José Antonio Vaca de Osma y Esteban de la Reguera

José Antonio nació en Madrid en 1921. Se licenció en Derecho y Diplomático. Fue militante de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, llegando a ser jefe provincial en Ávila, donde desempeñó el cargo de gobernador civil (1957-1966). Fue el impulsor de la expansión y modernización de la ciudad de Ávila, comenzando con la urbanización de la Plaza de Santa Ana y continuando con las avenidas de José Antonio (Paseo de la Estación) y 18 de Julio (Hornos Caleros). Además, procuró viviendas de protección oficial, dignas y asequibles a familias, estableciendo conciertos ventajosos entre los inquilinos y el Ministerio de la Vivienda y de Fomento, a través de la Obra Sindical del Hogar y del Patronato Francisco Franco.

Estuvo casado con Zenaida María Zunzunegui, con la que tuvo dos hijos, José Antonio y Ana Isabel, y casado en segundas nupcias con Begoña González de Careaga y Fontecha.

En su carrera diplomática, fue embajador de España, Ministro Plenipotenciario de Primera Clase, miembro de número de los Institutos de Estudios Políticos y de Cooperación Iberoamericana, Secretario General de la Comisión Nacional de la UNESCO, representante español en el Consejo de Cooperación Cultural del Consejo de Europa, y Secretario General del Consejo Superior de Asuntos Exteriores, desempeñando importantes puestos diplomáticos y muchas actividades culturales nacionales a internacionales.

Desde el ámbito de la cultura, fue miembro de la sección historia de la Institución Gran Duque de Alba y académico de la Real Academia de la Historia (1959) y de la Jurisprudencia y Legislación; autor de numerosos estudios y libros de historia y divulgación histórica. En 1993 recibió el premio «Sánchez-Albornoz» por su trayectoria, resaltando que el propio José Antonio se confesaba como amigo y aprendiz de don Claudio, al que por el contrario se refería a él como de dudosa humildad y de vanidad sin medida. Además, fue Caballero de las Órdenes de Isabel la Católica, de la Legión de Honor francesa y de la Orden de Carlos III. Comendador de la Orden de Alfonso X el Sabio; de la Orden de Cisneros; de la Orden Imperial del Yugo y las Flechas; de la Corona de Bélgica, del Mérito de la República italiana, Gran Cruz del Mérito Civil y Medalla de Oro de Ávila, por destacar algunas de sus condecoraciones y distinciones nacionales y extranjeras, civiles y militares.

José Antonio Vaca de Osma falleció el 20 de agosto de 2012, en Madrid, y fue enterrado al día siguiente en el Cementerio municipal de Ávila, en el panteón familiar que mandó construir, al quedar muy ligado e influenciado por la ciudad donde fue gobernador civil, nombrado hijo adoptivo en decenas de localidades de la provincia de Ávila.

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Fuentes

https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Antonio_Vaca_de_Osma

http://www.fnff.es/Jose_Antonio_Vaca_de_Osma_y_Esteban_de_la_Reguera_Abogado_Diplomatico_e_Historiador_2299_c.htm

http://www.lecturalia.com/autor/1451/jose-antonio-vaca-de-osma

http://www.hislibris.com/patriotas-que-hicieron-espana-jose-antonio-vaca-de-osma/

http://www.diariodeavila.es/noticia/ZEA7B32A7-D5E1-08AE-7761A0BFBCBCB74C/20120902/jose/antonio/vaca/osma/10/a%C3%B1os/progreso/avila

http://www.diariodeavila.es/noticia/ZD5CF8E10-9D78-DCFA-EB0734E13A0A16D2/20120821/fallece/jose/antonio/vaca/osma/91/a

El cardenal Diego de Espinosa Arévalo

Diego de Espìnosa nació en septiembre de 1513, en el lugar de Martín Muñoz de las Posadas (Segovia), aunque por aquel entonces pertenecía al obispado de Ávila. Sus padres, de familia noble y pudiente, eran Diego González de Espinosa y Catalina de Arévalo. Estudió en la Universidad de Salamanca licenciándose en Derecho civil y canónigo. Emprendió una carrera profesional que le llevó a ser nombrado como Juez de Apelación en la Curia Arzobispal de Zaragoza, y a través del obispo de Sigüenza Fernando Niño de Guevara fue nombrado Provisor de la diócesis de Sigüenza. Por mediación de este obispo, el rey Felipe II le nombró Oidor en la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid y después Oidor en la Casa de Contratación de Sevilla. Persona válida y capaz, se ganó el favor del rey, quien le designaría como Regente en el Consejo Real de Navarra, y el 3 de mayo de 1562 pasó al Consejo Supremo y Real de Castilla, designado presidente el 10 de agosto de 1565 tras la muerte de su antecesor. Seguir leyendo “El cardenal Diego de Espinosa Arévalo”

Los salvajes Gog y Magog

«Cuando se cumplan los mil años, Satanás será soltado de su prisión y saldrá para engañar a las naciones que están sobre los cuatro puntos cardinales de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de congregarlos para la batalla. El número de ellos es como la arena del mar»

Apocalipsis 20: 7-8.

En el libro de Ezequiel, en la Biblia, aparece la referencia a Gog y Magog. El segundo como un país y el primero como su gobernante, posiblemente como un conjunto de naciones al norte de Israel y que son el preludio de una invasión catastrófica. Por el contrario, en el Apocalipsis del Nuevo Testamento se alude a Gog y Magog como naciones “sobre los cuatro puntos cardinales de la tierra”, engañadas por Satanás y que participarán en la batalla final.

Gog y Magog, además de aparecer tanto en textos bíblicos y en el Corán, han pervivido en el imaginario cristiano medieval con un papel predominante en el Apocalipsis. Cuando el cristianismo se consolidó como religión oficial del imperio romano, llevó a su identificación con el enemigo invasor: los bárbaros fuera de las fronteras del imperio.

En la portada occidental de la catedral de Ávila aparecen representados, sobre las jambas, dos salvajes realizados en granito, de gran tosquedad pero con vigor muscular, rasgos fieros y deformes, y una vestimenta de hojas de árboles, con escudos en la mano izquierda (uno circular, otro ovalado) y una maza en la mano derecha, dándoles un aire perverso, incluso maligno. La representación de éstos salvajes supone «un hecho único, insólito y extraño», según Vicente Aparicio. En cuanto a la autoría de sendos bárbaros, hay todavía quien se le atribuye a Juan Guas, el encargado de trasladar la portada de los Apóstoles a la puerta norte, pero su tosquedad hace difícil hacerlos corresponder con la obra cuidada y detallista del maestro y escultor francés. Por tanto, su autoría resulta, a día de hoy, desconocida, aunque su colocación si sabemos que sucedió a finales del siglo XV o a comienzos del XVI.

Los dos “bárbaros” recibieron el nombre de Gog y Magog por Juan Grande Martín, director del Diario de Ávila y académico de la Real Academia de la Historia en su libro “Ávila, emoción de la ciudad” (1972). Los salvajes, de aspecto fiero, según Aparicio «realizan la función de guardar, proteger y custodiar el templo, lugar sagrado», aunque si bien considera que representan, simbólicamente, «una invitación a todos sus visitantes a desprenderse de la “corteza natural”, de la bestialidad, del instinto de destrucción; a dejar las actitudes de engaño, de brusquedad, de peleas y rapiña, cambiándolas por actitudes de respeto, tolerancia y cuidado antes de traspasar el umbral del templo», consideramos que la representación tan inusual de dos salvajes en la puerta occidental vendría a relacionarse con la corriente cristiana de identificación con el enemigo (bárbaros), y con la representación del tema del Apocalipsis en dicha portada, pues si originalmente la portada de Los Apóstoles —trasladada por Juan Guas en 1475 a la portada norte— trataba el tema del Juicio Final, se mantendría, de manera simbólica y original, el tema del Apocalipsis con dos salvajes quien podían ser, efectivamente, una representación de Gog y Magog.

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FUENTES

DE LA HERAS HERNÁNDEZ, Félix. La catedral de Ávila. Ávila, Gráficas Martín, 1981. 2ª ed.

GONZÁLEZ, Nicolás; SOBRINO, Tomás. La catedral de Ávila. León, Everest S.A., 1981.

VV.AA. Catedrales de Castilla y León. Madrid, El Mundo, 2005.

http://catedralavila.es/la-catedral/puerta-occidental/

https://viajarconelarte.blogspot.com.es/2014/03/la-catedral-de-avila.html

http://www.diariodeavila.es/noticia.cfm/Local/20100425/gog/magog/custodios/templo/30C87074-CFB1-9B39-174073822C36AE3F

El primer avistamiento

Si por algo nos caracterizamos los abulenses, entre muchas cosas, es de pioneros. En muchas facetas siempre somos los primeros o, al menos, y modestamente, colaboramos discretamente a ello. Buscando en la hemeroteca, me ha llamado poderosamente la atención que uno de los primeros avistamientos ovnis de nuestro país se dio en nuestra provincia, concretamente en el lugar de Muñico, en el verano de 1938. La historia fue recogida por J.J. Benítez en su libro «La punta del iceberg», y la historia del “avistamiento” es la siguiente:

Una mañana del verano de 1938, mientras en España se desarrollaba la guerra civil, un niño de siete años, Mariano Melgar, se encontraba en el monte pastando con las vacas de unos parientes, a pocos kilómetros de Muñico, al lado de un manantial. Mientras descansaba en una sombra y controlaba desde allí a las vacas, comenzó a escuchar un zumbido ensordecedor que provenía de un aparato redondo que lanzaba destellos de color plata y que venía del cielo, destacando en el soleado día despejado.

El objeto bajó cerca de los árboles donde estaba Mariano y aterrizó en la tierra, a unos 30 metros de donde ese encontraba. El niño, asustado, se escondió tras el tronco de un árbol espiando, movido por la curiosidad, al extraño aparato que enmudeció en cuanto tocó tierra, haciéndose un silencio total.

El aparato era redondo, de color del aluminio, de unos 15 ó 20 metros de diámetro, con una pequeña cúpula en la parte superior y sostenido por 3 ó 4 patas, con luces de colores a su alrededor que se encendían y se apagaban continuamente. Una puerta de unos 2×2 metros se abrió, similar a la de un ascensor, y se extendió una rampa, que quedó a un palmo del suelo.

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De la puerta aparecieron tres “hombres”. Todos vestían igual, con una especie de escafandra o máscara, casi cuadrada, con una pequeña antena en lo alto de la cabeza. Sus trajes eran de una pieza y de color plateado, los pantalones quedaban recogidos dentro de unas botas que les llegaban a las espinillas, y unos guantes les cubrían las manos. En la cintura llevaban una especie de cinto más ancho de lo normal con una “hebilla” un tanto extraña. Mientras dos de ellos recogían algo sobre el terreno, arrodillándose incluso, otro, el de menor altura, se quedó en la puerta. Como la curiosidad mató al gato, el niño, movido por la curiosidad, salió de su escondite para acercarse al extraño aparato y a sus pasajeros. No recorrió cinco metros cuando el humanoide de la puerta lo vio y le lanzó un “destello” con algún tipo de aparato que llevaba en la mano o la muñeca derecha, impactando en él y casi lo tira de espaldas. Asustado, retrocedió de nuevo hasta su escondite, mientras los otros dos seguían a su faena, “recolectando”, hablando entre sí en un idioma que no comprendía. El destello volvió a repetirse, impactando en el niño, pero esta vez sí le hizo daño, en los ojos.

Después de 15 ó 20 minutos, los “humanoides” terminaron su tarea y despacio, caminando con dificultades, volvieron a su “nave”, no sin antes ¿despedirse? del niño haciendo una especie de saludo. Mariano, aterrorizado, pensó que querían matarlo. Pero una vez subidos al aparato, la rampa se recogió, se cerró la puerta, y ascendió 50-100 metros mientras giraba sobre sí misma junto a las muchas luces de colores, y se alejó en dirección a Barco de Ávila.

El niño, en tratar de dar una explicación “racional” a lo sucedido, lo asoció a algún aparato de la guerra civil, y cuando alcanzó la madurez reconoció que «hoy sé que aquello no tenía ninguna relación con nuestra guerra». Al volver días después al lugar donde sucedieron los hechos, observó como un círculo de hierba parecida como quemado, en el mismo sitio donde se había posado la extraña nave.

FUENTES

BENÍTEZ, J.J. La punta del iceberg. Barcelona, Planeta, 1989.

http://www.ovnispain.com/encuentro-con-humanoides-en-munico-avila-1938/

Juan Díaz Rengifo

El nombre de Juan Díaz Rengifo es un seudónimo utilizado por el jesuita Diego García Rengifo en su gran obra «Arte poética española con una fertilísima silva de consonantes comunes, propios, esdrújulos y reflejos». Diego García Rengifo fue natural de Ávila, por sus referencias en su Arte poética, cercano a los Condes de Monterrey, y perfecto conocedor de su colegio, al haber estudiado en él. Residió en Salamanca —al menos en 1592—, y conocemos que fue él el autor al conservarse el concierto de impresión de su Arte Poética, firmado por P. Diego García y el impresor Miguel Serrano de Vargas, hallado en el Archivo de Salamanca, y que confirma su autoría.

En 28 de febrero de 1592 años. Escritura de Obligación entre el padre Difego] G[arcía] y Miguel Serrano de Vargas. Sepan quantos esta pública escritura de obligación hieren como yo Miguel Serrano de Bargas, mercader de libros, vecino de esta ciudad de Salamanca, otorgo y conozco por esta presente carta que me obligo por mi persona y bienes de ymprimir e que ymprimire al padre Diego García de la Compañía de Xesús desta ciudad de Sal[aman]ca myll y seiscientos cuerpos del arte poético, el qual tengo de ymprimir en letra de letura y en su cursiba…K

Las razonas que le llevaron a utilizar seudónimo son variadas: quizá porque la iniciativa de publicar la obra vino por par de los propios miembros de la Compañía de Jesús, incluso de sus superiores, a modo de servir de libro de texto en sus colegios. O también porque para su publicación debía pasar una censura de tres especialistas, y podía verse perjudicado por acusaciones de heterodoxia ante el Santo Oficio. O por el contrario, porque su financiación no vino por parte de la Compañía de Jesús, si no de terceros, posiblemente Gaspar de Zúñiga y Acevedo, Conde de Monterrey, al que está dedicada la obra.

Su magna obra Arte poética incluye poesía, donde concede más importancia a la doctrina que al deleite, métrica y un pequeño diccionario de rimas, adelantando un tipo de poesía manierista ingeniosa y artificial, en el que se valoraba la dificultad, lo que llevó a tener cierta importancia en el Barroco. Fue un libro muy popular, con varias reimpresiones hasta mediados del siglo XVIII.

La obra de Rengifo fue tan popular por la incorporación de las silvas que permitían de manera fácil y habilidosa la construcción de rimas: algo tan sencillo como un tipo de diccionario inverso en el que importan, no la primera letra o la palabra o el significado, sino las silabas finales para localizar una rima que se acomode al ripio.

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Por su importancia y relevancia en el mundo de las letras fue considerado para incluirle en el Monumento a las Grandezas de Ávila, en el apartado de Escritores.

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Fuentes

DÍAZ RENGIFO, Juan. Arte poetica española con una fertilissima sylva de consonantes comunes, propios, esdruxulos, y reflexos, y un… (1759) 

FERRER, David. Ávila y la literatura del Barroco. Ávila, Monografías literarias, Institución Gran Duque de Alba, 2004.

PÉREZ PASCUAL, Ángel. Juan Díaz Rengifo y su Arte Poética Española.
Ávila: Institución Gran Duque de Alba, 2011

PÉREZ PASCUAL, Ángel.  El verdadero autor del arte poética española (Salamanca, 1592) de Juan Díaz Rengifo y el uso de seudónimos en los escritores jesuítas del Siglo de Oro.

https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_D%C3%ADaz_Rengifo

 

Diego Mexía Felípez Velásquez Guzmán, el valido del valido

La historia tiende a olvidar a aquellos que merecen ser recordados, ya sea por sus descubrimientos, actos, obras o hazañas, y que por diversas circunstancias han caído en el olvido, sin que apenas se les recuerde. Uno de estos personajes es Diego Mexía de Guzmán, militar y político del siglo XVII, mano derecha del conde duque de Olivarsles que, caído en desgracia, apenas se le recuerda, a pesar de su largo expediente al servicio de la Corona española.

Sin embargo, su nombre se recuerda en el Monumento a las Grandezas de Ávila, como hombre ilustre abulense. A pesar de ser descendiente de abulenses —su padre lo fue—, nada hace sospechar una vinculación con la noble villa de Ávila, salvo llevar a la espalda el honor del apellido Dávila. Quiso la suerte, el azar o la casualidad de querer verse rescatado del olvido en este insigne monumento, pese a que pocos le conozcan.

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Diego Mexía Velásquez nació alrededor de 1580, sin que se pueda confirmar ni la fecha ni el lugar de nacimiento. Hijo de Diego Velásquez Dávila Messía de Ovando, primer conde de Uceda y Marqués de Loriana, de una rama menor de los Dávila; y de Leonor de Guzmán y Rivera, de una rama segunda de los Guzmán, tía del conde duque de Olivares. Fue educado como era menester, y en 1614 ingresó en la Orden de Santiago, llegando a ser caballero de hábito Trece, una de las dignidades mayores de la orden, reservada para las notorias familias, y Comendador Mayor de León. Debido a las buenas relaciones con su familia, ascendería rápidamente, lo cual le granjería críticas durante toda su vida. Diego es descrito como “una persona afable, de notable inteligencia, una cierta habilidad para los negocios, poseía cualidades administrativas y militares y de buen gusto para el arte, siendo uno de los mecenas más destacados de aquellos tiempos”.

Diego Mexía emprendería una carrera militar donde sumaría grandes éxitos y restaría grandes fracasos, al igual que la monarquía hispánica en una España llena de luces y sombras. Comenzó su andaza militar combatiendo en Flandes desde 1600, donde ejerció como Menino de la archiduquesa Isabel, y tuvo la suerte de salvar la vida al Archiduque Alberto de Austria en la batalla de las Dunas, lo que le valió que fuese nombrado por el archiduque como gentilhombre de su cámara y desde entonces desempeñó puestos relevantes en las batallas contra los holandeses, como la campaña del Palatinado (1620) o la batalla de Juliers (1622), como capitán de caballos y Maestre de Campo junto a Ambrosio de Spínola, quien estableció una relación de padrinazgo con el joven Diego y que posteriormente se convertiría en su yerno. Cuando el Archiduque Alberto de Austria falleció volvió a Madrid gracias al apoyo de su primo el conde duque, valido del rey, convirtiéndose en hombre influyente y acaudalado.

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La Rendición de Juliers por Jusepe Leonardo

Ya en Castilla, Diego Mexía fue nombrado gentilhombre de la Cámara de Felipe IV en julio de 1624, nombrado Maestre de Campo General del ejército de Castilla al año siguiente, cooperando en el ataque inglés sobre Cádiz, y acompañaría al rey y a Olivares en su viaje a la Corona de Aragón, nombrándole «tratador» en las Cortes de Aragón de 1626. A todo ello, sumaría el título de Capitán general de la Caballería de Flandes, aunque no se encargaría nunca de ésta función; y después de la Artillería de España.

Por sus servicios, fue recompensado nombrándole miembro del consejo de Estado, y en 1627 se le otorgó el marquesado de Leganés. Fue entonces cuando cambió su nombre por el de Diego Felípez de Guzmán, al igual que Olivares, añadiendo el “Felípez” en honor al rey, para ganarse el favor del soberano y conseguir títulos y rentas.

 

En 1627 se casó con una dama de honor de la reina Isabel de Borgón, Políxena Spínola, hija de Ambrosio Spínola, con una fastuosa dote de doscientos mil ducados, y le fue encargada la titánica tarea de la aceptación de la Unión de Armas por las provincias de Flandes fieles a la monarquía de Felipe IV. Consiguió, con relativa facilidad, la aceptación del proyecto, demostrando sus buenas dotes como político y valedor de otras tareas de mayor envergadura. Fue recompensado con su nombramiento como presidente del Real y Supremo Consejo de Flandes y Borgoña, al considerarle un gran experto en los Países Bajos.

            En febrero de 1630 fue enviado, junto con el marqués de Mirabel, como ayudante del marqués de Aytona, embajador extraordinario en Bruselas ante la infanta Isabel Clara Eugenia, gobernadora de los Países Bajos, sirviendo Diego Mexía como enlace entre Olivares y la infanta. En julio fue nombrado Maestre de Campo General, compartiendo las responsabilidades militares del ejército de Flandes y en septiembre participó en la incursión que se realizó sobre Alemania desde Flandes. En 1634 llegaría a desempeñar el cargo de Gobernador de armas del ejército de Alsacia, con la misión de garantizar el paso del cardenal-infante Fernando a los Países Bajos para que tomara posesión como gobernador, y recuperar las plazas alsacianas, en poder de los protestantes.

      En 1635 fue nombrado gobernador y capitán general del Estado de Milán, teniendo que hacer frente a alianza de los duques de Parma, Mantua y Saboya, apoyados por la Francia del cardenal Richelieu. Pese a solicitar ser relevado de su cargo en Milán, debido a la muerte de su esposa y aduciendo razones de salud, Olivares se lo deniega alegando la falta de buenos hombres. Tras varias vitorias en Italia en 1639, a partir de 1640 fracasó en la toma de la fortaleza de Casale, terminando con una retirada de miles de hombres en el campo de batalla y un gran botín en manos francesas. La derrota fue tan dura que el propio Olivares se vio obligado a retirarse del gobierno de Milán en 1641.

El Marqués de Leganés llegó a la Corte de Felipe IV en septiembre de 1641, y en noviembre le pusieron al mando del ejército de Cataluña para luchar contra los insurrectos catalanes, apoyados por Francia, y pese a algunos éxitos iniciales en Tarragona, la importante derrota en la batalla de Lérida (1642) le hicieron caer en desgracia hasta ser relevado de su cargo en 1643, a la caída de sus protector Olivares.

Pese a la caída de su gran protector, su gran valía hizo que en 1645 fuese puesto al mando del ejército de Extremadura, liderando una ofensiva contra los portugueses, y después fuese nombrado virrey nominal de Cataluña, donde defendió con éxito Lérida (1646), permaneciendo en el cargo hasta 1648.

Con la muerte del heredero al trono español, el propio rey Felipe le escribe informándole del suceso y resaltando la importancia de la misión que tenía encomendada: el sitio de Fraga, realizando la retirada con gran orden y salvando gran parte de sus efectivos en Balaguer. A su vuelta a Madrid, Diego Mexía recibió el título de teniente de Campo del Rey de los ejércitos de España, un gran privilegio al alcance de muy pocos: representar la persona del rey en todo lo relacionado con la guerra, autorizándole a poder ordenar y nombrar cargos y oficios de guerra en nombre del rey.

Nuevamente, fue enviado a la frontera con Portugal, donde sufriría otro fracaso en su nuevo intento de reconquistar Olivenza en 1648. Las campañas de finales de la década de los cuarenta fueron para Leganés de suerte incierta y padeció todas las penurias de la crisis en la cual había entrado la monarquía desde 1640, dirigiendo un ejército de Extremadura cada vez menos abastecido.

En los últimos años de su vida, cambió la Presidencia del Consejo de Flandes por el Consejo de Italia, cargo de mayor prestigio social y político con el que puso fin a su actividad pública, hasta su muerte en febrero de 1655.

 

Fuentes

ARROYO MARTÍN, Francisco. El marqués de Leganés, apuntes biográficos. Espacio, tiempo y forma. Serie IV, Historia Moderna, nº 15, 2002, pgs. 145-186

https://es.wikipedia.org/wiki/Diego_Mexía_Felípez_de_Guzmán

http://ancienhistories.blogspot.com.es/2015/12/la-caballeria-de-flandes-y-sus.html

http://www.historiadeiberiavieja.com/secciones/historia-moderna/ascenso-caida-del-marques-leganes

 

 

Fantasía

Esta entrada apareció en el blog de Tribuna de Ávila el 2017-10-09 donde los miembros de la Asociación Cultural de Novelistas La Sombra del Ciprés mantenemos para escribir sobre aquello que nos gusta y nos une: la literatura.

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Tengo el honor de continuar este blog para abordar algo tan sencillo y complicado como es la literatura. Podía hablar de un millón de cosas sin decir ninguna, hablar sobre un género literario o recomendar un libro, pero hoy quiero que reflexiones sobre “ese libro” que de alguna manera te ha cambiado la vida. Por la razón que sea. Porque te ha gustado. Porque no lo ha hecho. Porque lo recuerdas con cariño. Porque cambió tu manera de pensar. Por todo. ¿Lo recuerdas?

Para mí, la literatura siempre ha sido una parte importante de mi vida. Desde niño he vivido rodeado de libros, en gran parte como lector asiduo de la biblioteca, a la que considero una segunda casa. Desde niño he ido creciendo con las colecciones de Barco de Vapor, Everest, Edelvives, Alfaguara, Manolito Gafotas, Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Asterix y Obelix… y más tarde con las colecciones juveniles de SM, descubriendo autores tan interesantes como Jordi Sierra i Fabra, Enid Blyton, R.L. Stine y tantos otros con los que me he divertido, aprendido y transportado a historias fascinantes sin ni siquiera moverme de mi habitación.

Recuerdo con cariño un libro de la biblioteca —allí sigue estando, esperando lectores— bastante gordo y que iba reservando para alguna ocasión especial, como unas vacaciones. Por alguna extraña razón, ese libro me llamaba poderosamente la atención. Además de ser de un grosor considerable, no era como los demás: el lomo dividido en dos partes, y el interior ¡era de dos colores! Acostumbrado a libros con letras negras, éste las tenía impresas a dos tintas, roja y verde ¡habrase visto! Y la portada era doble, sin contraportada. En una de ellas se podía ver una especie de talismán ovalado con dos serpientes entrelazadas. Al final, las vacaciones llegaron y me cogí ese curioso libro que ya de por si se presentaba interesante y que comencé a leer nada más salir de la biblioteca.

Y no, no era un libro cualquiera. Rápidamente me sumí en un mundo de Fantasía, donde sucedían un montón de aventuras a los protagonistas, con los que rápidamente empaticé. El protagonista principal podía ser un niño cualquiera, como yo, y toda su “odisea” comienza siguiendo lo que hoy conocemos como el “camino del héroe” —para más información, les remito a la obra de Joseph Campbell y su obra “El héroe de las mil caras”—. Y, por encima de todo, recuerdo que allí se trataba de lo que era la Nada. ¿Quién no se ha imaginado alguna vez la Nada? Mirar hacia un abismo sin ver ni saber lo que hay después… Lanzarte y desaparecer, dejar de existir. Y también, deseé tener el amuleto que aparecía en la portada — pese a que después su nombre fue profanado por un grupo prefabricado de adolescentes—, y que tenía grabado el lema «Haz lo que quieras». ¿Lo que quiera? No. De ahí aprendí que su significado no era ése, si no seguir sus deseos hasta que lo lleven a su verdadera voluntad, superando dificultades interminables que se interponen en toda búsqueda, para tener, como no debiera ser de otra manera, un final… ¿feliz? No, adecuado.

Con este libro no solo descubrí un mundo nuevo, también, que la fantasía puede ser mucho más interesante que la realidad y, sobre todo, porque marcó un antes y un después: comencé a leerlo siendo un niño y dejé de serlo al acabarlo. Todo puede marcar un cambio en la persona y lo mágico de la literatura es abrir tu imaginación haciéndonos soñar despiertos.

Seguro que todos, aunque no nos hayamos parado a pensarlo, tenemos un libro que nos ha marcado, al que recordamos con cariño y al que volveríamos a leer mil y una veces. Para acabar, seguro que os estáis preguntando, ¿cuál es el libro del que os estoy hablando? No importa. O sí.

Pero ésa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

El Palacio de los Velada

Este palacio, situado junto y frente al de Valderrábanos, constituye un auténtico conjunto monumental convertido en la actualidad en el Hotel Palacio de los Velada. Su fábrica, de mampostería de granito, es muy heterogénea pudiendo datarse hacia finales del siglo XV o principios del XVI.

En el ángulo sureste del conjunto destaca notablemente sobre el resto su esbelto torreón, antaño almenado, decorado con bellos escudos esquinados sostenidos por cabezas de leones cuyos símbolos heráldicos corresponden a los Dávila, Toledo, Guzmán, infante don Manuel, Sánchez, Saavedra, Mendoza, Luna y Castilla y León. De cierto valor artístico son las rejas de forja que protegen las ventanas.

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En el seiscientos el acceso a este palacio se hacía por la calle del Tostado, cuya portada de estilo renancentista —siglo XVI—, consta de una puerta de arco de medio punto construida, al estilo de otras de su época de la ciudad, con grandes dovelas de granito, y sobre ésta una ventana de arco conopial. Todo el conjunto está enmarcado por un alfiz o arrabá con dos escudos en sus ángulos pertenecientes: El del lado izquierdo, con las armas de Blasco Jimeno en el primer y cuarto cuartel y las de los Toledo, en el segundo y cuarto, a don Gómez Dávila, primer Marqués de Velada; y el del lado derecho, con las armas de Castilla en el primer y cuarto cuartel, las del infante don Manuel, en el segundo y las de León en el tercero, a doña Teresa Carrillo, descendiente de los Reyes de Castilla y León, don Fernando I y doña Sancha.

En el interior, convertido en hotel, destaca su hermoso patio de tres galerías del que solo se conserva original la parte norte y multitud de blasones de las familias Dávila, Águila, Guzmán, Castilla y León, Saavedra, Luna, Mendoza, de la Vega, etc.

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Historia

Parte de las casa que hoy integran este palacio fueron vendidas por Loarte – su propietario en el año 1475— a Fernán Núñez Arnalte, tesorero de los Reyes Católicos y primer mecenas del Real Monasterio de Santo Tomás. Arnalte, casado con doña María Dávila, falleció sin descedencia en 1479, y la propiedad pasó a su mujer.

Doña María Dávila se casó, en segundas nupcias, con don Fernando de Acuña, Virrey de Sicilia, de quien tampoco tuvo sucesión. Al morir sin hijos, legó todos sus bienes, incluido este palacio, a la comunidad de franciscanas clarisas que ella fundó en Ávila, conocidas como “las Gordillas” estableciendo, en esta casa, una obra pía que dirigió personalmente hasta su muerte acaecida en el año 1515, entre cuyos fines se encontraba el de repartir 200 fanegas de trigo entre los pobres vergonzantes de Ávila.

Unos años después, las clarisas vendieron la casa, en estado ruinoso, a doña Teresa Carrillo, sobrina del Obispo de Ávila, comprando ésta al Cabildo más otra más, a cambio de una heredad que poseía en Hernán Sancho. Teresa Carrillo se casó don Gómez Dávila, señor de Velada y la Colilla, siendo nombrado en el año 1557, por Felipe II, Marqués de Velada, y su familia nombrada, desde antiguo, Mayordomos del Rey.

Desde entonces este palacio se le conoce como Palacio de Velada, y en tiempos de Gómez Dávila y Teresa Carillo, se alojó en él –de mayo a octubre del año 1531– la emperatriz Isabel de Portugal –mujer de Carlos I– y sus hijos los príncipes, María y Felipe II, quien sería vestido de corto –de mayor– en el Monasterio de Santa Ana de nuestra capital. Tres años más tarde –junio de 1534– el mismo Carlos I se hospedaría aquí durante su visita a la Ciudad, convirtiéndose la ciudad en Corte del reino.

La línea sucesoria de don Gómez Dávila, primer Marqués de Velada, viene de los señores de Cardiel y Navamorcuende, estirpe de quien fue cabeza Blasco Jimeno “El Retador” y del cuarto nieto de éste, también llamado Blasco Jimeno, a quien se atribuye la fundación de la famosa cuadrilla de San Juan, la del blasón de los seis roeles.

En estos años el Palacio de los Velada tuvo una vida social muy animada adquiriendo fama, sobre todo, los partidos de pelota a mano que se celebraban en la cancha que los marqueses construyeron siendo tal su notoriedad, que a la actual calle del Tostado se la conoció como “del juego de pelota”. Asiduos participantes a los partidos eran los curas de la catedral, a quienes el Presidente del Cabildo tuvo que llamar varias veces la atención por “jugar a la pelota en calzas”.

Don Gómez Dávila – primer Marqués de Velada – falleció en el año 1561 y doña Teresa Carillo al año siguiente, siendo ambos enterrados en la Capilla de San Antolín de la catedral, situada en el brazo norte del crucero.

El palacio, que fue pasando a los herederos de los Marqueses de Velada, quedó finalmente, como tantos otros, en estado ruinoso y de total abandono. Fue vendido a finales del siglo XIX por los Condes de Altamira, a don Enrique Aboín Coronel, distinguido gentil hombre de una de las familias más distinguidas de la ciudad de Ávila.

Finalmente, en el año 1995, tras realizarse en el edificio importantes reformas, fue destinado a la hostelería convertirse en un lujoso Hotel, Palacio de los Velada.

El «Milagro» por 12.000 pesetas

Cada 26 de septiembre se celebra la festividad de los santos Cosme y Damián. Según la tradición, fueron dos hermanos gemelos nacidos en el siglo III d.C. en Arabia, educados en el cristianismo y dedicados al ejercicio de la medicina entre los más pobres, inspirados por el Espíritu Santo y  se les atribuyen muchos milagros, lo que les llevó a ser martirizados —torturados, quemados y finalmente decapitados— por orden del emperador Diocleciano. Su devoción se extendió rápidamente y se los considera patronos de los médicos.

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Tabla «El Milagro de San Cosme y San Damián» de Juan Correa de Vivar

La obra que contemplamos es una pintura al óleo atribuida al pintor toledano Juan Correa de Vivar. Representa el milagro del transplante de una pierna al diácono Justiniano, inspirado en el tema representado de La Leyenda Dorada de Santiago de la Vorágine. San Damián sostiene el muslo del enfermo y su hermano San Cosme bendice la pierna —de raza negra— que van a transplantar. El autor posiblemente se inspiró en otros autores como Isidro Villoldo —un conocido por tierras abulenses— en un relieve fechado hacia 1547 y conservado en el Museo Nacional de Escultura; y en el maestro de los Balbases con una tabla de finales del siglo XV de la iglesia de San Cosme y San Damián de Burgos.

Dicho cuadro, la tabla del Milagro de los Santos Cosme y Damián, se expone como pieza principal en la antigua capilla del hoy Museo de Navarra. Pero su procedencia, cuanto menos curiosa, está bastante alejada de las tierras navarras, al igual que las vueltas que pegó hasta acabar en su ubicación actual.

La tabla de Juan Correa de Vivar fue expoliada de la iglesia parroquial de Muñoyerro, Ávila, a mediados de los años 60 del siglo pasado. Fue comprada por un buhonero, proveedor de Salvador Saura, anticuario aragonés, por 12.000 pesetas. Primero ofreció al cura de Muñoyerro 3000, luego subió a 6000 para al final ofrecerle las 12.000 por las que finalmente se cerró el trato. El anticuario aragonés ofreció esta tabla y otra de Juan Correa de Vivar, la Anunciación, explicada en el Monasterio de Santa María la Mayor de Calatayud al Museo de Navarra, pero la tabla de la Anunciación fue requisada por la Policía al tramitarse la denuncia del expolio. No corrió igual fortuna la tabla del Milagro de San Cosme y Damián, pues pasados los trámites administrativos y no ser formulada ninguna denuncia, fue adquirida por el Museo de Navarra por 250.000 pesetas. Desde entonces, la tabla permanece en el museo sin que quede constancia de su procedencia en la iglesia parroquial de Muñoyerro, en Avila.

Fuentes

La historia del expolio me ha llegado a través de Pepe Úbeda, quien conoce de primera mano la historia.

https://jralonso.es/2013/02/28/los-milagros-de-san-cosme-san-damian-y-pedro-cavadas/

http://www.zonahospitalaria.com/trasplante-de-una-pierna-realizado-por-los-santos-cosme-y-damian/

http://www.unav.edu/web/vida-universitaria/detalle-opinion2/2017/06/02/los-trabajos-y-los-dias-en-el-arte-navarro-(5)-la-imagen-del-medico?articleId=14292249

http://www.portaluz.org/cosme-y-damian-los-gemelos-predilectos-del-espiritu-santo-2265.htm

https://www.museodelprado.es/aprende/enciclopedia/voz/correa-de-vivar-juan/1e8ab4bc-2da1-4d81-8546-4db270d1b422