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Pedro La Gasca, obispo de Palencia y Sigüenza

«Era muy pequeño de cuerpo, con extraña hechura, que de la cintura abajo tenía tanto cuerpo como cualquiera hombre alto y de la cintura al hombro no tenía una tercia. Andando a caballo parecía aún más pequeño de lo que era porque todo era piernas; de rostro era muy feo, pero lo que la naturaleza le negó de los dotes del cuerpo se los dobló en los del ánimo… pues redujo un Imperio, tan perdido como estaba el Perú, al servicio de su Rey”.

Inca Garcilaso de la Vega

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Tras volver del Perú, donde había pacificado la región terminando con la rebelión de Gonzalo Pizarro, Pedro La Gasca fue nombrado obispo de Palencia por el emperador Carlos V, al quedar vacante la mitra tras el fallecimiento de Luis Cabeza de Vaca, maestro del propio emperador. Pidió que le consagraran obispo antes de embarcarse hacia Alemania, donde tenía que ir a encontrarse con el Emperador para darle cuenta de su Real Servicio en el Nuevo Mundo, consagrándole obispo de Vich, Juan Tormo en Barcelona (17 de mayo de 1552). Ocho días después, partió rumbo a Génova, donde estuvo alojado tres días en la casa de Andrea Doria, y desde allí partió hacia Tortona y Milán, parando en casa de Juan de Luna, y reuniéndose en Mantua con el príncipe Felipe, a quién describió su expedición. En Trento le recibieron los prelados españoles que estaban en el Concilio de Trento, en Volcán le saludó el príncipe Maximiliano, pasó por Inskbruk y el 12 de agosto entró en Augusta.

En la ciudad alemana se encontró con el emperador Carlos V, el cual, a pesar de estar convaleciente de gota, le recibe en su cámara donde le detalla largamente su pacificación del Perú. Entre las distinciones con las que Carlos quiso premiar a su vasallo, le concede en su escudo, que constaba de dos cuarteles, el de la derecha un león entre cuatro castillos y en el de la izquierda los trece roeles, sostenidos por dos genios, se añadiese seis banderas, tres por el lado con la letra P y en medio de ellas una anda con la inscripción: « Caesari restitutis Perú Regnis Tiranorum spolia».

Después de muchos agasajos, encomio y admiraciones recibidas, La Gasca retornó a España, comprando antes un tríptico que regaló «a su pueblo el Barco, por haber sido allí bautizado», del pintor flamenco Brujas, maestro de Van Eyck. El accidentado retorno duró hasta el 25 de marzo de 1553, cuando ocupó su silla episcopal en Palencia. Desde entonces y hasta el 19 de agosto de 1561, gobernó la diócesis palentina, hasta que el rey Felipe le promovió para ocupar la diócesis de Sigüenza, puesto que ocupa hasta su muerte, acaecida el 10 de noviembre de 1567. A pesar de tener gran influencia en la Corte y su consejo era bien valorado, poco se dejaba ver por ella, solamente cuando sus deberes pastorales se lo imponían. Cuando alguien le comentaba por qué no se dejaba ver con más frecuencia por la Corte, respondía, tajante: « Los que tienen sagradas obligaciones que cumplir no pueden ni deben gastar el tiempo pavoneándose por los palacios del César».

Pedro La Gasca mandó edificar la iglesia de la Magdalena de Valladolid, a la que dotó de una renta de 225.000 maravedís, construyendo enfrente una casa donde vivirían los trece capellanes. El motivo que le llevó a fundar esta iglesia lo expresa en la escritura fundacional, fechada en Sigüenza el 6 de septiembre de 1567:

Nos, D. Pedro Lagasca, Obispo y Señor de Sigüenza, Obispo que fuimos de Palencia, del Consejo de S.M., fundamos y edificamos la Iglesia de la Magdalena de Valladolid y la dotamos para suplir las faltas que tuvimos en celebrar sobre todo en tiempos de N. S. el Emperador Carlos V, en la visita de los tribunales del Reino de Valencia y en la defensa de aquel Reyno, y de las islas de Mallorca, Menorca e Ibiza, y cuando en 1542 atacó el turco con el francés, y en la ida al Perú; y así que en más de ocho años casi no dijimos misa (no nos atrevimos) aunque teníamos las licencias para no caer en irregularidad.

E incluso pidió y obtuvo del papa Pio IV una bula (de 14 de octubre de 1564) para que en la iglesia de la Magdalena se dijeran dos misas cada mes mediante el rito mozárabe, pues como decía el propio La Gasca, «De tanta devoción y uso en España y en tiempo de las persecuciones dentre los cristianos, y porque no hay razón que oficio tan antiguo caiga en olvido».

La iglesia de la Magdalena fue el lugar escogido para el descanso eterno de Pedro La Gasca, donde fue enterrado. En su majestuosa fachada, a los pies del templo, preside el escudo en piedra más grande del mundo del propio clérigo. En su interior, concretamente en el centro de la nave (inicialmente se encontraba en la capilla mayor, pero fue trasladado a mediados del siglo XX) se encuentra el sepulcro, realizado en jaspe y alabastro, del escultor Estebán Jordá. El obispo La Gasca aparece representado con los atributos episcopales: libro en la mano, capa pluvial, mitra y cetro, en actitud yacente de reposo tranquilo, con la inscripción a los pies «accepit regnum decoris et diadema speciei de manu Domini» (recibió un glorioso reino y una hermosa corona de mano del Señor. Sab. V, 16).

La persona de Pedro La Gasca estuvo ligada a la villa de Barco de Ávila, donde su familia tenía posesiones y se conserva la llamada «Casa de los Gasca», situada antiguamente en la Plaza de los Vados. Lamentablemente, fue derribado en los años 70 para construir  las oficinas de la Caja de Ahorros de Ávila, salvándose únicamente la portada, ubicadas actualmente en la entrada del patio del C.E.P. Juan Arrabal.

Otros sitios que recuerdan la figura de Pedro La Gasca, o Lagasca, como se mantiene en numerosos sitios, es en los callejeros, tanto de la villa de Barco de Ávila, Ávila o Madrid.

Bibliografía

CARVAJAL GALLEJO, I. (1981): Don Pedro de Lagasca pacificador del Perú. Caso único en la Historia. Esbozo de estudio biográfico. Coloquios históricos de Extremadura.

GARCILASO DE LA VEGA, Inca (1617): Historia General del Perú o Segunda Parte de los Comentarios Reales.

FUENTE ARRIMADAS, Nicolás de la (1925): Fisiografía e historia del Barco de Ávila. Senén Martín, Ávila.

LÓPEZ HERNÁNDEZ, Francisco (2004): Personajes abulenses. Caja de Ávila, Ávila, pgs 349-351

RAMÍREZ DE ARELLANO, Carlos (1870): El licenciado Pedro de La-Gasca, estudio biográfico. Revista de España. Tomo XV (58)

SAN MARTÍN PAYO, Jesús (1992): Don Pedro La Gasca (1551-1561). Publicaciones de la Institución Tello Téllez de Meneses (63): 241-328.

Webgrafía

https://es.wikipedia.org/wiki/Pedro_de_la_Gasca#Obra_escrita

http://www.santamariadeloscaballeros.com/personajes.asp

http://www3.uah.es/cisneros/carpeta/galpersons.php?pag=personajes&id=78

http://pueblosoriginarios.com/biografias/lagasca.html

http://www.alcaldesvcentenario.org/index.php?option=com_content&view=article&id=107&Itemid=100

http://los4palos.com/2014/04/08/un-escudo-en-pucela-y-una-tarea-en-peru/

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El traslado de los restos de San Segundo

Escultura_Juan_de_JuniEn 1519, mientras se realizaban unas obras en la ermita de San Sebastián y Santa Lucía, apareció un sepulcro con la inscripción “Sanctus Secundus”, y rápidamente fue atribuido a San Segundo, considerado el primer obispo de Ávila y uno de los siete varones apostólicos ordenados por San Pedro que vinieron a España para continuar la predicación de Santiago y San Pablo. La ermita fue rebautizada con el nombre de San Segundo, fue restaurada y se acordó que sus restos fueran depositados en un lugar más noble como es la catedral, pese a la oposición de la cofradía.

Las dificultades con los restos del santo fueron muchas, siendo guardados en un arca de tres llaves en poder de la cofradía, el cabildo y el ayuntamiento – la llave estaba en posesión de don Suero del Águila –. El permiso para trasladar los restos había sido concedido por el papa León X el 26 de enero de 1520. J En 1573 los restos se trasladaron dentro de la misma iglesia, a un sepulcro nuevo sobre el que se colocó una magnifica escultura labrada en alabastro por Juan de Juni.

El 11 de marzo de 1594, domingo, por iniciativa del obispo Jerónimo Manrique de Lara, se realiza la traslación de los restos de San Segundo, teniendo el concejo una destacada actuación en los acontecimientos, y que fue una de las manifestaciones más multitudinarias de la historia de la ciudad. Fue una fiesta sin igual. Hubo una procesión en la que participaron todos los vecinos: trompetas, atabales, niños de doctrina, pendones de los pueblos, hermandades y cofradías, cruces alzadas, prelados de las órdenes, coro de música de ministriles y cruces de todo el Obispado de Ávila, clérigos, arciprestes, capellanes, cabildos, coros de música, etc. E incluso mandaron una invitación a Felipe II, que se excusó por motivos de salud. La procesión fue de la catedral a la ermita, por la puerta del Carmen, hasta la puerta del Adaja, subiendo por la Rúa de los Zapateros haciendo sendas paradas en la ermita de San Esteban y el Mercado Chico hasta llegar a la catedral.

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También hubo representaciones teatrales, como “La Comedia de San Segundo”, escrita por Lope de Vega, música y danzas, corridas de toros, juego de cañas y artificios de fuego. Se empedraron y acondicionaron las calles a tal efecto por donde iba a pasar la procesión. Se pusieron blasones, dalmáticas y doseles. Uno en el Mercado Chico lucía las armas de los Villena, Pachecos, Acuñas, Toledos y Enríquez. No faltaron los bustos relicarios en los altares del itinerario procesional (infinidad de reliquias sagradas). Incluso representación alegóricas como la de la idolatría en el arco triunfal, diseño por el cabo de artillería de S.M. Vicente Tabornino, de origen siciliano, que representó ésta metáfora en la venida de San Segundo a Ávila y cuya imagen fue quemada en medio del regocijo popular.

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Los restos del santo fueron depositados en el altar de la capilla mayor, hasta que se terminaron las obras de una capilla propia, la de San Segundo, construida a tal efecto por el arquitecto Francisco de Mora y continuada por los maestros Francisco Martín y Cristóbal Jiménez – y para la cual derribaron un cubo de la muralla –, siendo definitivamente trasladados el 2 de marzo de 1615 en un acto de gran solemnidad.