Archivo del sitio

La torre del campanario de la catedral de Ávila

La visita a la torre de la catedral de Ávila supone toda una experiencia para poder deleitarnos desde las alturas con una visión distinta de la catedral y permite descubrir uno de los rincones más desconocidos de la seo abulense. Sin duda, una visita totalmente imprescindible que recomiendo a todos aquellos que tengan la oportunidad de realizarla.

La visita es guiada-acompañada en grupos reducidos de hasta cuarenta personas. Quizá un número excesivo que puede restar valor por aglomeración, aunque en nuestra experiencia fue totalmente satisfactoria al componerse de nueve personas. El acceso a la torre sur —la inacabada— se hace a través de una escalera de caracol de 133 escalones en la que se pueden observar marcas de cantería no apreciables en otros lugares del templo y en la que se abren pequeñas ventanas abocinadas como saeteras.

Tras subir la escalera de caracol, se accede a una primera estancia donde se abren cuatro vanos apuntados al exterior, y una especie de “pasillo” con arco de medio punto cegado que comunicaría con el interior de la catedral. A modo de curiosidad, en este “pasillo”, la guía-acompañante constata que los restos de hollín que se observan en el arco de medio punto corresponden a las hogueras que realizaba el campanero cuando hacía la “matanza” del cerdo. Y es que en la catedral de Ávila, el campanero vivía allí, como veremos.

torre_catedral_01_mqm

A través de una pequeña puerta, accedemos a la pasarela que comunica una torre con la otra, y en la que se alcanza una vista privilegiada desde lo alto de la nave central de la catedral, distinguiéndose al fondo las vidrieras originales de la Capilla Mayor y más de cerca las vidrieras de la nave central —de 1967—; las bóvedas, el reloj con dos ángeles autómatas que tocan las horas y el Cristo crucificado, obra de Vasco de la Zarza, colocado encima de un arco sobre el trascoro. Una magnífica estampa por la que solo por eso merece la pena la visita. El punto negativo es que se tiene que volver sobre nuestros pasos —no se continúa para ascender en la otra torre, como si se hace, por ejemplo, en la visita Ieronimus de Salamanca— para continuar la visita.

Imagen avilared

Continuando la ascensión por la misma escalera de caracol por la que hemos accedido, llegamos a la parte superior de las bóvedas, no sin antes haber disfrutado de las vistas a través pequeñas ventanas de la escalera, donde se vislumbran los arbotantes que contrarrestan el empuje de la nave central hacia el exterior. Nos encontramos justo encima de las bóvedas, en una imagen poco habitual y que nada hace sospechar la belleza de las bóvedas nervadas. Encima de ellas, nos encontramos la estructura de madera que sostiene una cubierta de madera sobre la que se asienta el tejado, y la curiosidad la hayamos en unas pequeñas “cajas” de madera que son un escape de las bóvedas para liberar la humedad concentrada en el templo.

La casa del campanero es, sin lugar a dudas, lo que más sorprende en la visita. En las alturas nos encontramos con una casa de estilo castellana que recrea cómo vivía el campanero y su familia en el desempeño de su oficio. La casa se conserva prácticamente igual de como la dejó el último campanero a mediados del siglo XX —el oficio pasaba de padres a hijos—, y completada mimo con muebles y otros elementos de la época por el anterior canónigo administrador de la catedral Vicente Aparicio. Así, descubrimos dos alcobas, la cocina con chimenea y multitud de utensilios, una sala de aseo y el espacio que haría las veces de letrina. En medio de la estancia sur se encuentra una polea mediante la cual se transportaban víveres y todo lo necesario para la vida en la torre. A día de hoy, la polea se sigue utilizando para mover los pasos de Semana Santa.

Después de ver la casa del campanero y recrearnos en cómo sería la vida en las alturas, subimos al cuerpo de campanas de la torre norte, es decir, al lugar de trabajo del campanero. Allí descubrimos las siete campanas de la catedral, con nombres tan abulenses como: Requeda, Gamarra, San Segundo, San Cristóbal, María Sonsoles, María Teresa y Platera, la cual recibe su nombre al estar compuesta por plata, y que tiene como función especial la de anunciar con su sonido la llegada a la ciudad de la imagen de Nuestra Señora de Sonsoles. Además de unas magníficas vistas de la ciudad, sorprende encontrarnos tres alquerques con los que seguro se entretenían el campanero, sus hijos y sus ayudantes esperando a dar los toques del día.

Para finalizar la visita, accedemos a lo más alto de la torre inacabada, donde iría el cuerpo de campanas que nunca llegó a construirse y que se cerró con ladrillo y tapial, donde nuevamente admiramos las vistas de la ciudad, esta vez hacia el sur, distinguiendo, además de toda la ciudad como punto más elevado, el valle Ambles, desde la ermita de Sonsoles hasta Villatoro.

torre_catedral_13_mqm

La visita, como hemos señalado a comienzo del artículo, es totalmente imprescindible. El proyecto, si bien se había rehabilitado la casa del campanero desde hace años con la exposición de Santa Teresa de Jesús, no se ha expuesto al turismo hasta ahora, y esperemos que la torre del campanario permanezca abierto a las visitas durante todo el año. De momento, solo lo estará en septiembre, periodo ampliado tras la buena aceptación que ha tenido durante el mes de agosto.

Sin duda, artiSplendore, la empresa que gestiona las visitas de la catedral, se ha valido de su experiencia en las alturas de las catedrales de Salamanca para abrir al público la de Ávila. Teniendo en cuenta el reducido espacio, es obligado el pase limitado y no el libre acceso, a no ser que se habilite el acceso por la escalera norte, organizando un recorrido por las alturas que, puestos a soñar —y a pedir— se podría completar con un acceso al cimorro de la catedral, encima de la girola.

El precio de 2€ por la visita a la torre del campanario está totalmente justificado, al ser un acceso “extra” de la visita de la catedral, y merecido. No así el precio también para los abulenses cuando tienen acceso gratuito a la catedral. ¿Cuántos abulenses van a visitar la catedral? Me atrevería a decir que pocos por iniciativa propia, y cuando lo hacen es para acompañar la visita de amigos y familiares para mostrarles —orgullosos— el patrimonio que tenemos. Por tanto, ¿por qué no también la visita a la torre? Pasada la novedad, pocos abulenses seremos los que subamos a la torre, una minoría entre los turistas que apenas repercutiría en la recaudación, a no ser que solamente se abriera dos meses al año, lo cual sería una gran oportunidad perdida para los turistas.

Por último, agradecer a la guía-acompañante, gran profesional que con sus explicaciones completaba y ponía voz a la visita. Desde @diocesisdeavila nos comentaban que se estaba estudiando la posibilidad de poner audioguia en la torre. Realizada la visita vemos totalmente prescindible su aplicación, pues con la labor del guía-acompañante queda suplida totalmente, con la posibilidad de preguntar para responder a dudas y otras cuestiones. Ahora bien, hemos hecho hincapié durante todo el artículo al “guía-acompañante”. No queremos ahondar en un largo e interminable debate sobre el guía y el guía-acompañante, pero sin haber diferencia entre lo que sería una visita “guiada” y una visita “acompañada” solo podemos reducirnos en el aspecto puramente económico de la diferencia entre una clase y otra.

Catedral de Ávila

Anuncios

Las vidrieras de la Catedral de Ávila

Las primeras vidrieras colocadas fueron en la Girola, hacia 1495. Algunas son obra de Juan de Valdivieso y Arnao de Flandes, vecinos de Burgos, quienes terminaron de colocarlas en el verano de 1525; posteriormente, también intervino Diego de Santillana en las vidrieras de la parte superior del crucero. La vidriera gótica más impresionante es la conservada en la capilla de la Nuestra Señora de Gracia, la central de la girola, y que representa a la Virgen con el Niño, en rojo y azul, con corona real y nimbo.

Al terminar las vidrieras de la catedral, Juan de Valdivieso continuó con las de la parte superior del brazo izquierdo de la cruz, en lo que hoy es la capilla de Nuestra Señora de la Caridad, ayudado de Arnao de Flandes primero, y Diego de Santillana después. Realizaron todo el crucero, incluidas las imágenes de las vírgenes: Santa Inés, Santa Águeda, Santa Marta y Santa Catalina en el hastial norte, de cuerpo entero, y Santa Bárbara y Santa Lucía de medio cuerpo, mientras que los escudos corresponden al obispo Carrillo (1499-1514) y al cabildo.  Continuaron con la vidriera del hastial sur. Las vidrieras situadas sobre el ingreso de la girola, con santos y profetas a ambos lados de la vidriera central, con San Pedro y San Pablo representados —la última con el escudo de cinco torres del obispo Francisco Ruiz, fallecido en 1537—, son renacentistas y atribuidas a Alberto de Holanda. A éste le sucede su hijo Nicolás de Holanda, que realiza la vidriera de la capilla mayor con los Apóstoles situados en el friso inferior de la misma capilla, en las paredes laterales del presbiterio.

En 1549 interviene Hernando de Labia, que continúa trabajando en la capilla mayor y posiblemente realizara las figuras del beato Orozco, San Pedro de Alcántara y Santa Micaela. Hacia 1592 continúa la labor José de Labia, quien realiza las vidrieras del muro derecho de la capilla mayor, en la que aparecen los santos canonizados en esos años: San Pedro, mártir del Japón, la Anunciación y San Miguel. Le sucede Felipe Angulo en 1660, y en 1759 aparece el nombre de Juan García de la Peña como vidriero de la catedral.

De las intervenciones más recientes, se incorporan en 1929 las últimas vidrieras centrales del friso inferior de la capilla mayor, que representan a Santa Teresa y San Juan de la Cruz, realizada por Maujumea de Madrid. Dicho vidriero también realizaría otras vidrieras como la de San Celedonio, San Eugenio y San Ildefonso.

Con el terremoto de Lisboa de 1755, las vidrieras sufrieron desperfectos pero no así daños de gran consideración, como se ha creído, o incluso la creencia que los ventanales de la nave central fueron destruidos con el seísmo. Estos ventanales nunca tuvieron vidrieras ni estuvieron abiertos. La apertura de algunos de estos vanos se realizó hacia 1950 cuando la Dirección General de Monumentos se interesó por la catedral de Ávila, y en 1964 Gratiniano Nieto, director general de Bellas Artes, ordenó la apertura del resto de vanos, demoliendo los materiales que cegaban por el exterior los huecos y ocupaban una altura que cubría parte de los arbotantes de sostén de la nave central, aprovechando la ocasión para electrificar el cimbalillo. La obra de apertura de los ventanales quedó terminada en octubre de 1965, y las vidrieras de color, sin decoración artística, en septiembre del año siguiente.

48

La última restauración de las vidrieras de la catedral de Ávila se produjo en 2014 con motivo del V Centenario de Santa Teresa de Jesús con fondos de la Junta de Castilla y León para contribuir a la puesta en valor del patrimonio cultural de la Comunidad.

Fuentes

DE LA HERAS HERNÁNDEZ, Félix. La catedral de Ávila. Ávila, Gráficas Martín, 1981. 2ª ed.

GONZÁLEZ, Nicolás; SOBRINO, Tomás. La catedral de Ávila. León, Everest S.A., 1981.

VV.AA. Catedrales de Castilla y León. Madrid, El Mundo, 2005.

http://catedralavila.vocces.com/catedral-de-avila-pagina-oficial/las-vidrieras/

https://viajarconelarte.blogspot.com.es/2014/03/la-catedral-de-avila.html

El coro y trascoro de la catedral de Ávila

Coro

La catedral de Ávila, a pesar de contar con un coro realizado en 1407 en madera de nogal ubicado en el actual presbiterio, la costumbre de la época de situar los coros en el centro de la catedral hizo que se sustituyera por uno nuevo. El nuevo coro fue encargado al maestro Cornelio de Holanda en 1535, de madera de nogal a imitación a la sillería de San Benito de Valladolid. Las obras comenzaron en 1539 y se prolongaron hasta 1547, más de una década para terminar una minuciosa obra compuesta por 43 asientos en la sillería alta, y 39 en la baja.

En su realización no solo participó Cornelio de Holanda, también Juan Rodríguez y Lucas Giraldo, discípulos de Vasco de la Zarza, y tras la muerte de Juan (1544), Isidro de Villoldo, quien realizó el revestimiento de los pilares y los remates de mayor calidad de los relieves. En la parte baja de la sillería aparecen unos cuadros enmarcados por columnas —escenas de la vida de varios Santos y una cornisa con filigranas ornamentales—, y en la alta tiene un paño central corrido, dividido en tres cuerpos: un friso con espacios separados por columnas talladas con grutescos y ornamentos; una zona más amplia enmarcada por columnas y paños con figuras de santos y personajes del Antiguo Testamento, de cuerpo entero; y otro friso inferior de las mismas características. Destaca la silla del obispo, con la imagen de San Segundo y el escudo del cabildo representado.

Trascoro

Situado en la parte posterior del coro, en medio de la nave central, de gran calidad artística. Es una renacentista, realizado en piedra caliza entre 1531 y 1536 por Lucas Giraldo y Juan Rodríguez, discípulos del escultor Vasco de la Zarza. El conjunto representa escenas en altorrelieve con detalle de la infancia de Jesús según el evangelio de San Lucas. Compuesto de un zócalo, un segundo cuerpo de tres amplios paneles de la Presentación de Jesús en el templo, la Adoración de los Reyes Magos o Epifanía y el Martirio de los Inocentes. En los espacios enmarcados por las pilastras y en la parte baja, aparecen otros relieves más pequeños que representan la escena de Jesús entre los doctores en Egipto, y en la parte superior, en los tondos, el Abrazo de San Joaquín y Santa Ana y la Visita de la Virgen a Santa Isabel.

En los extremos de la obra presentan un frontis con hornacinas en las que se representan las figuras de San Pedro y San Pablo a la derecha, y las de San Juan Evangelista y San Juan Bautista a la izquierda. El tercer cuerpo es un friso corrido con catorce figuras de ancianos y profetas sentados entre balaustres, identificados mediante filacterias con sus nombres; y la obra se remata con una crestería donde resalta la figura del Padre Eterno bendiciendo, con multitud de grutescos a ambos lados.

El funcionó como altar o capilla de los Reyes, siendo enterrado allí el canónigo Blas Sarafa. La reja fue colocada en 1711 y todavía hoy se conserva. El Cirsto que aparece sobre el arco del trascoro es obra de Vasco de la Zarza, realizado para la Capilla del Cardenal y ubicado en este emplazamiento en 1710.

La magnífica obra renacentista plateresca, denominada “Biblia de piedra”, fue restaurada en 2011, pues tras sufrir severas intervenciones en el siglo XVIII se procedió a eliminar añadiduras (principalmente escayola), óleos, daños y mutilaciones, devolviendo al trascoro el esplendor del siglo XVI.

Fuentes

DE LA HERAS HERNÁNDEZ, Félix. La catedral de Ávila. Ávila, Gráficas Martín, 1981. 2ª ed.

GONZÁLEZ, Nicolás; SOBRINO, Tomás. La catedral de Ávila. León, Everest S.A., 1981.

VV.AA. Catedrales de Castilla y León. Madrid, El Mundo, 2005.

http://www.elnortedecastilla.es/v/20110526/avila/trascoro-catedral-avila-recupera-20110526.html

http://catedralavila.vocces.com/catedral-de-avila-pagina-oficial/el-coro-y-el-trascoro/

https://viajarconelarte.blogspot.com.es/2014/03/la-catedral-de-avila.html

La capilla de Santa Teresa en la mezquita-catedral de Córdoba

La capilla de Santa Teresa de la Mezquita-Catedral de Córdoba (España), también conocida como capilla del Cardenal Salazar o como capilla del Tesoro, se encuentra situada al lado del mihrab y fue fundada en 1697 por el cardenal Pedro de Salazar Gutiérrez de Toledo, que fue Cardenal de la Santa Cruz de Jerusalén y obispo de Córdoba entre los años 1686 y 1706. Era un auténtico admirador y devoto de Santa Teresa de Jesús y por ello creó, en honor de nuestra santa abulense, la capilla más hermosa de la Mezquita-Catedral, que también habría de albergar sus restos mortales, así como las obras más valiosas del tesoro de la catedral. El cardenal no llegó a ver finalizadas las obras de la capilla de Santa Teresa, pues falleció en 1706, y aunque las obras de construcción de la capilla finalizaron en el año 1703, su total dotación no se finalizó hasta el año 1712.

A la capilla se accede a través de una portada realizada con mármol de color negro y rojo. La portada está formada por un arco de medio punto, y está enmarcada por dos columnas dóricas que se asientan sobre altos basamentos. En la cornisa quebrada de la portada de la capilla se localiza el escudo del Cardenal Salazar.

La planta de la capilla es de forma octogonal y está cubierta por una cúpula gallonada, dividida en plementos por medio de abundantes yeserías. El tambor de la cúpula está horadado por ocho ventanales. En alzado presenta grandes pilastras, intensamente ornamentadas con yeserías, que sostienen ocho arcos de medio punto.

Además de la gran portada principal, hay dos pequeñas puertas realizadas en mármol; la situada a la izquierda comunica con una habitación rectangular, que se halla a su vez dividida en dos espacios por medio de una portada manierista realizada a comienzos del siglo XVII, en la que se encuentra expuesto de forma permanente el Tesoro de la Mezquita-Catedral. La puerta del lado derecho permite el acceso a la cripta.

El frente principal de la capilla está ocupado por el altar de Santa Teresa, con un retablo neoclásico de estuco; el sagrario tiene un relieve en bronce dorado que representa la Piedad, obra del artista italiano Virgilio Castelli, y fue traído desde Roma por el Cardenal Salazar; en la hornacina principal se encuentra la imagen de Santa Teresa, obra de José de Mora, realizada hacia el año 1705. En esta encontramos a la santa escribiendo, y parece escuchar la voz divina a través de los susurros de una paloma, que representa al espíritu santo, posada en su hombro derecho. Por encima de la imagen de Santa Teresa, sobre la cornisa, hay un tondo con un relieve que representa a Dios Padre.

Sobre las puertas que conducen al Tesoro y a la cripta hay sendos lienzos que representan a la Inmaculada Concepción y a la Asunción, procedentes ambos de la escuela granadina, y realizados en el último tercio del siglo XVII.


Extracto de la Conferencia “Santa Teresa, viaje desde el Renacimiento hasta nuestros días”, de Teresa Jiménez Hernández, en el ciclo de conferencias, “Ávila en Teresa

Imágeneshttp://www.artencordoba.com/

Ávila, el reino de los Cielos

El reino de los Cielos es una película de Ridley Scott que transcurre durante la tregua de la Segunda y la Tercera Cruzada como marco para contar la historia de Balian (Orlando Bloom), un herrero francés que ha perdido a su familia. Bastardo de Godofredo de Ibelin, caballero cruzado que retorna a su hogar en Francia tras luchar en Oriente, embarca a Balian en un viaje a través de Europa hasta llegar a Tierra Santa, Jerusalén. La situación de frágil paz entre cristianos y musulmanes, el rey Balduino IV y el líder Saladino son los únicos que evitan el enfrentamiento entre las dos religiones y las dos culturas antagónicas, hasta que la muerte de Balduino provoca la guerra contra Jerusalén y que defenderá Balian, frente a un enemigo superior en número.

La superproducción cinematográfica se rodó en varias localizaciones españolas como Huesca, Granada y Ávila. De esta última, son tres las escenas que se incluyeron en la película, aunque sólo dos en el largometraje proyectado en los cines. Por ello, y porque la película gana considerablemente en la versión del director, recomendamos ver esta versión en el largometraje dura tres horas.

La primera escena abulense, rodada en las inmediaciones del embalse de las Cogotas (alguna dehesa cercana) y que se puede apreciar en alguna toma, se hace pasar Ávila por algún lugar en el camino a Messina (Italia)

La siguiente escena rodada en Ávila, solamente incluida en la versión del director, se trata de la coronación del hijo de Sybila y Guy de Lusignan. La coronación fue rodada dentro de la catedral de Ávila, delante del trascoro renacentista. Con panorámica del interior de la catedral.

La siguiente imagen, que precede a la consiguiente coronación de Guy de Lusignan, nos muestra la entrada al templo de Jerusalén que no es otra que la portada de la catedral de Ávila vista desde el hotel continental, a los que se le ha añadido varios retoques digitales.

 Captura de pantalla 2015-09-17 20.50.14

Por último, nuevamente es una coronación, la de Guy de Lusignan, en la catedral de Ávila, y prácticamente son los mismos planos que en la coronación del rey niño durante unos breves segundos.

Captura de pantalla 2015-09-17 20.48.08

La Biblia de Ávila

Una de las joyas del románico abulense es la denominada Biblia de Ávila, un códice que reproduce una copia de la Vulgata latina, con iniciales decorativas, miniaturas, al comienzo de cada libro bíblico y, pese a que no se puede determinar su cronología inicial ni su procedencia a un taller determinado, la paleografía y las miniaturas indican que su origen se encontraría en Italia hacia el segundo cuarto del siglo XII, quizá obra de un taller umbro-romano por ciertas semejanzas estilísticas. Por sus grandes dimensiones (580×390 mm y unos 15 Kg de peso) es una Biblia atlántica que coincide en su desarrollo con la reforma gregoriana, y por aproximación estilística e iconográfica con el llamado estilo geométrico, similar a ciclos de pintura mural de Roma como San Clemente o San Giovanni a Porta Latina. Éste códice sería uno de los mejores exponentes del desarrollo más tardío de este estilo, “caracterizado en líneas generales por iniciales de estructura amarilla, con grecas de motivos geométricos y vegetales en su interior y con el remate de fantasiosos repertorios de entrelazos, palmetas y mascarones”.

El traslado desde Italia de la Biblia es, al igual que su origen, una incógnita, si bien se puede estimar que llegaría a España hacia el último cuarto del siglo XII, completándose su texto y coincidiendo con la renovación artística que se estaba perpetrando en la catedral de Ávila, aunque no se constata con seguridad su pertenencia al cabildo abulense antes del siglo XIV.

La decoración del códice realizada en España es muy diferenciada de la italiana, frente al simbolismo y uniformidad dominante en las iniciales trabajadas en Italia, en la segunda intervención, en la que al menos intervendrían dos manos, predomina la narración, sobretodo en el comienzo de los Evangelios, y la imagen del Prendimiento se ha relacionado con los frescos del ábside de la iglesia de San Justo (Segovia), planteando la hipótesis de que la Biblia se hubiera completado en el último cuarto del siglo XII en un scriptorium segoviano, pero imposible de apoyar documentalmente.

Como concluye María Rodríguez Velasco, “el estudio conjunto de la Biblia de Ávila muestra las relaciones e intercambios entre las escuelas de iluminación italianas y los scriptoria castellanos, aunque no garantiza la existencia de un taller con continuidad en la Ávila del siglo XII”.

El “expolio” de la Biblia de Ávila

El 1 de enero de 1869 se redacta un Decreto de incautación de los archivos, bibliotecas y colecciones de arte, en poder de catedrales, cabildos, monasterios y órdenes militares por parte de Manuel Ruiz Zorrilla, lo que se conoce como la “Desamortización de Madoz” y mediante este decreto, el entonces provisional gobernador civil de Ávila, Juan de Dios Mora, incauta unos 400 pergaminos y códices de la catedral abulense que pasaron a ser propiedad del Estado y desde entonces son custodiados por la Biblioteca Nacional.

Desde entonces se ha venido dando una polémica en torno a la devolución de la Biblia de Ávila – y del resto de documentos incautados – al Cabildo de la catedral, (ver varias noticias [1] [2] [3] con sucesión en el tiempo) y que anualmente es reclamada por el Deán, sin éxito, pues desde la Biblioteca Nacional se alega la imposibilidad de exhibir la obra por motivos de conservación, aunque se puede contemplar a través de su digitalización.

Sin duda, la cesión temporal para la muestra de las Edades del Hombre, “Teresa de Jesús, Maestra de Oración”, hubiera constituido la pieza central de la exposición y la consecución, al menos temporalmente, de una reivindicación del cabildo abulense.

FUENTES

RODRÍGUEZ VELASCO, María. Iconografía de Prendimiento, Crucifixión y Descendimiento de Cristo en la miniatura románica: el programa decorativo del folio CCCXXIIIIr de la Biblia de Ávila. En Los crucificados, religiosidad, cofradías y arte: Actas del Simposium 3/6-IX-2010 /coord. por Francisco Javier Campos y Fernández de Sevilla, 2010, págs. 541-558

RODRÍGUEZ VELASCO, María. La Biblia de Ávila. En Historia de Ávila. Volumen 3. Pgs. 449-455

WALKER VADILLO, MONICA A. Un problema iconográfico: el último folio del ciclo de la vida y la pasión de Cristo en la “Biblia de Avila”. Ilu. Revista de ciencias de las religiones, ISSN 1135-4712, Nº 12, 2007, págs. 227-236