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El proyecto de la Única Contribución

El siglo XVIII en España es un período convulso marcado por una etapa de clara recuperación general frente a la profunda y dilatada crisis de la centuria precedente. Aunque la prosperidad del siglo tenía sus bases en el crecimiento económico del seiscientos, la evolución ascendente fue inducida y fomentada por la labor decidida del monarca y su gobierno, que llevó a cabo reformas en todos los sectores y ámbitos del Estado.

Estas reformas buscaban la modernización de la sociedad y el Estado, suscrita a la política absolutista y centralizadora de los Borbones. Estas innovaciones provocaron cambios administrativos e innovaciones institucionales, asistiendo a un incremento de la población, al aumento de la producción agrícola y al engrandecimiento del comercio, de la industria y de la navegación. No obstante, quedaba pendiente una reforma fiscal.

El sistema de impuestos en la Corona de Castilla en el siglo XVIII era muy confuso, injusto e inoperante, de manera que mientras parte de la población se veía presa de múltiples impuestos directos e indirectos, la Real Hacienda no percibía los ingresos al completo al carecer de los instrumentos de recaudación adecuados, siendo cada vez más evidente y necesaria una reforma fiscal que simplificara, racionalizara e hiciera más justo y eficaz el sistema contributivo, sustituyendo las “rentas provinciales” por una “Única Contribución”.

Y en el marco de esta reforma fiscal, el “catastro” se postuló como la pieza fundamental y panacea de los males que aquejaban al Estado moderno. Con ello se pretendía superar la deuda crónica de la Hacienda estatal, lograr la igualdad fiscal entre los distintos estamentos,  al mismo tiempo que serviría  como herramienta para conocer el territorio, paso previo para aplicar cualquier política de modernización y reforma.

El 10 de octubre de 1749, bajo el reinado de Fernando VI, se publica el Real Decreto que pondrá en funcionamiento la elaboración de una regia investigación en los territorios de la Corona de Castilla, y que se denominará “Catastro de Ensenada”, al ser dirigido y supervisado por dicho marqués, Zenón de Somodevilla. El padrón tiene la finalidad de averiguarlo todo de todos, de manera que la indagación catastral lograra dar paso a establecer un impuesto único a cada contribuyente, siendo éste un porcentaje, el mismo para todos, del patrimonio en tierras y edificios que cada uno tuviese y de las rentas fijas o estables de que dispusieran[1].

La realización del catastro fue una obra de gran envergadura, y su realización se extendió a lo largo de siete años (1749-1756). Sin embargo, a pesar del gran esfuerzo humano y económico realizado, nunca llegó a implantarse, dejando  tras de sí una información altamente fiable, tanto en su contenido cualitativo como cuantitativo.

El Catastro de Ensenada recoge el censo de población, ganadero, forestal, de explotaciones agrarias, industrial, un nomenclátor, una base de datos de las rentas de los contribuyentes por razón de trabajo, industria y comercio y de todas las rentas y bienes enajenados a la Corona. Es, pues, una magnífica radiografía a la sociedad del siglo XVIII.

[1] CAMARERO BULLÓN, Concepción. “Averiguarlo todo de todos: El catastro de Ensenada”. Estudios geográficos, Vol. 63 nº, 248-249, 2002 pgs. 493-532

 

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El Castellano y Leonés de la Historia

Desde Rtvcyl se propusieron elegir ni más ni menos que al “Castellano y leonés de la historia”, como si la fama, la gloria, las gestas o el dinero pudieran medirse. Para ello, un “gabinete de expertos” (me hace gracia lo de expertos), hicieron un recorrido por la historia eligiendo a las 100 personas, según su criterio, más importantes y representativos de nuestra comunidad. Dentro de estas “celebritis” nos encontramos con varios reyes, Alfonso VIII, IX, X, Fernando I, III, Felipe II e Isabel la Católica; santos como San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús, escritores como Carmen Martín Gaite, Paco Umbral, George Santayana o José Jiménez Lozano, teniendo también su puesto de honor políticos, toreros, literatos, cardenales, artistas, ciclistas y Vicente del Bosque, ese charro que consiguió un mundial para España, nada más importa. Sorprende, además de la variedad de figuras, algunas inclusiones como por ejemplo la de… ¡Viriato! Todos sabemos lo castellano y leonés que era, por supuesto; al igual que Prisciliano de Ávila, natural de Gallaecia; o Amancio Ortega, tan castellano y leonés como coruñés de pro.

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El concurso, elegido por los votantes, lo ganó con gran ventaja, la gran reina Isabel de Castilla. Ella y su porte es, sin duda la figura más importante de Castilla, ensalzada en nuestros días por la magnífica serie de TVE y que ha puesto de moda a la reina. Esto lo convertía en la gran candidata a ganar el concurso incluso antes de las votaciones. En segundo lugar, el elegido fue Adolfo Suárez, presidente trascendental en la Transición y que su figura y legado es recordado no solo a nivel castellano-leonés, sino de toda España. El tercer puesto fue para Rodrigo Díaz de Vivar, ese que ganaba batallas después de muerto e hizo jurar a un rey en Santa Gadea.

Como pueden observar, la historia de Castilla y de León es fundamental sin estos personajes… Como pude constatar en las redes sociales, cada castellano y leonés hizo campaña para personajes de su ciudad o provincia, sea de esta manera que los abulenses votaran, además de Isabel, por supuesto, por Santa Teresa de Jesús; los burgaleses por el Cid; los zamoranos por Claudio Moyano; los leoneses por Zapatero y los gallegos por Amancio. Poniéndonos serios, ¿es necesario hacer un concurso para nombrar a alguien “castellano y leonés de la historia”? Con esto caemos en el localismo y provincialismo. ¿Qué será lo próximo, el abulense, segoviano, soriano, burgalés, palentino, leonés, zamorano, salmantino o pucelano de la historia?

Siendo realistas, y poniéndonos a elaborar méritos, Isabel de Castilla fue importante, sin duda, más en el contexto de la unión con Aragón y crear las bases del estado moderno, pero ¿acaso no fue Felipe II más importante al ser la cabeza de un Imperio en donde no se ponía el sol? Y centrándonos exclusivamente en Castilla y León, ¿no sería más importante Fernando III el Santo al unir ambos territorios bajo una misma corona? ¿O Vicente del Bosque por ganar un mundial, dos Eurocopas y tener el título de Marqués?

El concurso, bajo mi punto de vista, está bien como entretenimiento, pero no tiene ningún rigor histórico al pretender mediante una votación nombrar al más importante de la historia. Como he dicho, se cae en el víctimismo de los provincialismos, sin ningún orden y desconcierto. Sin duda, este evento ha aumentado la audiencia de Rtvcyl, pero no ha conseguido generar un debate en la población que de verdad crea en quién fue, o merece ser, el primer castellano y leonés de la historia.