los insurrectos catalanes, apoyados por Francia, y pese a algunos éxitos iniciales en Tarragona, la importante derrota en la batalla de Lérida (1642) le hicieron caer en desgracia hasta ser relevado de su cargo en 1643, a la caída de sus protector Olivares.

Pese a la caída de su gran protector, su gran valía hizo que en 1645 fuese puesto al mando del ejército de Extremadura, liderando una ofensiva contra los portugueses, y después fuese nombrado virrey nominal de Cataluña, donde defendió con éxito Lérida (1646), permaneciendo en el cargo hasta 1648.

Con la muerte del heredero al trono español, el propio rey Felipe le escribe informándole del suceso y resaltando la importancia de la misión que tenía encomendada: el sitio de Fraga, realizando la retirada con gran orden y salvando gran parte de sus efectivos en Balaguer. A su vuelta a Madrid, Diego Mexía recibió el título de teniente de Campo del Rey de los ejércitos de España, un gran privilegio al alcance de muy pocos: representar la persona del rey en todo lo relacionado con la guerra, autorizándole a poder ordenar y nombrar cargos y oficios de guerra en nombre del rey.

Nuevamente, fue enviado a la frontera con Portugal, donde sufriría otro fracaso en su nuevo intento de reconquistar Olivenza en 1648. Las campañas de finales de la década de los cuarenta fueron para Leganés de suerte incierta y padeció todas las penurias de la crisis en la cual había entrado la monarquía desde 1640, dirigiendo un ejército de Extremadura cada vez menos abastecido.

En los últimos años de su vida, cambió la Presidencia del Consejo de Flandes por el Consejo de Italia, cargo de mayor prestigio social y político con el que puso fin a su actividad pública, hasta su muerte en febrero de 1655.

 

Fuentes

ARROYO MARTÍN, Francisco. El marqués de Leganés, apuntes biográficos. Espacio, tiempo y forma. Serie IV, Historia Moderna, nº 15, 2002, pgs. 145-186

https://es.wikipedia.org/wiki/Diego_Mexía_Felípez_de_Guzmán

http://ancienhistories.blogspot.com.es/2015/12/la-caballeria-de-flandes-y-sus.html

http://www.historiadeiberiavieja.com/secciones/historia-moderna/ascenso-caida-del-marques-leganes

 

 

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El Palacio de los Velada

Este palacio, situado junto y frente al de Valderrábanos, constituye un auténtico conjunto monumental convertido en la actualidad en el Hotel Palacio de los Velada. Su fábrica, de mampostería de granito, es muy heterogénea pudiendo datarse hacia finales del siglo XV o principios del XVI.

En el ángulo sureste del conjunto destaca notablemente sobre el resto su esbelto torreón, antaño almenado, decorado con bellos escudos esquinados sostenidos por cabezas de leones cuyos símbolos heráldicos corresponden a los Dávila, Toledo, Guzmán, infante don Manuel, Sánchez, Saavedra, Mendoza, Luna y Castilla y León. De cierto valor artístico son las rejas de forja que protegen las ventanas.

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En el seiscientos el acceso a este palacio se hacía por la calle del Tostado, cuya portada de estilo renancentista —siglo XVI—, consta de una puerta de arco de medio punto construida, al estilo de otras de su época de la ciudad, con grandes dovelas de granito, y sobre ésta una ventana de arco conopial. Todo el conjunto está enmarcado por un alfiz o arrabá con dos escudos en sus ángulos pertenecientes: El del lado izquierdo, con las armas de Blasco Jimeno en el primer y cuarto cuartel y las de los Toledo, en el segundo y cuarto, a don Gómez Dávila, primer Marqués de Velada; y el del lado derecho, con las armas de Castilla en el primer y cuarto cuartel, las del infante don Manuel, en el segundo y las de León en el tercero, a doña Teresa Carrillo, descendiente de los Reyes de Castilla y León, don Fernando I y doña Sancha.

En el interior, convertido en hotel, destaca su hermoso patio de tres galerías del que solo se conserva original la parte norte y multitud de blasones de las familias Dávila, Águila, Guzmán, Castilla y León, Saavedra, Luna, Mendoza, de la Vega, etc.

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Historia

Parte de las casa que hoy integran este palacio fueron vendidas por Loarte – su propietario en el año 1475— a Fernán Núñez Arnalte, tesorero de los Reyes Católicos y primer mecenas del Real Monasterio de Santo Tomás. Arnalte, casado con doña María Dávila, falleció sin descedencia en 1479, y la propiedad pasó a su mujer.

Doña María Dávila se casó, en segundas nupcias, con don Fernando de Acuña, Virrey de Sicilia, de quien tampoco tuvo sucesión. Al morir sin hijos, legó todos sus bienes, incluido este palacio, a la comunidad de franciscanas clarisas que ella fundó en Ávila, conocidas como “las Gordillas” estableciendo, en esta casa, una obra pía que dirigió personalmente hasta su muerte acaecida en el año 1515, entre cuyos fines se encontraba el de repartir 200 fanegas de trigo entre los pobres vergonzantes de Ávila.

Unos años después, las clarisas vendieron la casa, en estado ruinoso, a doña Teresa Carrillo, sobrina del Obispo de Ávila, comprando ésta al Cabildo más otra más, a cambio de una heredad que poseía en Hernán Sancho. Teresa Carrillo se casó don Gómez Dávila, señor de Velada y la Colilla, siendo nombrado en el año 1557, por Felipe II, Marqués de Velada, y su familia nombrada, desde antiguo, Mayordomos del Rey.

Desde entonces este palacio se le conoce como Palacio de Velada, y en tiempos de Gómez Dávila y Teresa Carillo, se alojó en él –de mayo a octubre del año 1531– la emperatriz Isabel de Portugal –mujer de Carlos I– y sus hijos los príncipes, María y Felipe II, quien sería vestido de corto –de mayor– en el Monasterio de Santa Ana de nuestra capital. Tres años más tarde –junio de 1534– el mismo Carlos I se hospedaría aquí durante su visita a la Ciudad, convirtiéndose la ciudad en Corte del reino.

La línea sucesoria de don Gómez Dávila, primer Marqués de Velada, viene de los señores de Cardiel y Navamorcuende, estirpe de quien fue cabeza Blasco Jimeno “El Retador” y del cuarto nieto de éste, también llamado Blasco Jimeno, a quien se atribuye la fundación de la famosa cuadrilla de San Juan, la del blasón de los seis roeles.

En estos años el Palacio de los Velada tuvo una vida social muy animada adquiriendo fama, sobre todo, los partidos de pelota a mano que se celebraban en la cancha que los marqueses construyeron siendo tal su notoriedad, que a la actual calle del Tostado se la conoció como “del juego de pelota”. Asiduos participantes a los partidos eran los curas de la catedral, a quienes el Presidente del Cabildo tuvo que llamar varias veces la atención por “jugar a la pelota en calzas”.

Don Gómez Dávila – primer Marqués de Velada – falleció en el año 1561 y doña Teresa Carillo al año siguiente, siendo ambos enterrados en la Capilla de San Antolín de la catedral, situada en el brazo norte del crucero.

El palacio, que fue pasando a los herederos de los Marqueses de Velada, quedó finalmente, como tantos otros, en estado ruinoso y de total abandono. Fue vendido a finales del siglo XIX por los Condes de Altamira, a don Enrique Aboín Coronel, distinguido gentil hombre de una de las familias más distinguidas de la ciudad de Ávila.

Finalmente, en el año 1995, tras realizarse en el edificio importantes reformas, fue destinado a la hostelería convertirse en un lujoso Hotel, Palacio de los Velada.

Luis de Ávila y Zuñiga

Luis de Ávila y Zuñiga nació en Plasencia en 1504, quedándose huérfano de padre a los pocos meses, ocupándose de su educación su madre Elvira de Zúñiga y Guzmán. Los títulos y estados de su padre, Esteban de Ávila y Álvarez de Toledo, fueron heredados por su hermano mayor Pedro Dávila. Las pretensiones de una familia aristocrática tan importante como los Dávila (el linaje de Ávila se transformaría en Dávila), hizo que Luis se casara con su prima María de Zúñiga Manuel y Sotomayor, II Marquesa de Mirabel, siendo él Marqués Consorte de Mirabel. El destino quiso que el matrimonio engendrara cinco hijas, ninguno varón: Elvira, Inés, María, Luisa y Jerónima.

Batalla de Mühlberg por Luis de Ávila y Zúñiga (1550)

Fue Comendador Mayor de la Orden de Alcántara, siendo este cargo una forma de recompensar a los nobles por parte de la Corona, historiador y sobretodo un fiel servidor y amigo del rey Carlos I de España, emperador del Sacro Imperio Carlos V, a quien sirvió como embajador en Roma.

Bajo el servicio del emperador Carlos V se embarcó en distintos acontecimientos. En abril de 1535 formó parte del ejército imperial en la “Jornada de Túnez”, tomándose Túnez sin lucha en junio. Posteriormente participó en todas las acciones del ejército imperial en la Guerra contra la Liga de Esmalcalda, teniendo el cargo de Capitán General de Caballería de Lorena (1546-1547), siempre al lado del emperador en la batalla de Mühlberg (24 de abril de 1547). Y en septiembre de 1547 recibió del arzobispo de Colonia seis cráneos reliquias de las once mil vírgenes que se veneran la iglesia convento de las Ursulinas (Colonia), y las llevó al Convento de San Francisco Ferrer en Plasencia.

Como gran amigo de Carlos V, éste le encargó acompañar a su primogénito, el príncipe Felipe, a su viaje de presentación a los Países Bajos (1548). Partieron de Valladolid rumbó a Barcelona, embarcando en Rojas hacia Génova, y desde allí rumbo a Bruselas, recorriendo lo que posteriormente se llamará “el Camino Español”. Llegaron a la capital de Flandes en 1549, donde el emperador los esperaba.

Durante 1547 y 1555, Luis de Ávila acompañó a su amigo el emperador en sus estadías en Alemania y Flandes hasta que Carlos V abdica en Bruselas a favor de su hijo Felipe II como rey de España y duque de Borgoña y en su hermano Fernando I como emperador del Sacro Imperio Romano. Carlos V tuvo a bien los consejos de su amigo Luis de Ávila, y se retiró al monasterio de Yuste, donde era visitado a menudo por el marqués de Mirabel, que residía en su palacio de Plasencia. Ambos amigos se respetaban mutuamente: Luis admiraba a Carlos V viéndole como la persona que había tenido Europa bajo sus pies, y en su palacio de Mirabel tenía numerosos lienzos y frescos que aludían a las gestas militares, y busto de Carlos V (obra de Pompeo Leoni), en su patio; y Carlos veía a Luis como un gran soldado que había demostrado su valía y su táctica en el campo de batalla, siempre a su lado, un amigo fiel que le daba buenos consejos. El día que Carlos V murió en el monasterio de Yuste (21 de septiembre de 1558), Luis de Ávila estuvo presente y fue uno de los que hicieron su Relación de fallecimiento.

En campo de plata, a la derecha una banda negra y cadena de oro de los Zúñiga, y a la izquierda 13 roeles dorados sobre azul de los Dávila.
En campo de plata, a la derecha una banda negra y cadena de oro de los Zúñiga, y a la izquierda 13 roeles dorados sobre azul de los Dávila.

Luis de Ávila murió en Plasencia, en su residencia del palacio de Mirabel, en 1573, siendo enterrado en la Capilla de Nuestra Señora del Rosario, en el crucero a la parte del evangelio, de la iglesia de San Francisco Ferrer de Plasencia.

Al Marqués Consorte de Mirabel se le recordará como Comendador Mayor de la Orden de Alcántara, veterano de las campañas imperiales al lado del emperador Carlos V, Capitán General de al Caballería Española, Miembro del Consejo de Estado y Guerra del Rey con Felipe II; pero también como historiador, pues fue un fiel cronista de las guerras del emperador, escribiendo el “Comentario de la guerra de Alemania hecha por Carlos V, máximo Emperador Romano, Rey de España, en el año 1546-1547”, publicado en Venecia en 1549 y 1552 y traducido a varios idiomas. En este libro ensalza la figura del emperador y la realización metódica de sus acciones guerreras. Carlos V dijo: “Que más hazañas había logrado Alejandro Magno, pero que no había tenido tan buen cronista”.

FUENTES

http://es.wikipedia.org/wiki/Luis_de_%C3%81vila#cite_note-6

http://www.cyclopaedia.es/wiki/Luis-de-Avila-y-Zuniga-6

El Marqués de Benavites

Hoy les quiero hablar de Bernardino de Melgar y Álvarez de Abreu (1863-1942). Grande de España, además de disfrutar de su condición de noble fue un ilustrado, político, coleccionista y bibliófilo.

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Bernardino nació hacia 1863 en Mondragón, siendo el primer hijo de los marqueses de Canales de Chozas, Juan de la Cruz de Melgar y Quintano (V Marqués de Canales de Chozas) y de María del Campanar Álvarez de Abreu y Álvarez de las Asturias (VI Marquesa de la Regalía y descendiente de Fernando I de León y Castilla ni más ni menos). Fue licenciado en derecho y recibió el título de IX Marqués de Benavites en 1893 (rehabilitado por Alfonso XIII), a los que sumaría los títulos de VII Marqués de San Juan de Piedras Albas, VI Marqués de Canales de Chozas y señor de Alconchel (rehabilitado en 1919), entre otros títulos (pueden verlos enumerados todos en su necrológica). Fue director de la revista de Unión Ibero-Americana y político, miembro del Partido Conservador con el que sería nombrado diputado y senador por la provincia de Murcia (1899-1900, 1911-1914) y diputado por el distrito de Nules, Castellón (1903, 1905 y 1907); y representante de la organización de la provincia de Ávila de la Unión Patriótica en la Asamblea Nacional en 1927 durante la Dictadura de Primo de Rivera.

Además de todos estos títulos y cargos, el marqués de Benavides fue miembro de la Real Academia de la Historia, pues fue un ferviente humanista que centró su vida, su tiempo y su dinero en investigar la figura de Santa Teresa de Jesús, la tauromaquia, la etnografía y la historia de Ávila. Ésta última pasión, Ávila, posiblemente le vendría al pasar los veranos en el palacio de Henao de Ávila (hoy el Parador de Turismo), propiedad que fue adquirida por sus padres y que posteriormente fue modificado por él mismo, construyendo un torreón donde fue atesorando las piezas y libros de su colección.

 El Marqués constituyó un Museo Taurino y Etnográfico en su palacio que, pese a que pueda resultar chocante, lo mantuvo abierto para todos aquellos que se interesaran para estos temas, al igual que su grandiosa Biblioteca, catalogada por temas: teresiana, taurina, abulense, códices, incunables, raros, partituras y cantorales, documentación autógrafa (destaca la de Santa Teresa), manuscritos propios, publicaciones periódicas… etc. Posteriormente, su colección fue adquirida por la Diputación, y hoy día es conservada en el Museo de Ávila, donde puede contemplarse parte de ella. El legado del Marqués es fundamental para comprender y conservar la historia de Ávila en particular, y de la cultura en general.

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Ávila ha querido recordar, cuando se cumplen 150 años del nacimiento de Bernardino de Melgar, su figura, obra y trascendencia con una exposición temporal, ‘El Marqués. Coleccionista y Bibliófilo’, promovida por la Consejería de Cultura y Turismo, desarrollada por el Museo de Ávila y coorganizada con la Biblioteca Pública. Dividida en tres secciones, puede visitarse en la Biblioteca Pública (la Biblioteca), en el patio de la Casa de los Deanes del museo (biografía, acercamiento a su persona, entorno y posterioridad), y en el almacén visitable de Santo Tomé (Colección Taurina). Recomendable es su visita, así como el acercamiento a la figura de este entrañable hombre, coleccionista y bibliófilo.

Para saber más sobre la figura de El Marqués, y de su familia, pueden consultar el libro de Jacobo Melgar Jiménez, “Historia de una ilustre familia: los Álvarez de Abreu, marqueses de La Regalía: Isla de la Palma (1688) – Ávila (2007)“, Madrid: Cercedilla Editorial, 2007.