El templete de música

A finales del siglo XX y comienzos del siglo XX comenzó a popularizarse el gusto por la música y a generalizarse los templetes de música en casi todas las ciudades españolas. Ávila, siempre a la vanguardia, no fue menos, y en 1885 se construyó un modesto templete en el Jardín de San Antonio, mientras se consideraba ubicar otro en el centro neurálgico de la ciudad: Mercado Grande, levantándose uno de madera mientras que se aprobaba su construcción definitiva.

A pesar de que la Sociedad Española de Construcciones Metálicas presentó un proyecto de kiosko para la banda de Música de la Academia de Intendencia, su gran coste impidió que el proyecto fuese aprobado

El proyecto del templete de música del arquitecto municipal Emilio González fue aprobado el 20 de octubre de 1920, y construido en 1921 en el Mercado Grande. Tiene planta octogonal, con un zócalo de sillería que cobijaba en su interior un local. Sobre pedestales de piedra se disponía una estructura metálica apoyada en columnas y cerrada por una ligera cubierta de zinc. Los artesanos que participaron en su realización, según J.L. Gutiérrez Robledo, fueron: el herrero Hilario Canto, el vidriero Miguel Gutiérrez, el cantero Aniceto Hernández y el carpintero Sebastián López.

Tan solo unos años después comenzaría el desuso y el olvido del templete. En 1934, cuando se estaban realizando obras en el Mercado Grande, se optó la desaparición del templete de música, al igual que el Monumento a Santa Teresa, y así es como finalmente, salvado su desaparición, el templete fue ubicado en el Jardín del Recreo, donde se encuentra actualmente, relegado a un olvido sin uso como testigo mudo de otro tiempo.

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Imagen avilas.es

Bibliografía

GUTIÉRREZ ROBLEDO, José Luis. Emilio González: arquitecto municipal de Ávila. Ávila, Fundación Pública Santa Teresa, D.L., 1985.

VV.AA. Documentos para la historia de Ávila: IX centenario de la conquista y repoblación de Ávila, 1085-1985. Ávila, Centro Asociado de la UNED, 1985.

https://www.elnortedecastilla.es/20131019/local/templete-musica-jardin-recreo-201310191053.html

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Detalle. Imagen de diariodeavila.es
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La sierpe

Cualquier persona que visite el Jardín de San Antonio, sin duda, quedará maravillado por su belleza, pero sobretodo anonadado por su fuente ornamental de la Sierpe. Representa a un ser monstruoso y mítico encargado por el regidor Alonso del Cárcamo y Haro al maestro entallador Andrés López, el mismo que dos después realizaría los sepulcros de los fundadores de la capilla de Mosén Rubí (6 de agosto de 1581). Al escultor se le encargó la parte escultórica y de los trabajos técnicos, tanto el encañonamiento como la traída de las aguas, por un importe total de 800 reales.

Ávila. Fuente de la Sierpe. Jardín de San Antonio.
Prueba de estado para postal. Fototipia Thomas (1915)

La fuente, realizada en un bloque de granito que se barrenó, se rodeó de un estanque y en su estructura interna se le instalaron tuberías por las que entraba el agua para salir por la boca, ojos y oídos de la monstruosa Sierpe, y además fue pintada al óleo con colores, causando gran espanto y asombro para su época, aunque la policromía se fue perdiendo y nada de ella nos ha llegado.

Esta fuente monumental representa una muestra de los ingenios hidráulicos utilizados en el jardín, en este caso uno de las primeras manifestaciones de este tipo de ser monstruoso y mítico en España y que eran comunes en los jardines italianos renacentistas. Dicha fuente era tan impactante que mereció la atención – y la admiración – del rey Felipe II y Margarita de Austria, en su visita a la capital abulense en el año 1600.

A día de hoy podemos seguir disfrutando de esta magnífica fuente ornamental, en su mismo sitio, tras algunas reparaciones y restauraciones, no todas ellas acertadas.

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Fotografía de Ana LLadó

El Jardín de San Segundo

En este mes de junio se ha realizado el proyecto “Si las paredes hablasen”, donde se mezcla la Historia, el Arte y el Teatro, con un resultado más que notable. A través de la Fundación de Casas Históricas y Singulares, la colaboración de Microteatro por Dinero y subvencionado por el MECD, hemos podido descubrir un rincón de Ávila desconocido para la mayoría y que recibe varios nombres: la finca Güell, Villa Winthuysen, Huerto de Santo Domingo o Jardín de San Segundo.

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Haciendo un recorrido por la historia del espacio, situado en el extremo noroeste del recinto amurallado, encontramos su origen en la compra de unos terrenos por parte de Eusebio de Güell y López, hijo del promotor del Parque Güell. En éstas huertas, con el plano firmado en 1922, el sevillano Javier Winthuysen, uno de los mejores paisajistas españoles, creó uno de sus mejores jardines como finca de recreo estival, compuesto de “canales de agua, gran alberca, estanques, distintos ambientes (patio, laberinto miniatura, rosaleda, bosquete…) que se van descubriendo durante el paseo que sigue los distintos niveles del suelo, delicadamente aterrazado”, de clara influencia hispanoárabe donde el agua, a lo largo de sus más de tres mil metros cuadrados, es el absoluto protagonista.

Tras la guerra civil, la finca pasó al II Marqués de Santo Domingo, Francisco Maroto y Pérez del Pulgar, quién adornó el jardín con diversos restos arquitectónicos y esculturas, como cinco verracos celtíberos, escudos (emblemas de la ciudad de Ávila y de los Guillamas, entre otros), restos de la antigua alhóndiga, lápidas, esculturas, capiteles y columnas, así como reforma de una de las dos casas de labranza que existen en la finca, con una portada renacentista procedente del derribo de un palacete, que dan un aspecto singular al jardín, quizá un tanto alejado de la concepción inicial de Winthuysen.

Marco excepcional alejado de las miradas de curiosos por un muro que esconde la belleza del jardín interior, durante décadas ha sido lugar de celebración de fiestas de la nobleza, y escenario de encuentros de personalidades de la cultura y la sociedad, como Jacqueline Kennedy o Mario Vargas Llosa. Actualmente, la finca pertenece al marqués de Pozoblanco, el médico y escritor Juan Martínez de las Rivas y Maroto, quién además de mantener el espacio está sujeto a celebración de eventos, alojamiento, visitas guiadas e incluso espacio de interés fotográfico y rodajes cinematográficos.

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Volviendo a la visita “Si las paredes hablarán”, tras una explicación por la historia de la Huerta de Santo Domingo y el Jardín Histórico, pudimos recorrer y contemplarlo, amenizado por dos pequeñas obras de teatro que habían sido creadas para la ocasión y para este espacio en cuestión. La primera, “Missing Teresa”, nos muestra una Teresa paseando junto a la muralla, pero su tranquilidad se verá trastocada por la visita de su ¿Dios? ¿Diablo?, quién tentará a la Santa. Con tintes de comedia, la obra deleitó al público amenizando el paseo.  La segunda obra, “Estoy esperando a mi amor”, combina microteatro con una danza histórica muy cuidada junto con unos trajes de época espectaculares.

Sin duda, se agradece la realización de actividades como “Si las paredes hablaran”, felicitando de manera sobresaliente a sus organizadores pues, además de combinar magníficamente Historia, Arte y Teatro, nos permite disfrutar, contemplar y admirar de un espacio tan espectacular como desconocido para los abulenses.

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FUENTES

http://www.fincaguellavila.com/

https://www.facebook.com/fincaguellavila/

http://elviajero.elpais.com/elviajero/2016/06/16/actualidad/1466089961_594727.html

http://viajacyl.blogspot.com.es/2013/05/jardin-de-san-segundo-avila.html